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Benditos chivatos

Preservar la ética en la sociedad no puede estar en manos de héroes, sino de personas a quienes se ofrezcan garantías para delatar el fraude

Mientras no haya garantías, tendremos que encomendarnos a los héroes ocasionales.
Mientras no haya garantías, tendremos que encomendarnos a los héroes ocasionales.Albert García

Es bien sabido que el chivato tiene una mala reputación y que esta se gesta en el patio del colegio. El soplón cae mal porque quita a quien comete la falta el mérito de haber sabido ocultarla. Y porque rompe el orden natural de las cosas, según el cual al alumno le compete hacer y al profesor descubrir (y castigar).

En el mundo de los adultos los chivatos también cuestionan el orden natural de las cosas. El establecido por la corrupción y la ilegalidad en una empresa o en una administración pública. Se juegan el tipo y hacen algo por nosotros, al preservar un bien colectivo. Pero no todos los chivatos son iguales.

Tienen ventaja quienes descubren las malas prácticas de una empresa privada teniendo una salida. Profesionales altamente cualificados, protegidos por una regulación amplia y con competencias transferibles. Los delatores de la violación de datos en Facebook, por ejemplo, responden a ese perfil. En estos casos el impacto de la denuncia afecta fundamentalmente a la reputación de la empresa.

En cambio, la denuncia en la administración pública suele concretarse en nombres, apellidos y afiliación partidista. Por eso puede quedar más fácilmente enmarañada en el juego de bandos políticos e incluso ser cuestionada o fiscalizada. El coste personal para el funcionario que delata es estar condenado a convivir con la red que ha denunciado, sin opción salida.

Peor lo tienen los trabajadores no funcionarios. Porque a la maraña política tras la denuncia se añade su vulnerabilidad laboral. Y si llevan largo tiempo en la administración, menos oportunidades en el sector privado. Así, siendo trabajadores de segunda por lo que a estabilidad se refiere, se convierten en chivatos de primera por su heroicidad (o temeridad).

Preservar la ética en la sociedad no puede estar en manos de héroes, sino de personas a quienes se ofrezcan garantías para delatar el fraude. ¿Cuántas? Las que aseguren la denuncia en las condiciones menos favorables. Todavía seguimos esperando a que esas garantías se legislen. Mientras tanto, tendremos que encomendarnos a los héroes ocasionales. A los benditos chivatos. @sandraleon_

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