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OPINIÓN

Mujeres desplazadas: vulnerables entre los vulnerables

La autora, enfermera, matrona y asesora médica de salud materna de Médicos Sin Fronteras, analiza cómo se agravan las necesidades sanitarias de las mujeres y niñas en tránsito

Una madre refugiada en Bangladés, procedente de Myanmar, peina a su hija.
Una madre refugiada en Bangladés, procedente de Myanmar, peina a su hija. AFP

Uno de los primeros niños nacidos en una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) este año fue el bebé de Raheema, una refugiada rohingya de los campos de refugiados de Bangladés. Nuestro personal médico detectó que Raheema sufría preeclampsia, una complicación del embarazo que puede ser mortal, le facilitó atención de urgencia y le ayudó a traer una nueva vida el día de Año Nuevo.

Raheema es una de las casi 700.000 personas que desde agosto del año pasado han buscado seguridad en Bangladés, huyendo de la violencia extrema en Myanmar. A nivel mundial, Raheema forma parte ya de las más de 65,6 millones de personas que en estos momentos viven fuera de su hogar y están desplazadas a la fuerza debido a la violencia, la persecución o las violaciones de los derechos humanos. Nunca antes ha habido tantas personas desplazadas desde que se tienen registros. Y la mitad son mujeres y niñas.

Las mujeres desplazadas tienen muchas de las mismas necesidades de salud que las mujeres de cualquier lugar. Como ellas, necesitan tener acceso a planificación familiar y requieren un lugar seguro para dar a luz a sus hijos. Pero las necesidades de salud específicas de las mujeres se agravan por el hecho de estar en movimiento. Es este mismo desplazamiento el que reduce o elimina por completo la posibilidad de acudir a un médico o a un centro de salud durante su odisea.

Nunca antes ha habido tantas personas desplazadas desde que se tienen registros. Y la mitad son mujeres y niñas

Si bien cada mujer desplazada sigue un viaje diferente y tiene un motivo para huir, los conflictos están detrás de muchos de estos movimientos forzados. La guerra y la violencia pueden tener un efecto devastador en los sistemas de salud, lo que se traduce en que, en muchos casos, las mujeres se quedan sin atención médica incluso antes de salir de su hogar. Una vez en movimiento, la atención médica puede quedar fuera de su alcance debido a la ausencia de servicios, la distancia, las barreras de transporte, la inseguridad, la falta de dinero o incluso la incertidumbre sobre los servicios disponibles.

Cualquier grupo de personas desplazadas incluirá mujeres embarazadas como Raheema, y habrá muchas que, desgraciadamente, no reciban la atención médica que tuvo Raheema. El embarazo conlleva riesgos para cualquier mujer, pero más cuando se ven obligadas a abandonar sus hogares. Estas mujeres son más vulnerables al aborto espontáneo y al parto prematuro y, al mismo tiempo, tienen menos acceso a la atención prenatal, a un entorno de parto seguro o a atención obstétrica de urgencia.

Las estadísticas nos dicen que para cualquier mujer de cualquier lugar del mundo, el 42% de los embarazos presenta una complicación y que en el 15% esta complicación es potencialmente mortal. Con estos datos en la mano, resulta evidente que la falta de acceso a la atención obstétrica de urgencia hace que dar a luz sea extremadamente peligroso para las mujeres desplazadas.

La falta de acceso a la atención obstétrica de urgencia hace que dar a luz sea extremadamente peligroso para las desplazadas

Las mujeres en desplazamiento también pueden querer retrasar quedarse embarazadas hasta que su situación sea más estable y segura, pero también es muy probable que no tengan acceso a anticonceptivos. Incluso es posible que al inicio de su viaje los llevaran consigo, pero los pueden haber perdido o haberse quedado sin ellos en el camino. Todo ello puede llevar a embarazos no deseados que aumentan el riesgo de abortos inseguros. Precisamente estos últimos están detrás del 13% de las muertes maternas en todo el mundo.

Muchas mujeres y niñas desplazadas también serán víctimas de violencia sexual. Si bien este tipo de violencia se da en cualquier lugar, las mujeres son más vulnerables cuando están en movimiento, especialmente si viajan solas. La violencia sexual puede ser utilizada, por ejemplo, como una estrategia deliberada para castigar o controlar a las comunidades durante el conflicto; o empleada por guardias fronterizos que abusan de su poder; o mediante coacciones a cambio de comida o de otras necesidades básicas. La violencia sexual es una emergencia médica que puede provocar infecciones de transmisión sexual, como el VIH, embarazos no deseados, y consecuencias a largo plazo para la salud mental.

Durante mis misiones en terreno con MSF, he conocido a muchas mujeres desplazadas que han estado expuestas a violencia sexual. Recuerdo a una mujer que se había quedado embarazada como resultado de una violación. Había tenido que abandonar su pueblo a causa de un desastre natural. Su esposo había desaparecido, dejándola sola y vulnerable en un campo de personas desplazadas. Acudió a nuestra clínica para realizarse una prueba de VIH, pero también porque estaba decidida a continuar con el embarazo ya que había perdido a dos niños. Como tantas mujeres, tenía una variedad de necesidades de salud dependientes y conectadas. Realizamos el seguimiento del embarazo, pero fue nuestro apoyo psicológico lo que más necesitó.

La asistencia médica mental es otra de las actividades clave para las mujeres y niñas desplazadas

La asistencia médica mental es otra de las actividades clave para las mujeres y niñas desplazadas, que a menudo han estado expuestas a traumas tras ser testigos de episodios de violencia extrema. La incertidumbre sobre el futuro en un asentamiento de refugiados es otro factor estresante. A menudo, las familias están separadas, lo que deposita exclusivamente sobre los hombros de las mujeres la presión de cuidar a los niños en un entorno desconocido con pocos recursos o servicios. Esto hace que las mujeres no sitúen su propia salud y bienestar mental entre sus prioridades porque están volcadas en satisfacer las necesidades básicas de sus hijos.

A medida que el desplazamiento global ha ido aumentando en los últimos años, hemos incrementado nuestros proyectos para dar respuesta a las necesidades de migrantes, solicitantes de asilo y refugiados. Tratamos de responder así a las privaciones específicas de las mujeres en diversos momentos de su viaje, ya sean desplazadas en sus propios países de origen, como Irak o Sudán del Sur, en países de tránsito como Grecia o México, o en estados donde se han establecido como Jordania o Tanzania. Son mujeres como Raheema que necesitan una atención médica básica para aliviar su sufrimiento y, en última instancia, evitar que mueran mientras buscan seguridad.

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