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El momento de enterrar el hacha de guerra

Los candidatos que menos se equivoquen inclinarán el 21-D la balanza hacia su lado

Roger Torrent (ERC), Jordi Turull (Junts per Catalunya), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Miquel Iceta (PSC), y Xavier García Albiol (PPC), durante el primer debate electoral de los siete candidatos a las elecciones del 21de diciembre celebrado en Barcelona el pasado día 7.
Roger Torrent (ERC), Jordi Turull (Junts per Catalunya), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Miquel Iceta (PSC), y Xavier García Albiol (PPC), durante el primer debate electoral de los siete candidatos a las elecciones del 21de diciembre celebrado en Barcelona el pasado día 7.

La publicación, el viernes pasado, de las últimas encuestas de intención de voto en las elecciones del 21 de diciembre han confirmado lo que se esperaba: empate técnico entre los partidos independentistas y los llamados constitucionalistas. O, lo que es lo mismo, que será muy complicado formar Gobierno en Cataluña el próximo mes de enero. Hay una cierta sensación de agua estancada en el ambiente.

Sin entrar en los detalles de subidas y bajadas respecto a los comicios anteriores (el separatismo obtuvo 72 diputados y el unionismo 52), las encuestas auguran en esta ocasión una igualación en torno a los 62 diputados por banda, quedando CeC Podem como una bisagra imposible de abrir una u otra puerta, ya que la mayoría en la cámara exige 68 escaños. Todo ello, contando con que, finalmente, acuda a votar más del 80% de los catalanes.

Ante estas circunstancias de empate, no queda más remedio que jugar una prórroga. Aunque sería mejor que el desempate se produjera en el tiempo añadido de los escasos días que quedan hasta el día de las elecciones a que se tenga que convocar otra vez a los ciudadanos a votar. La experiencia de la repetición de elecciones generales en España en 2015 y 2016 debería servir de ejemplo de algo que no es bueno replicar.

Los expertos suelen decir que los últimos días de campaña no cambian la intención de voto de la mayoría. Aunque sí reconocen que esa última avalancha de actos electorales sí puede influir en la participación e incluso puede afectar negativamente a algún candidato que meta la pata a última hora.

Los tres partidos que han luchado contra el independentismo y la ilegalidad (PSOE, Ciudadanos y PP) han hecho un enorme esfuerzo por movilizar a la llamada mayoría silenciosa (o silenciada) que ha sufrido los efectos del separatismo en sus carnes. Y parece que lo están consiguiendo. La duda que tienen a estas alturas es si los datos que proclaman las encuestas pueden provocar un efecto contrario al deseado: al movilizar a aquellos nacionalistas que cruzaron la frontera hacia el secesionismo en las últimas elecciones, pero que andan ahora confundidos por la DUI y otras acciones ilegales.

Ese parece ser el objetivo de última hora de los partidos del bando independentista (ERC, JxCat y CUP): enfrentar el catalanismo al enemigo español que ha tomado Cataluña con las armas del artículo 155 de la Constitución. En esa estrategia, ponen en duda la limpieza de las elecciones y acusan al Gobierno de hacer trampas, como si España fuera una república bananera.

En estos días de prórroga, los candidatos que menos se equivoquen inclinarán la balanza hacia su lado. Un gol en contra a última hora sería nefasto para cualquiera. Por eso, los partidos de cada bando deberían enterrar el hacha de guerra entre ellos y centrarse en criticar a los del otro lado.

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