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Cataluña no es Dinamarca

El discurso creado por Artur Mas y los independentistas no tiene nada que ver con la realidad

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente, Oriol Junqueras, durante la reunión semanal del Govern.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente, Oriol Junqueras, durante la reunión semanal del Govern. EFE

Al menos de momento. Hace unos días, el señor Artur Mas decía en una conferencia en Berlín que “crearemos la Dinamarca mediterránea”, y según los medios argumentaba en forma de pregunta “Si el Estado más rico y el segundo más poblado de Alemania quisiese decidir su futuro ¿verían lógico que el Gobierno criminalizase a los políticos que han puesto las urnas?” Se trata de una pregunta retórica, pues la respuesta está al alcance de quien quiera saberlo. En enero de este año, el Tribunal Federal de Alemania rechazaba que Baviera pudiese convocar un referéndum secesionista, con el taxativo argumento siguiente: “En la República Federal de Alemania, que es un Estado-nación basado en el poder constituyente del pueblo alemán, los Estados no son dueños de la constitución. Por lo tanto, no hay espacio bajo la Constitución para que los estados individuales intenten separarse. Esto viola el orden constitucional”. Sería difícil decirlo más claro en tan pocas líneas. ¿No lo sabía el señor Más? Sería grave. ¿Pensaba que nadie se daría cuenta de tal error? No lo sabemos. Pero que conste que en Alemania la Constitución no reconoce el “derecho a decidir”. En cuanto a “criminalizar a los políticos”, la gran diferencia entre los políticos alemanes y algunos de los de aquí, aquellos tienen tendencia a aceptar y acatar las decisiones del Tribunal Constitucional, por lo que no procede actuar contra aquellos que intentasen saltarse la decisión vinculante del alto tribunal. Algo parecido pasó en Italia, con la tentativa de referéndum en la región del Véneto.

Otra diferencia, y no menor con el Norte de Europa, Alemania, Dinamarca, Noruega , etc... es que por aquellas tierras los políticos tienden a dimitir cuando toman una iniciativa política apelando al sufragio, y la realidad les da la espalda. En efecto, dimiten. Aquí el señor Más convocó elecciones anticipadas en 2012 y su partido bajó de 62 (que había obtenido en 2010) a 50 escaños. Y luego, en el 2015, otra vez elecciones anticipadas y Junts Pel Sí, es decir Convergencia en coalición con Esquerra Republicana, vuelven a 62 escaños, pero por separado en la anterior convocatoria sumaban... 73! Las elecciones de 2015 tenían que ser en “clave plebiscitaria”, el resultado no fue el esperado, aunque sumando los imprevisibles 10 escaños de la CUP obtuviesen una mayoría absoluta no exactamente plebiscitaria. Y al final el señor Mas dio un paso al lado, pero no por asumir la responsabilidad política de que bajo su liderazgo su partido político ha ido cuesta abajo, sino como maniobra táctica para que la CUP no lo mandase todo a paseo. El discurso hegemónico de los dirigentes del procés se basa en un tono entre ingenuamente sorprendido y moderadamente indignado de que en Cataluña no se puede votar, porqué el Gobierno de Madrid tiene urnofobia, pero en Cataluña se sigue votando en elecciones autonómicas, municipales, generales y europeas, con censo, urnas homologadas, normas jurídicas habilitantes consolidadas y claras, una administración electoral bien rodada. El discurso del lamento es extraño, pues deliberadamente elude explicar que “votar es democrático” cuando hay un marco institucional y legal claro, vinculante y sobre todo conocido de antemano. En Dinamarca todo esto lo tienen y votan sin mayor problema. Es más, en el Parlamento danés, esto de que el gobierno presente un proyecto de Ley que ha de cambiar la historia del país enunciando solo el primer artículo, pero aplazando sine die el debate parlamentario sobre el mismo, sonaría muy raro. Más diferencias: en Dinamarca no parece que el partido gobernante haya tenido nunca todas sus sedes embargados, varios de sus altos cargos imputados, toda la familia del líder histórico del catalanismo bajo sospecha, imputados varios de sus miembros y uno en prisión cautelar. En Dinamarca no tenemos noticia de que el equivalente del Palau de la Música en Copenhague se haya dedicado a otra cosa que a promover las artes musicales. Y un largo etcétera.

El señor Más parece estar sinceramente convencido de que es el líder providencial, pero su presencia abrumadora en el escenario político es a día de hoy una de las más graves hipotecas que pesan sobre su nuevo partido, Pdecat, que ha tenido que adoptar diversas denominaciones según las elecciones del calendario. Ante tal confusión estratégica y táctica, ¿hemos de esperar al 4 de julio, para que se informe a la ciudadanía de “todos los detalles”, en un acto público en alguno de los Palacios de Barcelona? ¿Por qué no lo hacen en el Parlamento? Dinamarca está muy lejos, en el espacio y en el tiempo.

Pere Vilanova es catedrático de Ciencia Política (UB).

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