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Alerta informática

España tiene que investigar a fondo la injerencia rusa y contribuir a mejorar la defensa común europea

Vladímir Putin.
Vladímir Putin. Getty Images

La maniobra procedente de Rusia de emplear noticias falsas en el caso de la crisis catalana constituye una prueba concluyente de que el mundo se halla inmerso en una nueva Guerra Fría en la que la desinformación es la principal arma. Moscú y sus satélites —otros Estados u organizaciones— tratan de explotar por todos los medios las debilidades y controversias en el interior de las democracias occidentales con el fin de generar división y confusión en las sociedades atacadas. En este aspecto, la crisis catalana ha supuesto una oportunidad extraordinaria.

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No hay que perder la perspectiva del problema. No se trata de que Rusia tenga una particular animadversión hacia España. La desinformación responde más bien a un planteamiento estratégico de lucha de bloques que sigue imponiéndose tras los muros del Kremlin y afecta a todos los países occidentales. Y a esto hay que sumar los ataques informáticos directos. Ejemplos para confirmar estas tesis no faltan. En Holanda, la ministra de Interior, Kasja Ollongren, ha advertido al Parlamento del triple intento de influencia en la opinión pública ejercido por parte de los servicios secretos rusos detectado hasta la fecha. Estonia ha sido objeto de ciberataques a gran escala. El Gobierno danés ha confirmado que hackers rusos han pirateado el sistema de Defensa durante dos años. Polonia es uno de los países con mayor número de ordenadores infectados en el ataque Ransomware. Estamos pues ante un problema europeo, que debe tratarse en el marco de la UE y la OTAN. España tiene que investigar a fondo lo sucedido y, mientras pide ayuda a sus socios, contribuir a mejorar la defensa común. Nuestro país se dirige hacia unas cruciales elecciones en Cataluña el próximo 21 de diciembre y resulta fundamental que esos comicios se celebren ajenos a cualquier interferencia externa, tanto desinformativa como técnica.

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