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El triunfo de las sherezades

No puedo más con los brillitos y transparencias, ese aire mil y una noches que se ha impuesto en la moda femenina. Es el 'dubaicismo' de la estética

Una de las fotos oficiales de Enrique de Inglaterra y Meghan Markle distribuidas por el palacio de Kensington. Ampliar foto
Una de las fotos oficiales de Enrique de Inglaterra y Meghan Markle distribuidas por el palacio de Kensington. AFP

El año próximo se casan el príncipe Enrique y Meghan Markle y parece que también la reina latina Jennifer Lopez con el beisbolista Alex Rodríguez. La expectativa nos hará pasar unos meses estupendos. Meghan y Enrique ya han subido los retratos oficiales a sus redes, él sentado en un peldaño y ella en el suelo, en un año en el que la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres ha sido un importante clamor. Meghan apoya su brazo en el fémur de su prometido, que aparece con el pelo ligeramente desordenado, quizás recordando su lado golfo que siempre lo hizo el más atractivo de los nuevos Windsor. A mí me cruje la elección del vestido de Meghan, porque no puedo más con los brillitos y transparencias, ese aire mil y una noches que se ha impuesto en la moda femenina. Es el dubaicismo de la estética: intentar que las mujeres parezcan sherezades.

Jennifer Lopez tendrá que evitar que su boda coincida con la de Meghan. JLo está al tanto de esas comparaciones que ya se hacen en televisión sobre los menús nupciales. El locuaz periodista Rodner Figueroa comentó que en el de la cantante y actriz resplandecerán con orgullo los brillos y las calorías, harinas y fritangas corpulentas del Caribe, mientras que en la de Meghan habrá salmón orgánico canadiense, vegetales semicrudos y whisky escocés con Elton John al piano.

Agatha Ruiz de la Prada en los premios Marie Claire, en septiembre
Agatha Ruiz de la Prada en los premios Marie Claire, en septiembre Getty

2017 se despide con noticias que fomentan la presión demográfica. A los hijos de Cristiano Ronaldo su suman los mellizos de Enrique Iglesias y Anna Kournikova. Eva Longoria está embarazada. Es como si le tocase la lotería a las revistas, se van a inundar de caras nuevas el papel couché y los parques infantiles. A estas caritas nuevas se sumarán las de Inés Arrimadas, Marta Rovira y las del grupo mixto, que, aunque sean catalanas, su proyección y futuro lo veremos en todos los periódicos españoles. Del parque infantil a las páginas de las revistas distan dos pasos. No solo se nota la renovación en la arena política, también hay más caras y más juventud en las noticias del corazón. Alba Díaz Martín, Almudena Lapique y Cayetana Rivera, hijas de toreros, diseñadoras de moda, duquesas y empresarias, forman parte del entorno de Froilán, Pipe, como se le conoce ahora, nieto y sobrino de reyes. Así lo relató Mábel Galaz en estas páginas. Instauran una jet superjoven que mezcla títulos con profesiones en sus sangres e Instagrams y que ofrece una curiosa mezcla de modernidad con tradición. Otra apuesta más para el conservadurismo millennial que se nos viene y que aprovecha ese aroma de diferencia, de siglo XXI, para encarrilarse. Sangre nueva, rostros nuevos para nuevos matrimonios, nuevos nacimientos, mismos valores. Mientras eso crece, yo defendería que Froilán dé una fiesta con su pandilla, con bastante reguetón y sus redes sociales inundadas de boomerangs y muchísimas Instastory, aunque fastidie un poco la exclusiva de las revistas, pero que nos haga sentir como si fuéramos de la misma edad que nuestros hijos o sobrinos, que da pie para estudiar otro fenómeno interesantísimo: tanto hijas debutantes como sus madres pueden ser igual de influencers.

Agatha Ruiz de la Prada se ha declarado públicamente como una instagramer más, advirtiendo que al principio le repelía esa exhibición de la vida privada, pero que ahora le parece fenomenal. En mi opinión, Agatha está haciendo de su divorcio una experiencia positiva que es una buena señal para futuras generaciones. En la cultura latina, a las mujeres se les inculca la idea de que el divorcio es siempre un fracaso y su tránsito una humillación. Al mostrar la herida, se salta la norma no escrita de que una señora debería estar discretamente callada y Ruiz de la Prada demuestra lo contrario: no hay que esconder nada, hacer del cambio de estado civil un carrusel de emociones en el que giran el hartazgo y el afán de superación. En una reciente declaración televisiva, a Agatha le señalaron que estaba más delgada y ella respondió, en ese acento tan absolutamente pijo como entrañable, “estoy delgada porque me he quitado un peso de encima”. Más o menos todos tenemos una opinión tanto de Pedro J como de ella y de la pareja que formaron durante tres décadas, pero ahora, en este capítulo posdivorcio, Agatha está influyendo desde su experiencia a todas esas nuevas caras que tanto celebramos, para que todo siga igual o vaya mejor.