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Antoni Ribas I Médico

“Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer”

El investigador busca nuevas combinaciones para mejorar la efectividad de los medicamentos oncológicos

Antoni Ribas, antes de la entrevista
Antoni Ribas, antes de la entrevista

En 2001, Antoni Ribas comenzó a probar un nuevo fármaco experimental en sus pacientes de melanoma, el tipo de cáncer de piel más letal. Una vez las células malignas se han extendido a otros órganos es muy difícil de combatir. Ribas (Barcelona, 1966) declara orgulloso que su padre, abuelo y bisabuelo eran médicos y que él se metió en esta disciplina porque le interesa “la ciencia que hay detrás de cada caso de cáncer”.

Aquel nuevo fármaco funcionó solo en un 10% de pacientes, pero fue el primer paso hacia la inmunoterapia. En la actualidad, la segunda generación de estos fármacos ya están aprobados para tratar diferentes tipos de tumores y el porcentaje de éxito en melanoma es del 40%. Ribas explica que esta nueva generación de fármacos funciona por ahora solo en los pacientes cuyo sistema inmune ya había aprendido a identificar el tumor, pero no podía combatirlo porque "tenía echado el freno". Los nuevos fármacos de inmunoterapia eliminan esos frenos moleculares y desencadenan una respuesta completa.

“Hay pacientes que están curados”, explica Ribas, jefe de inmunología tumoral del Centro de Cáncer Jonsson de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU). “Los pacientes que respondieron tenían cánceres esparcidos por el cuerpo y ahora llevan años sin ningún tumor. Es porque el sistema inmune tiene memoria, se acuerda. Nos vacunamos de niños y aunque tengas 80 años tu cuerpo aún recuerda que te vacunaron de paperas. Es increíble. Si conseguimos lo mismo para el cáncer podemos lograr respuestas aún más duraderas”, explica Ribas, que ha visitado Madrid para participar en un simposio organizado por la Fundación para la Excelencia y la Calidad en Oncología. Este investigador, que trabaja en EE UU desde 1996, intenta entender por qué la inmunoterapia no funciona en otros pacientes y busca nuevas formas de activar su sistema inmune contra el cáncer. Probablemente el próximo gran paso en esta línea de investigación será gracias a la combinación de tratamientos conocidos con otros nuevos, explica en esta entrevista.

Pregunta. ¿Cómo se puede aumentar la tasa de éxito de la inmunoterapia?

Respuesta. Una de las cosas que estamos intentando es inyectar en una metástasis un virus alterado genéticamente para que el sistema inmune piense que hay una infección. O inyectar una secuencia de ADN que se parece a un virus o a una bacteria. Después aplicamos inmunoterapia. Son estudios preliminares, pero prometedores. Hacemos también combinaciones de quitar frenos, otros previos a los que va dirigida la inmunoterapia actual. Además hay unos 20 fármacos de inmunoterapia que se están probando en ensayos clínicos y más de 1.000 combinaciones de inmunoterápicos. No todos funcionarán, pero algunos conseguirán el nuevo avance.

P. Pero la inmunoterapia aún no funciona en muchos tumores

Invertir en ciencia básica es rentable a corto, medio y largo plazo

R. Las respuestas que vemos no son por suerte, es pura biología. Los tumores para los que se han aprobado estos fármacos son lo que llamamos inmunogénicos. El melanoma en la mayoría de casos está inducido por radiación solar, que causa mutaciones que cambian el gen y la proteína que produce. Es esa proteína la que el sistema inmune reconoce como anormal. También son efectivos con los inducidos por el tabaco: pulmón, esófago, vejiga, cabeza y cuello… y con los causados por virus, como el de hígado o cérvix, entre otros.

P. Hace unas semanas un tipo de terapia con células inmunes consiguió —en una sola paciente— eliminar el cáncer de mama metastásico, que no responde a inmunoterapia ¿Qué le parece este enfoque, se conseguirá así combatir los tumores que hasta ahora no responden?

