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Confusión y elecciones latinoamericanas

Difícilmente se encontrará un período con mayor diversidad política e ideológica en Latinoamérica que el que se observa en estos tiempos

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, en la III Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico y sus Estados Observadores el pasado junio de 2016, en Frutillar (Chile).
El presidente de Argentina, Mauricio Macri, en la III Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico y sus Estados Observadores el pasado junio de 2016, en Frutillar (Chile). EFE

Difícilmente se encontrará un periodo con mayor diversidad política e ideológica en Latinoamérica que el que se observa en estos tiempos.

Después de una Cumbre de las Américas venida a menos por discrepancias respecto a Venezuela, Cuba, Derechos Humanos, el desinterés por la región del presidente de EE UU, Donald Trump, se agregan las crisis internas vinculadas a la corrupción, la represión en Nicaragua, las insuficientes tasas de crecimiento, las diversas movilizaciones ciudadanas, el crimen vinculado al narcotráfico, y la crisis de organismos como Unasur. Las elecciones presidenciales del presente año están profundizando el paisaje de incertezas sobre el futuro.

En términos de integración, la Alianza del Pacífico (AP) se ha erigido en una plataforma alternativa para la integración con los países de Asia-Pacífico, con las negociaciones comerciales de altos estándares en marcha con Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Singapur, los cuales se transformarán en miembros asociados de la Alianza del Pacífico al culminar las negociaciones. El otro signo alentador ha sido el acercamiento entre la AP y el Mercosur, los principales bloques de la región que acordaron una hoja de ruta con temas concretos, fechas y grupos de trabajo para hacerla realidad.

Las elecciones de julio en México podrían dar como ganador a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y las de Colombia, a Iván Duque, lo cual podría cambiar la postura mexicana respecto a Venezuela y la colombiana respecto al acuerdo de paz. México podría perder interés en la Alianza del Pacífico, pero si AMLO gana, no desaparecerán los problemas de su país con EE UU y necesitará afirmarse en la Alianza del Pacífico. Las recientes elecciones en Paraguay indican un camino de continuidad con un acento más conservador. Perú, con un nuevo liderazgo después del impasse que obligó a la renuncia del expresidente Pedro Pablo Kuczynski, le ha dado un nuevo aliento al Grupo de Lima, que debería seguir en el camino de la presión política hacia Venezuela, rechazando de plano toda sutil sugerencia de favorecer el ilegal uso de la fuerza contra Maduro después del simulacro de elección presidencial del 20 de mayo. Chile, bajo el nuevo Gobierno del presidente Sebastián Piñera, probablemente seguirá la línea de los demás países de la región sin asumir un rol protagónico. Brasil es el país más impredecible a casi cinco meses de la elección presidencial.

Si hay algo en común en la región es el desprestigio de la Administración de Trump, y una creciente preocupación por los déficits fiscales en algunos países desarrollados, inquietud acompañada por una eventual guerra comercial; para no hablar de un conflicto nuclear en la península coreana que quizás comience a despejarse tortuosamente entre Trump y el líder coreano, Kim Jong-un, en Singapur el 12 de junio.

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