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Una historia de éxito y otra de fracaso contra la tuberculosis

Los nuevos tratamientos son mucho más eficaces y cortos para las variedades más agresivas de la enfermedad, pero el precio sigue siendo elevado

Esta es Belvine, de Benín, que espera con su madre la visita a la enfermera para su chequeo mensual de su tratamiento preventivo de tuberculosis.
Esta es Belvine, de Benín, que espera con su madre la visita a la enfermera para su chequeo mensual de su tratamiento preventivo de tuberculosis.

El tratamiento de la tuberculosis tiene varios enemigos. El primero, que incluso en los casos más sencillos dura mucho (de tres a seis meses). El segundo, la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos más usados. Ello llevó a tratamientos cada vez más largos con más efectos adversos y de menor eficacia (dos años con vómitos, malestar sordera para curaciones de menos del 50%). Pero la entrada de nuevos productos ha cambiado esta perspectiva.

Lo ha resumido con un ejemplo Aimgul Duishekeeva, representante de la ONG holandesa KNCV, en una sesión de la conferencia que la Unión para la Tuberculosis y la Enfermedad Pulmonar está celebrando en La Haya, a la que ha invitado a EL PAÍS. Se trata de Maxim, un niño de dos años de Kirguizistán que fue diagnosticado de una tuberculosis multirresistente. “Lo que le esperaba eran 24 meses de sufrimiento, con un tratamiento que empieza con ocho meses de pastillas y la ingesta de 15 píldoras diarias durante dos años con una probabilidad de curarse de menos del 50%”, ha contado. Pero la nueva medicación, la bedaquilina, permitió que se curarse en menos de 12 meses.

Hasta aquí la historia de éxito de lo que es, hasta el momento, la última esperanza contra la tuberculosis resistente, como la califica Duishikeeva ante un problema que va en aumento: ya son el 8% de los diagnósticos en el mundo, explica el neurólogo español Pepe Caminero, pero en Europa, precisamente porque ha habido más acceso a los medicamentos (y se ha dado mal) pueden llegar al 30%.

La tuberculosis resistente es un problema que va en aumento: ya son el 8% de los diagnósticos en el mundo, y pueden llegar al 30%

El problema es su precio. Caminero afirma que el laboratorio fabricante, Johnson & Johnson, tiene establecidas tres gamas de precios: unos 24.000 euros para países ricos, como España; unos 3.000 para los intermedios, y alrededor de los 600 para los de menos ingresos.

Precisamente, Médicos sin Fronteras organizó el miércoles durante la inauguración de la conferencia una protesta reclamando que el pecio baje a menos de un dólar por día ya que considera este último importe inasequible para los países más pobres, como dijo Sharonann Lynch.

La protesta llevó al laboratorio a indicar que ya había bajado el precio para estos casos a 400 dólares, en palabras de Adrian Thomas, vicepresidente de Acceso de la compañía que indicó que el precio está al nivel de los genéricos de los medicamentos considerados de primera línea, como la linezolida, con la diferencia de que ellos tienen que asumir los costes de investigación de un producto nuevo y los fabricantes del genérico, no.

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