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Niños con autismo y animales, la comunicación más allá de las palabras

Los animales actúan como un puente entre los niños con autismo y su entorno, ayudándoles a comunicarse y a mostrar sus emociones a terceros

Niño con dos perros en una alfombra.
Niño con dos perros en una alfombra.

El vínculo que se crea entre un niño/a con autismo y un animal llega donde no lo hacen las palabras. Los beneficios de esta mágica interacción que se crea en la convivencia entre un niño/a con autismo y un animal en el ámbito de su hogar se han trasladado al ámbito terapéutico para trabajar en la Terapia Asistida con Animales (TAA), que suelen ser perros o équidos, como los caballos y los burros. Aunque puede haber excepciones, en que el niño/a rechace el acercamiento al animal porque le genere miedo o tensión, lo habitual es que de manera paulatina “se cree una relación natural entre ambos donde surge la comunicación, aunque sea no verbal. Un marco donde (en este caso) el perro facilita una interacción, porque los niños no se sienten intimidados ni perciben que se invada su espacio, sino que todo fluye con espontaneidad”, explica Begoña Morenza, directora de la Organización Yaracán, dedicada al desarrollo de programas profesionales de intervenciones asistidas con perros en entornos terapéuticos y educativos, uno de cuyos programas se centra en niños con trastornos del espectro autista, que celebra este lunes 2 de abril su día mundial.

David tiene 14 años y desde que participa en el programa de Terapia Asistida con perros de su centro escolar ha derribado muros para avanzar en la relación con su entorno. “Al principio se sentaba en una esquina y nos miraba de lejos y ahora toma la iniciativa de participar en alguna de las actividades con los animales. Lo que más le gusta es tumbarse en una colchoneta al lado del perro y relajarse”, explica Begoña Morenza. La llave maestra para conseguir estos resultados es que cuando el contacto con los perros es cercano, pero también seguro y sin estrés, se reduce el ritmo cardiaco y la presión arterial, lo que fomenta la generación de endorfinas y oxitocina, que favorece el vínculo con el animal y se previene el aislamiento del niño y la apatía frente a los estímulos externos.

La alquimia invisible que conecta niños con autismo y animales

La energía y los hilos invisibles que se crean en la interacción entre los niños y los perros o cualquier otro animal, genera una alquimia que se traduce en “empatía, expresión de sentimientos, motivación para interactuar en grupo, lo que se puede traducir, en que niños que hablan muy poco comiencen a verbalizar el nombre del perro u órdenes sencillas como ven, dame, espera o pasa.

Los animales como compañeros de trabajo de los terapeutas tienen cada vez más presencia a la hora de trabajar con niños que presentan rasgos autistas porque actúan como un puente para que superen barreras y miedos. Estos compañeros de cuatro patas facilitan a los terapeutas la interacción y el trabajo con los niños. “Los perros no juzgan y llegan donde a veces las personas no pueden. Los niños permiten a los animales entrar y salir de su zona de confort e ir un poco más allá”, explica Begoña Morenza.

En este caso, los perros son facilitadores para que los niño/as con autismo contacten con su entorno porque ayudan a crear un contexto donde “aumenta su sensación de confianza, la empatía aflora y se abren las puertas a la comunicación con los terapeutas y otras personas”, explica Carla Valverde, psicóloga clínica infanto-juvenil del Centro de Salud Mental de Majadahonda (Madrid).

Animales compañeros de juegos y maestros

Ariana tiene 4 años y recibe terapia en el centro Gatea, especializado en niños con autismo. Desde hace unos meses se han incorporado dos nuevos compañeros a sus sesiones, Tango y Peco, dos perros que se han convertido en sus compañeros de juegos y maestros. La terapeuta de Ariana, Rocío Hurtado, explica que lo que más le sorprendió al comenzar a trabajar con los animales fue “la gran complicidad que muestran estos perros, tanto con su guía como con la niña, de la que están pendientes en todo momento. Los primeros días de contacto con los perros la niña lloraba y los animales esperaban concentrados y pacientes a intervenir cuando lo indicaba su educadora y respetaban los tiempos y el espacio de la niña”.

Ariana se relaja cuando se tumba encima de Tango, un Golden Retriever tranquilo, de mirada sabia y el día que toca sesión con Peco, un perrillo muy activo, llega el momento de reír y jugar. Esta conexión con los animales ayuda a los niños con autismo a entrar con facilidad en la dinámica que dirigen y supervisan en todo momento los terapeutas de los niños, como peinar al perro, darle de comer, jugar a la pelota o salir a la calle a pasearle, lo que les ayuda a ser más autónomos e interactivos con su entorno, así como a expresar sus emociones, desarrollar su empatía y favorecer el cambio de rol de ser los cuidados a convertirse en los cuidadores de un ser vivo.

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