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Un estudio asocia las olas de calor a los asesinatos machistas en España

Las temperaturas extremas aumentan el riesgo de feminicidio un 40%, según investigadores españoles

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, junto a otros concejales, en una protesta contra la violencia machista el 9 de julio.

Sin negar que las raíces de la violencia de pareja contra la mujer "están claramente vinculadas con las desigualdades de género y el sistema patriarcal", un equipo de investigadores españoles ha observado que "tres días después de que se produzca una ola de calor en Madrid el riesgo de feminicidio aumenta un 40%". El trabajo está firmado por expertas en violencia de género, por especialistas en epidemiología y por psicólogos de Policía y Guardia Civil.

El estudio ha analizado los meses de mayo a septiembre en el periodo 2008-2016 en la Comunidad de Madrid. En ese tiempo se registraron 23 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, 38.000 denuncias policiales por violencia de género y 61.000 llamadas al teléfono 016 de atención a víctimas de malos tratos. La investigación, publicada en la revista científica Science of the Total Environment, afirma que “por cada grado en que la temperatura máxima diaria supera el umbral de 34 grados los feminicidios dentro de la pareja aumentan un 28,8% respecto a la media”.

“Lo que mata no es el calor, es el machismo. Hay que poner el foco en el asesino, pero vemos que con la temperatura se incrementa la violencia”, señala la epidemióloga Belén Sanz

“Hemos encontrado una asociación entre las temperaturas máximas y los feminicidios que es lo suficientemente significativa como para tenerla en cuenta en los protocolos de alerta y protección cuando haya olas de calor”, explica la socióloga Carmen Vives, coautora del estudio y presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología. Las olas de calor aumentarían ese riesgo al “disparar el estrés y la irritabilidad dentro de una pareja en la que ya existe un conflicto”, explica Vives, que insiste en que el culpable final es “el machismo y el patriarcado”.

La investigación forma parte de un creciente movimiento científico para identificar los factores que incrementan el riesgo que tiene una mujer de sufrir violencia de género o de ser asesinada por su pareja. En un estudio publicado en 2016 sobre el perfil sociodemográfico del feminicidio en España, el equipo de Vives destacaba que “en relación con los factores de riesgo individuales, se ha observado que el riesgo de feminicidio se asocia con ser inmigrante, pertenecer a una minoría étnica, tener una pareja o expareja desempleada y el consumo de alcohol o drogas por uno o ambos miembros de la pareja”.

El trabajo constataba que el 40% de las mujeres asesinadas en España eran inmigrantes, procedentes sobre todo de Ecuador, Marruecos y Bolivia. Más allá de posibles efectos culturales, Vives recuerda que “ser inmigrante y no contar con el apoyo de tu familia o una red social es una barrera cuando te encuentras con una situación de violencia y quieres salir de ella”. Las mujeres inmigrantes expuestas a la violencia de pareja “tienen un riesgo cinco veces mayor de ser asesinadas que las mujeres españolas”, subraya Vives. Sus estudios también han mostrado que las mujeres expuestas a la violencia de pareja en entornos rurales tienen el triple de riesgo de ser asesinadas que las que viven en núcleos urbanos.

Las mujeres inmigrantes y las que viven en entornos rurales tienen mayor riesgo de ser asesinadas que las que viven en núcleos urbanos

El nuevo estudio sugiere una catarata de efectos tras alcanzarse los 34 grados, el umbral de ola de calor en Madrid. Un día después, las denuncias policiales aumentan un 1,7% por cada grado extra de temperatura. Tres días después, el riesgo de feminicidio crece un 40%. Y, cinco días después, las llamadas al 016 se incrementan un 1,43% por cada grado. “Lo que mata no es el calor, es el machismo. Hay que poner el foco en el asesino, pero vemos que con la temperatura se incrementa la violencia”, señala la epidemióloga Belén Sanz, del Instituto de Salud Carlos III, en Madrid. Los primeros estudios que vincularon el calor y la violencia machista se publicaron en EEUU en 1986.

“Es posible que la exposición a una temperatura anormalmente alta sea un estresor que facilite el inicio de este tipo de dinámica en la pareja (ira, estrés, discusiones…), alcanzando su punto más alto, el asesinato, tres días después del inicio, tal y como muestran nuestros resultados”, sostienen los autores, que incluyen al teniente coronel de la Guardia Civil José Luis González y al facultativo de la Policía Nacional Juan José López Ossorio, ambos psicólogos y coordinadores del Equipo Nacional de Revisión Pormenorizada de Homicidios en el contexto de la Violencia de Género de España, dirigido por el Ministerio del Interior.

Este grupo, en funcionamiento desde 2015, revisa exhaustivamente uno a uno los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas en España, con el objetivo de diseñar campañas de prevención específicas para las zonas y colectivos detectados de alto riesgo. “En España, como en el resto del mundo, el homicidio perpetrado por la pareja o expareja sentimental es la principal causa de muerte violenta en el caso de las mujeres. Aunque es un fenómeno con bajas tasas de prevalencia, despierta una gran alarma social pero, paradójicamente, son escasos los estudios sistematizados realizados en nuestro país para conocer mejor la naturaleza de esta forma de criminalidad, los patrones, tendencias y elementos clave que permitan elaborar estrategias de intervención encaminadas a reducir e incluso erradicar el fenómeno”, lamentaban González y López Ossorio en el Anuario de Psicología Jurídica de 2018.

Las denuncias policiales por violencia de género se incrementan los domingos y las vacaciones de Navidad

Los dos psicólogos de Policía y Guardia Civil acaban de publicar otro estudio sobre la “taxonomía de los homicidios de mujeres en las relaciones de pareja”. En él recuerdan que España es uno de los países del mundo con las tasas más bajas de este tipo de crímenes, con 2,4 asesinatos por cada millón de mujeres, frente a 3,2 en Suiza; 4,1 en Alemania; 5,4 en Finlandia y 9,4 en Lituania. Los investigadores citan los recientes trabajos en Australia de la criminóloga Holly Johnson, que concluyen que “en general los agresores muestran bajo nivel de estudios, toxicomanías, abusos físicos/sexuales en la infancia, dificultades económicas, presencia de hijastros en la relación, problemas de salud mental sin diagnosticar, separación no deseada, vivencia de maltrato en el hogar por parte del padre hacia la madre, celos sexuales, acoso y antecedentes criminales violentos”. En Noruega, la psicóloga Solveig Vatnar ha estudiado 177 homicidios de pareja y también ha hallado una mayor asociación con un nivel socioeconómico bajo. En España, las primeras conclusiones del equipo dirigido desde el Ministerio del Interior se conocerán en octubre o noviembre.

Además de investigar posibles indicadores ambientales como la temperatura, los mismos autores españoles estudian factores temporales. Y han detectado que las llamadas al teléfono 016 en la Comunidad de Madrid aumentan los lunes, cuando muchas mujeres se libran de la presencia de su agresor. Las denuncias policiales, en cambio, se incrementan los domingos y durante las vacaciones de Navidad, tras episodios de violencia inusual, según acaban de publicar en la revista especializada Annals of Epidemiology. Conocer estos factores de riesgo permite mejorar los protocolos de atención a las víctimas.

“Yo tengo muy claro que existen variables que hacen mayor o menor la probabilidad de sufrir violencia de género o de ser agresor. Las mujeres inmigrantes o con menor nivel socioeconómico tienen mayor riesgo. Mientras no se admita, no se harán programas específicos de prevención para ellas”, reflexiona la epidemióloga Belén Sanz.

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