R. Es un estudio importante. Estos trabajos nos han permitido saber que el sistema inmune reconoce proteínas alteradas por mutaciones cancerígenas. Saber esto hace posible tratar de inducir ese reconocimiento. Por ejemplo, extirpar un cáncer, secuenciar su genoma, y hacer una vacuna específica. Estamos haciendo estudios preclínicos como este, de sacar linfocitos y ponerles un receptor que les permite reconocer una proteína mutada. Parece ciencia-ficción pero ya es realidad en leucemias y linfomas. El siguiente paso es ponerle a los linfocitos los receptores endógenos que detecten mutaciones y esto va a pasar en los próximos años. La inversión en ciencia básica de los últimos 30 años nos ha llevado aquí. Cada vez tratamos más cánceres y mejor.

P. Menciona la inversión en ciencia básica. En España se acaba de nombrar a un nuevo ministro de ciencia ¿qué le diría sobre esto?

R. Le diría al ministro que invierta en esto, porque es rentable a corto, medio y largo plazo. El crear centros de excelencia con capacidad de entender la biología, pensar en nuevos tratamientos y desarrollarlos en lugar de que lo hagan las compañías suizas, americanas y alemanas. De las cosas que más me han enriquecido es ver compañías que han empezado con una idea y han llegado a crear nuevos tratamientos. Una de ellas es Kite Pharma, una compañía de Santa Mónica de la que soy asesor científico y de la que tengo acciones. Empezamos seis personas. Se basa en sacar linfocitos, introducirles un cambio para que sean capaces de reconocer el linfoma, una proteína que se llama CD-19, algo conocido como CAR-T, y devolverlo a los pacientes. La ciencia existía, se había generado en el Instituto Nacional de Salud de EE UU. Había que desarrollarlo de forma comercial. Mucha gente dijo que era imposible, pero se pudo. Ahora el fármaco está aprobado en EE UU y se va a probar en otros países. Esa empresa empezó con 15 millones de dólares y se vendió por 12.000 millones. Si esto pasara en Madrid tendría un impacto grande. ¿Por qué no pasa? No es por falta de conocimiento, es porque no hay un entorno científico y de emprendimiento.

En sus orígenes la penicilina era tan cara que se recogía la orina de los pacientes y se purificaba para extraerla de nuevo y dársela a otros pacientes

P. ¿Está justificado el precio de algunos fármacos oncológicos?

R. No. El sistema americano permite que cuando un fármaco demuestra tener actividad, las compañías pueden poner un precio basado en el mercado. Yo creo que no es correcto. Habría que ligarlo al beneficio que aportan. De esa forma habría más incentivos para desarrollar fármacos que realmente beneficien a más gente y más tiempo. Al principio estos medicamentos cuestan mucho en los primeros pacientes, luego cada vez es más barato. Es como la penicilina. Si vas a la farmacia de la esquina una dosis te puede costar el equivalente de unas pocas pesetas. Pero en sus orígenes era tan cara que se recogía la orina de los pacientes que la habían tomado, se purificaba para sacar la penicilina otra vez y dársela a otros pacientes. Lo que tenemos que hacer es desarrollar fármacos que funcionen, porque si lo hacen no son caros, acaban siendo baratos para la sociedad.

P. ¿En ese camino habrá un periodo de tiempo en el que solo los más ricos se los podrán permitir?

R. Sí, eso me afecta como investigador y como médico. Para que alguien llegue a UCLA tiene que tener un seguro médico. Los tratamientos son caros. No me gusta saber que hay gente que no puede acceder, que reciba el fármaco antiguo porque es más barato que el nuevo. Esto no es inteligente. La parte más cara del tratamiento de una persona es los últimos meses antes de morir, ahí es cuando gastamos mucho más. El tratamiento en los últimos meses de vida acaba siendo mucho más caro que el fármaco. Hay veces que la gente que analiza el sistema sanitario no lo entiende. En un país como España, con una sanidad pública, habría que enfocar el gasto en este sentido en función de cuál es el mayor beneficio para la sociedad.

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