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La cocina como arte visual entra en el Thyssen

El museo invita a 25 chefs a crear platos inspirados en sus pinturas. El resultado es un libro de recetas para comer obras maestras

Algunos de los cocineros que participan en el recetario del Thyssen. Desde la izquierda, arriba, Ricardo Sanz, Gonzalo García, Toño Pérez, Oriol Balaguer, Paco Torreblanca y Diego Guerrero. Abajo, Samy Alí, Jesús Sánchez, Andrea Dopico y Paco Morales, ante 'Verde sobre morado', de Rothko.
Algunos de los cocineros que participan en el recetario del Thyssen. Desde la izquierda, arriba, Ricardo Sanz, Gonzalo García, Toño Pérez, Oriol Balaguer, Paco Torreblanca y Diego Guerrero. Abajo, Samy Alí, Jesús Sánchez, Andrea Dopico y Paco Morales, ante 'Verde sobre morado', de Rothko.

Quique Dacosta, Toño Pérez, Juan Mari y Elena Arzak, Ricardo Sanz, Diego Guerrero o Jesús Sánchez son algunos de los 25 cocineros españoles que han deambulado ante las más de 900 obras que atesora el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza para encontrar una pintura que contenga algo, “una llamada”, “una especial sintonía”, “un sentimiento”, susceptible de inspirar una nueva receta. El resultado no es comestible, pero casi, y tiene forma de libro: El Thyssen en el plato. La colección interpretada por 25 grandes chefs. El primer recetario que edita el museo madrileño “permite ver la colección de otra manera”, apuntó el pasado lunes Guillermo Solana, director artístico del museo.

“Para crear una receta inspirada en una pintura teníamos dos posibilidades: dibujar el cuadro en un plato, de forma mimética, u optar por las metáforas. Algunos hemos elegido esta segunda opción y, en mi caso, reflejo la tristeza de Arlequín con espejo, de Picasso, en una sopa de cocido que es casi transparente, dorada, con aroma de morcilla. La sopa se sirve en un plato roto, recompuesto con miga de pan gracias a la ayuda del escultor José Luis Vicario”, explicó Jesús Sánchez, del Cenador de Amós, en Villaverde de Pontones (Cantabria). Un plato, asegura Sánchez, que reconfortará la dura vida de los cómicos de las compañías ambulantes que retrató Picasso.

Un plato de Lucía Freitas frente al 'Lirio Blanco', el cuadro de Georgia O´Keeffe en el que se basa. ampliar foto
Un plato de Lucía Freitas frente al 'Lirio Blanco', el cuadro de Georgia O´Keeffe en el que se basa.

“Lo más divertido es que puedes soñar con un cuadro que jamás podrás tener colgado en tu casa; pero sí en el plato. Yo elegí Marrón y plata I, de Pollock, y empecé a hacer dripping como él, pero le he metido el rojo y me ha quedado un Sacha Pollock estupendo”, bromea el cocinero, fotógrafo y escritor Sacha Hormaechea, propietario de un restaurante con su nombre en Madrid y que ha creado un postre que, como la obra de Pollock, “te permite ser un adolescente contra todo”.

Diego Guerrero, propietario de DSTAgE en Madrid, ha elegido El panadero (1909), de Mijáil Lariónov, una pintura vanguardista de colores distorsionados y brillantes que le ha inspirado su Koji de pan viejo. “Cuando me propusieron participar en este proyecto me planteé la pregunta: ¿Es la gastronomía un arte o no? Yo encuentro que hay cierta similitud entre ambas porque los cocineros somos artesanos y, a veces, nos creemos artistas. En cualquier caso lo importante en ambas profesiones es transmitir emociones”, afirmó Guerrero.

A la izquierda, 'Árbol seco', creación de Andrea Dopico y 'La Virgen del árbol seco' (1465), obra de Petrus Christus que inspira el plato.
A la izquierda, 'Árbol seco', creación de Andrea Dopico y 'La Virgen del árbol seco' (1465), obra de Petrus Christus que inspira el plato.

“A los tratados de pintura antigua a veces se los ha comparado con recetarios de cocina. El Thyssen en el plato es mucho más que un recetario que planteará desafíos a los amantes de la cocina; es una forma de crear sinestesias que refuercen las conexiones entre el disfrute de los sentidos y nuestra cultura”, añadió Solana durante la presentación de la obra el pasado lunes a la que asistieron muchos de los cocineros.

“Algunos crean réplicas muy literales del cuadro en el plato; Carme Ruscalleda recomienda incluso un plato rectangular ‘para recrear con más detalle’ un moholy-nagy. A veces la afinidad se concentra en un detalle en trampantojo, como la piel de tigre de un cuadro de Dalí [Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar (1944)] simulada con tinta de calamar sobre láminas de boniato fritas por Roberto Martínez Foronda. [...] Pero la conexión entre cuadro y plato no tiene por qué ser el color ni la forma. La mejor traducción de un paisaje boscoso puede ser un plato de setas, según demuestran en sus respectivas creaciones Víctor Arguinzoniz y Paco Morales”, escribe Solana en el prólogo de la obra.

Degas, el movimiento y los rodaballos

Degas estaba obsesionado con “capturar el movimiento en sí mismo” y fue de los primeros artistas que partió de fotografías para realizar sus pinturas, eso es precisamente lo que llamó la atención del chef Ricardo Sanz, quien desde Kabuki en Madrid abrió la puerta a la cocina japonesa a España, para elegir Caballos de carreras en un paisaje (1894). Sanz ha captado un momento de vida marina con Mini rodaballos fritos, “una naturaleza viva en la que los mini rodaballos nadan tranquilos momentos antes de que se los coma otro pez o un humano sobre una cama de algas”, comenta el cocinero, quien especifica en su receta que deben escogerse peces de 10 gramos de acuicultura —cuando la espina aún no está dura y pueden comerse enteros— y freírse rebozados en harina de arroz.

“Es una forma de recordar el chanquete frito, cuya captura ya no es legal desde hace muchos años”, apunta.

El proyecto ha propiciado encuentros como el de Quique Dacosta con Quappi con suéter rosa, de Beckmann, una de las obras más conocidas del museo, o la feliz coincidencia entre la obra de Paul Klee Omega 5 seleccionado por Ángel León, el chef del mar. También los de Andoni Luis Aduriz con Lucio Fontana, el de los Arzak con Mondrian, el de Berasategui con un paisaje de Jacob Philipp Hackert, el de Toño Pérez con un delicado retrato de Ghirlandaio o el de Manuel Urbano con Verde sobre morado, de Rothko.

En la obra, coordinada por Ana Cela, directora de la tienda del Thyssen, aparece el cuadro seleccionado por cada cocinero junto a un pequeño texto en el que justifica esa elección, la receta y una fotografía del plato. Un libro que se convierte así en “un camino para trasladar las emociones a sabores”, como apunta Cela; quien asegura que no ha habido problemas a la hora de elegir las pinturas. “Tan solo un cocinero quería trabajar sobre un artista que ya se había incluido, no era el mismo cuadro, pero no queríamos repetir autores; así que pudimos convencerle para que cambiara”, confirma la coordinadora.

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