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El rap de las ‘reformas estructurales’

El Fondo Monetario Internacional y la OCDE tienden a confundir 'reforma' con 'recorte'

Christine Lagarde, directora gerente del FMI
Christine Lagarde, directora gerente del FMI REUTERS

No es descartable que algún día los organismos internacionales que iluminan con sus análisis la confusa situación de la economía española desciendan de su cumbre y expliquen a la ciudadanía sedienta de saber lo que hay que entender por reformas estructurales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la OCDE repiten a coro la melopea, a modo de rap, de la urgencia o conveniencia, según vaya el informe, de iniciar o mantener las reformas estructurales seguido para, también según los casos, consolidar el crecimiento económico o elevar la productividad de la economía. El último informe del Fondo sobre España contiene una frase memorable: “Las difíciles reformas estructurales que España acometió en respuesta a la crisis financiera global continúan dando sus frutos”. Sí, fueron difíciles, pero ¿para quién? En cuanto a los frutos, ahí están, en forma de precariedad, salarios menguantes y resistencias orgánicas a subir el salario mínimo.

Mientras la OCDE y el FMI no nos aclaren qué es una reforma estructural, podrían avanzarse algunas hipótesis, por si sirven de aclaración. Reforma estructural sería una Reforma Tributaria integral, orientada a elevar la recaudación del Estado, que subiera la progresividad de los impuestos directos y acabara con las deducciones muertas en Sociedades; o una Reforma de los Mercados (comunicación, energía), encaminada a reducir los costes y los precios, que rompiera las situaciones de dominio de una, dos o tres corporaciones en cada mercado; o una reforma total de la legislación sobre Vivienda.

Sospechan los autores más preclaros que no es esto lo que el FMI y la OCDE entienden por reformas estructurales. Más bien tienden a confundir reforma con recorte. Su paradigma de reforma estructural sería la Reforma Laboral del primer Gobierno de Rajoy, que ni fue reforma (más bien retroceso de rentas y calidad de contratación) ni afectó a otras estructuras que a las economías domésticas de los asalariados.

Ilústrennos sobre qué es una reforma estructural; dígannos, si es posible, cuánto cuestan y quién las va a pagar. Y que nos aclaren también por qué la receta eterna es ajustar el déficit y la deuda, en tiempos de “bonanza”, para no incurrir en políticas procíclicas y en tiempos de recesión porque hay que apretarse el cinturón. Por fas o por nefas, la píldora siempre es la misma.

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