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El estropicio catalán

Puigdemont no entiende qué es el derecho, ni siquiera que es algo implícito al Estado democrático

El expresident Carles Puigdemont durante una conferencia de prensa en Copenhague (Dinamarca), el pasado 23 de enero. AFP

¿Quousque tandem, Puigdemont, abutere patientia nostra? Así empieza la famosa primera catilinaria que nos enseñaron cuando se estudiaba latín. Sólo hemos cambiado el nombre de Catilina, a quien iba dirigida la invectiva de Cicerón, por el de Puigdemont, el expresidente de la Generalitat. Le va como anillo al dedo. ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?

Fíjense en la famosa frase: dice “nuestra” paciencia, no “mi” paciencia. Idéntico caso. Porque está abusando de la paciencia de todos, empezando por los suyos. Aznar dijo que antes se rompería Cataluña que España. Se quedó corto. El estropicio catalán, además de unir a los españoles, tiene ya dimensión europea. Se demostró el lunes en Copenhague. ¿Quieren ustedes balcanizar Europa?, le preguntó la ya famosa profesora danesa que dio un buen repaso al expresidente.

La sensación es que el independentismo catalán se ha metido en un lío que no esperaba. “La ignorancia es atrevida”, me decía un antiguo profesor. Lo he comprobado a lo largo de mi vida. Muchas veces, el ignorante por atrevido he sido yo mismo. Pero el independentismo, y dentro del mismo, Puigdemont, es un caso extremo, está abusando de todos. Lo empezó Artur Mas, Unió se separó de Convergencia, después hubo que cambiar el nombre para desvincularlo de los Pujol (PDeCAT), para disimular la disminución de apoyo electoral hubo que formar una lista con ERC en 2015 (Junts pel Sí) y, dos años después, Puigdemont ha creado su propio partido (Junts per Catalunya) que, tras su triunfo personal el día 21, contrario a todos los sondeos, inevitablemente domina.

Pero Puigdemont es el triunfador que, ahora, puede hundir su partido y al independentismo en general porque está intentando lo imposible: enfrentarse a la mitad de Cataluña, a todo el resto de España y a toda Europa. No es extraño que la CUP se opusiera a votar como presidente a Mas y le pareciera bien Puigdemont. En muchas ocasiones, a pesar de ser un antiguo convergente, parece ser un miembro de la CUP en su estilo y, cada vez más, en cuestiones de fondo.

En cuanto a estas últimas cuestiones, Puigdemont tiene un importante fallo: no entiende qué es el derecho, ni siquiera que es algo implícito al Estado democrático. No lo entiende él ni la mayoría de los independentistas desde la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. “Democracia es votar”. Este error ha sido lugar común en Cataluña los últimos años. Democracia es también el derecho, los jueces y la separación de poderes. Algunos irán a la cárcel por haberlo olvidado.

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