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Por un PSOE poscapitalista

Se puede plantear una socialdemocracia que luche contra el neoliberalismo real

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, aplaudido por los diputados socialistas en el Congreso, el pasado 31 de mayo.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, aplaudido por los diputados socialistas en el Congreso, el pasado 31 de mayo. Getty Images

El año pasado, el PSOE intentó renovarse con un giro a la izquierda. En un documento titulado Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia, hablaba de “sociedad poscapitalista”, de revolución tecnológica y de renta básica. Lo hacía mínimamente, y con hipotecas del partido clásico y guiños hacia Podemos. Pero planteaba un debate que la izquierda debería tomarse en serio.

Si la posmodernidad no acabó con la modernidad, el poscapitalismo no acaba con el capitalismo. La socialdemocracia no puede plantearse acabar con el mercado, y debe perder el complejo de inferioridad frente a la izquierda que lo acusa de plegarse al neoliberalismo por defender el capitalismo. Este ha sido el discurso de Podemos para desacreditar al PSOE. En 1959, el SPD proclamó que los socialdemócratas aspiran a “tanto mercado como es posible, y a tanto Estado como sea necesario”. Como dice Ignacio Sánchez Cuenca en La superioridad moral de la izquierda, la socialdemocracia “encarna el compromiso más acabado entre moralidad y eficacia políticas”.

Hablar de poscapitalismo es asumir que nos dirigimos a un capitalismo poscrecimiento, con crecimiento muy bajo y estancamiento secular, e implica afrontar la revolución tecnológica con instrumentos regulatorios del siglo XXI. Es enfrentarse a desigualdades que no se resuelven solo tocando salarios. Es plantearse el cambio climático sin caer en romanticismos que quieren la vuelta a la aldea (porque poscapitalismo no es precapitalismo).

El economista Branko Milanovic dice que “nos aproximamos a un mundo de abundancia masiva donde las reglas tradicionales del capitalismo ya no se aplican”. Si la tendencia de beneficio va hacia cero, el capitalismo busca comercializar la vida diaria, se mueve hacia transacciones que no son tradicionalmente comerciales: ahí están Airbnb, Uber, Blablacar. Algo parecido ocurre con Amazon, Facebook, Google. ¿Cómo regular monopolios tecnológicos cuyos clientes no son los usuarios sino los anunciantes? En Facebook, como dice John Lanchester, el producto eres tú: somos los usuarios los que trabajamos para Facebook.

Se puede plantear una socialdemocracia poscapitalista que no sea anticapitalista, que luche contra el neoliberalismo real y no contra el fantasma del neoliberalismo que ve determinada izquierda en todos lados, y que no caiga en el voluntarismo ni en el discurso vacío de la “dignidad”. Si el PSOE abandera esto, dejará a Podemos como una izquierda reaccionaria y sentimental, que protege a los insiders y defiende mercados cautivos, que habla con códigos de otra época, y a la que solo le preocupa la batalla cultural.

El PSOE tiene muchos problemas de incoherencia. Ha coqueteado con el populismo y con el independentismo. También tiene problemas de liderazgo y renovación. Una exdiputada del partido me decía que el votante socialdemócrata tiene que esperar 15 años para volver a votar al PSOE. Era una exageración, pero, mientras tanto, podemos debatir sobre todos estos temas.

 

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