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OPINIÓN

El cambio climático amenaza a la Amazonía que queremos

Su conservación no puede ser solo la proeza colosal de los soberanos países amazónicos, sino una tarea inaplazable para la humanidad

Imagen de la Amazonía peruana.
Imagen de la Amazonía peruana. EbA Amazonía, PNUD

En solo unas pocas hectáreas del ese vasto laboratorio y colosal biblioteca del mundo que es la Amazonía hay más especies de árboles nativos que en toda Norteamérica; y en un solo árbol de Perú hay más especies de hormigas que en toda Inglaterra. La cerámica más antigua del hemisferio occidental se encontró cerca de Santarém, Brasil, en la cuenca amazónica. Su superficie, que ocupa tan solo el 7% de la Tierra, constituye casi la mitad del patrimonio de biodiversidad del planeta.

Se trata del bosque tropical más extenso del mundo. Sus ríos, que fluyen a lo largo de más de 6.000 kilómetros, representan el 15% del total de agua dulce del mundo. Unos 33 millones de personas viven en él, incluidos 385 pueblos indígenas originarios. La Amazonía tiene un gran acerbo de diversidad cultural y biológica. Es en la imaginación del mundo, el último reducto del paraíso terrenal.

La Amazonia provee beneficios globales, es esencial para el ciclo hidrológico global; ya que regula los patrones de precipitaciones regionales que hacen a la seguridad alimentaria a miles de kilómetros de distancia, asimismo, contribuye a la estabilidad climática a nivel local, regional y mundial.

La agricultura al sur de la Amazonía se alimenta de la lluvia y, de forma considerable, de la humedad generada por el bosque amazónico. Esta exportación de humedad de la Amazonia se conoce como los ríos voladores.

En un solo árbol de Perú hay más especies de hormigas que en toda Inglaterra

El bosque amazónico es esencial para la estabilidad climática, ya que produce el 20% del oxígeno del aire que respiramos y contribuye a la mitigación del cambio climático al absorber dióxido de carbono de la atmósfera.

Los países soberanos del territorio amazónico lograron significativos avances en conservación de este patrimonio. Se estima que un 49% de la Amazonía está sujeta a alguna forma de protección legal, tales como parques naturales y territorios indígenas. Asimismo, los países están brindando mayor atención para asegurar conectividad de áreas protegidas a través de corredores para que la vida silvestre pueda desplazarse entre las mismas.

Más aún, todas las naciones amazónicas están en proceso de otorgar reconocimiento jurídico a los derechos de los pueblos indígenas a la tenencia de sus tierras ancestrales

Sin embargo, la explotación de recursos naturales, incluida la silvicultura, la agricultura, la actividad ganadera y minera, la exploración de petróleo y proyectos de infraestructura a larga escala, como carreteras y represas siguen fomentando la deforestación insostenible y la degradación de la tierra.

La Amazonía enfrenta desafíos relativos al desarrollo humano. A pesar de mejorías en indicadores básicos, persisten focos de pobreza e inequidad especialmente en áreas rurales , y son los pueblos indígenas las comunidades más vulnerables.

El cambio climático constituye una creciente y severa amenaza para este singular ecosistema , así como para sus pueblos y culturas. En opinión de los científicos el cambio climático pueda impactar de tal forma que la Amazonía alcance un punto de inflexión y de no retorno. La Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París, ofrecen la oportunidad de impulsar un desarrollo sostenible que brinde beneficios económicos a sus pueblos, y a su vez conserva este vasto patrimonio de biodiversidad.

La explotación de recursos naturales siguen fomentando la deforestación insostenible

Es fundamental reconocer que la Amazonía funciona como un sistema regional, cuyas precipitaciones contribuyen a la red fluvial más grande del mundo, con sus cabeceras de cuenca en los Andes y desembocaduras en el Océano Atlántico. Por tanto, para alcanzar un transformador cambio en la Amazonía, una vasta área de 7,8 millones de kilómetros cuadrados que abarca ocho países, se requiere un enfoque regional coordinado, informado en una base científica y la participación de los múltiples grupos y actores interesados.

Construir la Amazonía que queremos requiere una innovación informada por los conocimientos acumulados a lo largo del tiempo por el ecosistema mismo y por sus ancestrales pueblos indígenas: la Amazonía en pie.

La conservación de este entorno, incluso a través de la acción global por el clima, no puede ser solamente la proeza colosal de los soberanos países amazónicos, sino una tarea inaplazable para toda la humanidad.

Emma Torres es copresidente de SDNS Amazonía; Virgilio Viana es presidente de SDSN Amazonía y director ejecutivo de FAS; Matilde Mordt es líder regional del Equipo de Desarrollo Sostenible del PNUD en América Latina y el Caribe.

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