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Carla Navas y Víctor Molina, la suma del talento

ELLA MIRA los proyectos desde el punto de vista de una interiorista, y él, desde el de un arquitecto. Así se complementan Carla Navas y Víctor Molina. Carla y Víctor se lanzaron a la aventura de trabajar en equipo hace un año, por inconsciencia, sí, pero convencidos de que el juntos siempre suma…, “y bueno”, dice él riéndose, “también influyó que somos pareja, claro”.

Su estudio se llama Wit (está en Barcelona), y tiene dos porqués: “El nombre es muy importante para nosotros: WIT es We Innovate Together (innovamos juntos), y además la palabra significa ‘ingenio’ en inglés”. “Por eso se aviene con nuestro propósito de hacer cosas diferentes, romper con el yo clásico e incluir en los proyectos no solo a nosotros, sino también al cliente y a los colaboradores”.

“El otro te completa, y al mismo tiempo te saca de la zona de confort y hace mejor el producto final”.

Se conocieron trabajando en un despacho de arquitectos y, aunque sus trayectorias eran diferentes en el ámbito educativo, según comenta Víctor, empezaron a interesarse uno por el trabajo del otro. “El otro te completa, y al mismo tiempo te saca de la zona de confort y hace mejor el producto final”.

Honestidad y coherencia parecen los argumentos del proyecto que tienen en curso, cuya maqueta reposa sobre la mesa. Se trata del hotel Surf & Yoga, en la bahía de Santander. ¿Y cómo resuelven en sus proyectos el dilema entre lo bueno y lo bello, la ética y la estética? “Cuando un proyecto te sale rodado y es coherente, queda precioso; no es que lo bello vaya a ser funcional, pero un diseño funciona al cumplir las dos cosas”, dice Carla. Víctor añade: “Bueno no tiene que significar caro. Lo que es honesto, transparente, simple y sencillo es bonito.