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Necios

Alguien tendría que explicar a estos sujetos que las personas abusadas no hablan cuando quieren sino cuando pueden

Sacerdotes con cálices durante una misa.
Sacerdotes con cálices durante una misa.

Los curas tienen su propia Liga de la Justicia, y así logran que sus colegas pedófilos obtengan, como condena, graciosos retiros espirituales. Hay motivos para creer que los fallos de la tal Liga, además, se basan en la ignorancia. Este diario publicó conversaciones que el obispo de Salamanca, Carlos López, sostuvo en 2013 con Javier Paz, que denunció al cura Isidro López por haber abusado de él entre sus 12 y sus 20 años. En ellas, el obispo le reprocha a Paz: “¿Por qué no lo han denunciado a su debido tiempo? Ahora la Iglesia es culpable de haberlo ocultado (...) ¿las víctimas por qué se han callado?”. El 5 de noviembre, el consejo presbiteral de Salamanca divulgó un comunicado en el que pedía perdón por los abusos. Pero, apenas después, insistía en hacer una defensa corporativa y volvía a endilgar responsabilidad a las víctimas: “El obispo don Carlos (...) ha actuado con absoluta corrección (...), con honestidad e integridad”; “pedimos a todas las víctimas que denuncien abierta y claramente los hechos, que aporten las pruebas correspondientes ante el juzgado (civil o eclesiástico)”. Alguien tendría que explicarles a estos sujetos que las personas abusadas no hablan cuando quieren sino cuando pueden, entre otras cosas debido a la certeza que tienen de que nadie va a creerles, certeza que comunicados como este ratifican al exigir que presenten pruebas y hagan denuncias claras (sugiriendo que lo ya denunciado carece de las mismas y es oscuro), y al calificar la actuación de “don Carlos” como honesta e íntegra cuando se sabe que “don Carlos” ignoró durante décadas denuncias contra el cura Isidro López por no considerarlas “verosímiles” debido a “la buena fama” del acusado. Los ciudadanos deberíamos escribir un Manual del abuso para dummies, e inundar con él iglesias y conventos. Podría llevar, a modo de epígrafe, el verso famoso: hombres necios que acusáis.

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