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Ojos bien cerrados

El PP no ha gobernado Madrid como partido sino como guerra

En el PP lo primero que se aprende es que hace carrera el que ignora más cosas. En vídeo, Cristina Cifuentes responde a Francisco Granados. VÍDEO: ATLAS

Hubo un momento de tanta felicidad en el PP de Madrid que, cuando se encontraban en cacerías, nadie sabía quién las había organizado. Ocurre en los mejores funerales, cuando asiste tanta gente que al final hay que acabar preguntando quién es el muerto. Allí llegaban dirigentes, alcaldes y promotores urbanísticos sin saber quién pagaba la cacería y sin saber quién había invitado a quién pero con la sospecha de saber, como en Eyes Wide Shut, qué es lo que se esperaba de ellos. Años después, frente al juez, el entonces alcalde de Mérida juró por sus hijas que no sabía qué hacía allí y otro, alcalde de Valdemoro, dijo que ni siquiera le gustaba la caza.

No es que fuera difícil saber quién pagaba una cacería en la que participaban promotores y políticos, sino que en el PP lo primero que se aprende es que hace carrera el que ignora más cosas. Solo el que lo desconoce todo, hasta la inicial de su propio nombre, puede mantenerse imperturbable en el primer despacho del partido que ha hecho de la corrupción, desde su misma planta en Génova hasta las comunidades autónomas, su modo de estar en el poder y su manera de competir electoralmente. Así que la confesión de Granados hay que entenderla como las cacerías de la belle époque: el PP no ha gobernado Madrid como partido sino como guerra, y en ella han utilizado las instituciones, los contratos, la policía, los medios y, por encima de todo, el dinero público. Porque, como en Eyes Wide Shut, una persona puede olvidarse de quién ha pagado la fiesta, con quién ha entrado y quién la ha invitado, pero nunca de lo que ha venido a hacer.

Todo esto ya era conocido cuando Rajoy aspiró a la investidura en España y Cifuentes en Madrid, del mismo modo que se sospechaba que el mismo partido, Ciudadanos, que les apoyó para seguir gobernando España y Madrid, se iba a hacer el escandalizado cada vez que viese la misma película por la que hizo campaña con el no a Rajoy. El “se nos agota la paciencia” de Rivera como fórmula incalculable de pureza: antes se le acabará la expresión que la paciencia. Hay experiencia detrás. Ciudadanos ha demostrado que en España se puede ser al mismo tiempo el primer enemigo de la corrupción y sostenerla en el poder; el favorito y protegido del establishment español, con un celo sin precedentes, y desamparados seres de luz que se baten contra fuerzas oscuras.

Hereda a la misma velocidad los votantes y las virtudes del PP: sin memoria se llega a cualquier parte.

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