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Un error de proporciones históricas

Lo que más preocupa a Trump es que el acuerdo nuclear con Irán se firmase durante la era Obama

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante el discurso en el que anunció que abandonaba el acuerdo nuclear con Irán. En vídeo, declaraciones de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. FOTO: AP / VÍDEO: ATLAS

De los numerosos despropósitos protagonizados por el presidente Trump en materia de política exterior, la reimposición de sanciones nucleares a Irán y la consiguiente violación del acuerdo nuclear (JCPOA) es probablemente el más incendiario. Trump acaba de romper unilateralmente con un acuerdo alcanzado en 2015 tras doce años de negociaciones, cuya complejidad conozco de primera mano, ya que me correspondió iniciarlas como alto representante de la Unión Europea. Este acuerdo, que constituye una garantía del régimen internacional de no proliferación nuclear, fue incluso respaldado por una resolución unánime del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Pero a Trump no parece importarle demasiado el fondo o la forma del acuerdo, ni tampoco que el Organismo Internacional de Energía Atómica venga certificando el cumplimiento iraní con el mismo. Lo que más preocupa a Trump es que el JCPOA se firmase durante la era Obama. La actitud de Trump fue idéntica en los casos del Acuerdo Transpacífico y del Acuerdo de París sobre el cambio climático, otros dos grandes logros de su predecesor. La reacción del resto de implicados ha de ser también idéntica a la que se produjo en los dos casos anteriores: preservar el acuerdo, independientemente de los vaivenes de Estados Unidos.

Hay que celebrar que Europa, Irán, China y Rusia ya hayan manifestado su voluntad de avanzar en esta línea. A este respecto, la Unión Europea tiene una responsabilidad mayúscula. Sin duda, las relaciones transatlánticas deben seguir siendo una prioridad, pero también debe serlo el proteger los mecanismos existentes de cooperación multilateral. Y más cuando la amenaza no viene ya del “America first”, sino más bien del “Trump first”.

En paralelo, la Unión Europea debe contribuir a enfriar la escalada de tensiones en Oriente Próximo. La región está siendo escenario de una dura pugna entre Irán —cuyas operaciones exteriores no infringen el JCPOA, pero siguen representando un problema— y dos aliados desmesuradamente influyentes de Estados Unidos: Israel y Arabia Saudí. El recrudecimiento de las hostilidades está afectando directamente a terceros países como Siria y Yemen, inmersos en terribles crisis humanitarias. Una mayor implicación europea en la resolución de estos conflictos es clave para frenar el deterioro de la estabilidad regional.

Ayer, mientras Trump anunciaba que dejaría de implementar el JCPOA, había movimientos en otro frente nuclear: el secretario de Estado Mike Pompeo se dirigía a Corea del Norte para preparar la cumbre entre Trump y Kim Jong-un. A la vista del esperpéntico golpe que acaba de propinar Estados Unidos a su propia credibilidad y coherencia diplomática, no nos queda otra que desearle suerte. Él la va a necesitar, y el mundo también.

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