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Un estímulo para volver a andar

La estimulación eléctrica organizada permite recuperar el movimiento de las piernas a tres pacientes parapléjicos

David Mzee, uno de los tres parapléjicos tratados.
David Mzee, uno de los tres parapléjicos tratados.

Las tres personas con lesión medular que han recuperado parte del movimiento de sus piernas y (en dos casos) volver a andar en condiciones controladas constituyen la noticia científica de más impacto que hemos conocido esta semana. Léela en Materia. Los expertos coinciden en que se trata de un avance muy estimulante, pero también en que, de momento, solo supone una prueba de principio. Los tres participantes en el estudio no tenían una resección completa de la médula espinal, sino solo parcial, y poseían un movimiento residual de las piernas. Esto plantea dudas sobre a cuántas personas puede ayudar esta técnica. Algunas estimaciones hablan de cientos de miles de personas en el mundo. Pero solo si tienen función motora residual, lo que no es tan común.

La técnica difiere de otras estrategias basadas en electrodos implantados en el cerebro y exoesqueletos controlados por esas señales. Consiste en una estimulación eléctrica epidural (en la zona lumbosacra, por debajo de los riñones), pero con estimulación organizada temporalmente para no interferir con las señales residuales que viajan de las piernas al cerebro. La estimulación está debajo de la lesión medular, y lo que hace es amplificar las señales residuales que llegan allí del cerebro.

Los científicos empezaron por investigar las áreas precisas de la médula que se ocupan de mover la cadera, extender el tobillo y demás movimientos implicados en andar. Luego programaron una secuencia de pulsos eléctricos en el tiempo y posición para codificar ese movimiento. Pero la estimulación eléctrica no genera el movimiento por sí misma. Necesita las órdenes voluntarias del paciente. Es una amplificación basada en la llamada ley de Hebb: neuronas que disparan juntas, se acaban conectando juntas.

En solo dos días los pacientes experimentaron una sensación de movimiento bastante natural; en una semana, podían andar con ayuda de una grúa que sujetaba parte de su peso. Tras seis meses de ejercicios y estimulación eléctrica, siguieron mejorando hasta, finalmente, poder apagar el estimulador. Dos pacientes ya andan con muletas, el tercero solo puede mover las piernas estando tumbado.

Una prueba de principio que abre esperanzas, pero que los propios autores del trabajo nos aconsejan tomar con precaución. Estos dispositivos no se van a generalizar de manera inmediata. Solo los estudios de seguridad llevarán más de tres años, y la técnica es compleja, aparatosa y cara. Hace falta avanzar mucho más, pero ahora sabemos que la estrategia funciona en algunos pacientes, y este es el mejor estímulo para seguir adelante.

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