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Spencer Phipps: activista en el armario

El autor de este texto pensaba que la moda había perdido la inocencia y se topó con un diseñador que quiere hacer lo correcto

Spencer Phipps
En los años noventa la moda ecológica reventó el mercado con texturas y colores naturales y, desde entonces, ha intentado olvidarlo. El próximo otoño sale a la venta la primera colección de Spencer Phipps (en el centro), ropa sostenible que no se avergüenza de parecerlo (ejemplos en la imágenes de la derecha e izquierda).

Acabo de volver de los desfiles de Milán y París, un periplo de semana y media en el que mis compañeros y yo pasamos en el coche mucho, mucho rato, hablando de cosas triviales como que el teatro de La Scala es muy incómodo o que el Instagram de no sé quién es odioso.

A veces, muy pocas, hablamos sobre cosas serias, y esta temporada nos lo puso en bandeja: el reportaje del New York Times donde varios modelos masculinos denunciaban haber sido objeto de abusos por dos fotógrafos estratosféricamente famosos, Bruce Weber y Mario Testino, se publicó el primer día de desfiles de Milán, y una segunda oleada de denuncias llegó el último viernes, ya en París, a través de la web Business of Fashion.

Queda claro que la moda ya no es un negocio familiar, artístico y decadente cuyos deslices se toleran condescendientemente. Es una industria que factura trillones, que no mueve un dedo sin consultar con su departamento de marketing y que, como tal, tiene que ser eficiente, profesional y auditable. Subíamos las escaleras de un edificio en París inmersos en este debate cuando, al entrar en la presentación a la que habíamos sido invitados, descubrimos la primera colección de Spencer Phipps.

Le pregunto a Phipps si es posible la moda política a estas alturas y responde que sí, “especialmente ahora que todos decimos lo que pensamos en Internet

Este californiano de 32 años se graduó en la escuela Parsons de Nueva York y pasó cinco temporadas junto a Dries van Noten, de quien aprendió “la importancia de saber dónde, cómo y quién hace las prendas que se diseñan”. Su marca se llama PHIPPS y sale a la venta el otoño que viene con 50 prendas elaboradas con tejidos sostenibles, inspiradas en los escaladores del pasado.

“Son piezas duraderas que se integran fácilmente en tu armario”, dice. Phipps es escalador aficionado, pero no encontrará su ropa en Decathlon. Tiene lo mínimo, pero lo justo: los pantalones con refuerzos serían como los de snow si no fueran de algodón verde musgo; un jersey de lana de yak sin teñir es un poco corto y las camisetas, como encogidas, tienen motivos alegóricos o “educativos”.

Una de ellas muestra un dibujo de Atlas sosteniendo el mundo. Le pregunto a Phipps si es posible la moda política a estas alturas y responde que sí, “especialmente ahora que todos decimos lo que pensamos en Internet. Hay política en la estética”, concluye, y menciona a Vivienne Westwood y Katharine Hamnett, dos veteranas diseñadoras activistas cuyas carreras no se estudiarán en las escuelas de negocios.

Con que aparezca un optimista como Phipps cada temporada me doy por satisfecho. Además, su Instagram es maravilloso.

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