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Un compuesto extraído de un cardo frena la metástasis cerebral

Una terapia experimental cuadruplica la supervivencia media de 18 pacientes con cáncer de pulmón

Manuel Valiente y Neibla Priego, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.
Manuel Valiente y Neibla Priego, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.

No existe una medicina natural y otra química. Existe una medicina que funciona y el resto son pseudoterapias sin validez científica. La aspirina, por ejemplo, tiene su origen en el extracto de corteza de sauce. La morfina, un potente analgésico, procede de la amapola del opio. Y uno de los fármacos contra el cáncer más utilizados del mundo, el paclitaxel, está inspirado en una molécula de la corteza de tejo del Pacífico, un árbol de unos 12 metros típico de Norteamérica. El paclitaxel ha derrotado a millones de tumores de mama, ovarios y pulmón.

Un grupo internacional de científicos pone hoy sobre la mesa otra sustancia de origen natural, candidata a ser incorporada a la medicina que funciona: la silibinina, un compuesto presente en las semillas del cardo mariano. El equipo, dirigido por el veterinario Manuel Valiente, ha suministrado pastillas con este extracto de cardo a 18 pacientes desahuciados, con carcinoma de pulmón y metástasis cerebrales, en combinación con el tratamiento estándar de quimioterapia. La supervivencia media de estos enfermos, 15 meses y medio, cuadruplicó la de los pacientes que no tomaron estas píldoras. Y en tres casos las metástasis cerebrales desaparecieron hasta ser indetectables.

“Entre un 10% y un 30% de los pacientes con cáncer desarrollan una metástasis cerebral. Y el tratamiento ahora es muy pobre”, lamenta Manuel Valiente

Los resultados, aunque todavía muy preliminares y por confirmar, mueven al optimismo. “Entre un 10% y un 30% de los pacientes con cáncer desarrollan una metástasis cerebral. Y el tratamiento ahora es muy pobre”, lamenta Valiente, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid. Las metástasis cerebrales afectan a 200.000 personas al año solo en EE UU. Y el pronóstico suele ser malo o muy malo.

El médico Joaquim Bosch —del Instituto Catalán de Oncología, en Girona— lleva un lustro estudiando la posible actividad antitumoral de la silibinina del cardo mariano. Bosch recuerda el caso de una paciente de 39 años con cáncer de mama y metástasis en hueso e hígado, que llegó a su consulta en 2014. La mujer no respondía a la quimioterapia —con el paclitaxel del tejo del Pacífico— y los médicos le daban apenas un mes de vida. Dados sus problemas en el hígado, Bosch le indicó Legasil, un complemento alimenticio a base de cardo mariano, comercializado como protector hepático. Inesperadamente, la paciente reaccionó y sobrevivió 20 meses. “Vimos efectos muy potentes”, rememora Bosch, que en 2016 anunció otros dos casos esperanzadores.

Una planta de cardo mariano.
Una planta de cardo mariano.

El nuevo estudio, publicado hoy en la revista Nature Medicine, explica los mecanismos de estos efectos extraordinarios. El cáncer de pulmón es el tumor que con mayor frecuencia genera una metástasis cerebral. Las células cancerígenas se multiplican sin control y algunas escapan del tumor original, llegando al cerebro a través del torrente sanguíneo. Allí, normalmente, son aniquiladas por las defensas del organismo, pero en ocasiones logran zafarse y siguen multiplicándose en el interior del cráneo.

"De la naturaleza pueden salir grandes medicamentos, pero es necesaria la ciencia para aislar las sustancias terapéuticas", sostiene el oncólogo Joaquim Bosch

Una vez asentadas en el cerebro, las células tumorales actúan sobre su entorno. Las intrusas segregan sustancias que activan el gen STAT3 en los astrocitos, unas células en forma de estrella que en condiciones normales ayudan a que las neuronas se mantengan sanas. Con el STAT3 activado, los astrocitos vecinos favorecen el crecimiento del cáncer y forman una barrera que impide la llegada de defensas antitumorales. La silibinina del cardo mariano llega al cerebro, inhibe STAT3 y rompe este proceso, frenando total o parcialmente la metástasis. Es la primera terapia experimental dirigida contra la metástasis cerebral que ataca el vecindario del tumor, según destaca Neibla Priego, farmacóloga del CNIO y coautora del trabajo.

“De la naturaleza pueden salir grandes medicamentos, pero es necesaria la ciencia para aislar las sustancias terapéuticas. No te vas a comer un sauce entero para obtener el equivalente a una aspirina”, expone el oncólogo Joaquim Bosch. Los autores de la investigación buscan ahora financiación, unos 700.000 euros, para llevar a cabo un ensayo clínico más amplio, con medio centenar de pacientes. Las farmacéuticas a las que han llamado a la puerta han rechazado participar, “quizá por temor a no recuperar la inversión”, según Bosch. El tratamiento con Legasil que han empleado esta vez cuesta unos 100 euros al mes, frente a los miles de euros habituales en los fármacos oncológicos.

Bosch es un activo luchador contra los “charlatanes” que se aprovechan de sus investigaciones para defender pseudoterapias. El oncólogo pone el ejemplo de Josep Pàmies, un curandero vigilado por el Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias de la Organización Médica Colegial. “Pàmies vende semillas de cardo mariano, pero nuestro cuerpo apenas absorbe la silibinina de las semillas, por muchas que te tomes. Esto es engañar a la gente”, zanja Bosch.

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