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Un tufillo de irrealidad

Es impensable que quien lleva tantos años en la cúspide del partido no sepa nada

Monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional durante la declaración como testigo de Mariano Rajoy.
Monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional durante la declaración como testigo de Mariano Rajoy. EFE

La política tiene siempre un tufillo de irrealidad. Por eso las crisis llegan cuando la distancia entre la superestructura política y la sociedad se agranda tanto que no se reconocen. La comparecencia de Rajoy ante los jueces para declarar como testigo en el juicio de la Gürtel es una irrupción del principio de realidad en una escena muy blindada. El PP confía en que todo quede en una foto —para la que ha pactado la escenografía— que, con la ayuda de los flujos vacacionales, se amortice en pocos días. Pero si los jueces le han citado es porque las aguas sucias han llegado tan arriba en la estructura del PP que es impensable que quien lleva tantos años en la cúspide del partido no sepa nada. Con lo cual se reaviva la sombra que acompañará a Rajoy para siempre: su negativa a asumir responsabilidades políticas por la corrupción, que es uno de los espacios de ficción que Rajoy se ha construido para sobrevivir.

Lo vemos en la corrupción. La defensa de Rajoy es que los jueces han procesado a muchas personas vinculadas al PP. La justicia hace su camino. Y el presidente da por supuesto que con ello queda libre de responsabilidades políticas, como si Bárcenas, por ejemplo, no hubiera estado nunca a sus órdenes. La escasa colaboración del PP, la caída de un sinfín de personalidades por cuya honestidad el presidente había apostado su palabra, las maniobras para minimizar los casos, o las operaciones irregulares del ministerio de Fernández Díaz, no existen para el presidente. La irresponsabilidad como muro frente a la realidad. Nunca pasa nada en el PP.

La irresponsabilidad como muro frente a la realidad. Nunca pasa nada en el PP

Lo vemos en la cuestión económica. Rajoy vive instalado en el triunfalismo de los datos del crecimiento y del paro, mientras las encuestas demuestran que gran parte de la ciudadanía no percibe la recuperación fantástica de la que el presidente presume. Ni siquiera cuando los organismos internacionales le recuerdan que España está en la cola de la OCDE en políticas sociales y en redistribución fiscal baja el presidente de su nube. Los datos macroeconómicos como refugio para no ver la cruda realidad ciudadana.

Lo vemos en la cuestión catalana. Donde Rajoy se ha instalado en el imperio de la ley como único relato, como si cumplir con la legalidad le liberara de su responsabilidad como máximo representante del poder político de dar respuesta a una realidad social y política que está ahí. Pero Rajoy tampoco es capaz de plantear una alternativa política a la considerable minoría catalana que quiere irse. El fundamentalismo jurídico, otra ficción para eludir la realidad. Algunos dicen que la distancia es la fuerza de Rajoy, aunque el régimen político se debilite día a día.

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