Cartas al director
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La labor de la Real Academia Española

Hace años que no compro el diccionario de la Real Academia Española. Ya no me sirve de referencia. Lo han convertido en una especie de documento notarial que refleja, como si hiciera falta, lo mal que puede hablarse —y se habla— el castellano en España y en Sudamérica. Argumentan que el idioma, como la sociedad, evoluciona. Estoy de acuerdo, pero parecen olvidar que también puede degenerar y, de hecho, lo está haciendo de una forma alarmante. Como la sociedad. Yo creía que la Academia estaba para evitar, o al menos controlar, esa degeneración y no para bendecir todas sus manifestaciones. Si todo vale, señores académicos, ¿qué rayos pintan ustedes?— Miguel Ángel Mate Casado. Bogotá (Colombia).

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