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Los precios de alquiler de habitaciones se inflan con el Orgullo

Los asistentes al World Pride 2017 pagan hasta un 41% más que en 2016 en una habitación de hotel y hasta 1.000 euros por noche en pisos de alquiler

Una calle del barrio de Chueca en Madrid con carteles de alquileres de habitaciones.

En 2017 el Orgullo crece, y con él los precios de las habitaciones para asistir a la celebración. Entre dos y tres millones de personas visitarán Madrid durante el World Pride, “el doble que en 2016”, dicen los organizadores. Pero en su edición mundial, del 23 de junio al 2 de julio,también se multiplican las soluciones de alojamiento y su coste. El precio medio por habitación durante estos diez días es de 190 euros, un 24% más del precio habitual, según datos del buscador de hoteles Trivago. “El World Pride, como cualquier otro gran evento, produce ese lógico incremento, pero responde a la oferta y la demanda”, explica Juan Carlos Alonso, coordinador de la fiesta.

“Ocurre como en la final de la Champions o la Copa del Rey y obedece a las leyes del mercado. No tenemos ninguna capacidad de influencia en esas políticas”, asegura Alonso. El Orgullo de Madrid es una de las celebraciones de la comunidad LGTB más reconocidas en el mundo, en su edición de 2016 acogió a un millón y medio de personas provenientes de más de 69 países que pagaron un promedio de 135 euros por noche, un 41% menos que en 2017. Este año, durante los diez días de celebración que se calcula generarán una derrama económica de 200 millones de euros, los precios oscilan desde los 145 hasta los 285 euros. Gonzalo Ladrón de Guevara, director del hotel Room Mate Óscar, ubicado en el emblemático barrio de Chueca, coincide con Alonso: “Los precios han aumentado por una cuestión de oferta y demanda”.

La Comunidad de Madrid cuenta con poco más de 152.000 plazas en establecimientos hoteleros para satisfacer la demanda de los millones de personas que se esperan. Existen, sin embargo, otras opciones de alojamiento, como las viviendas de alquiler de uso turístico. Desde la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid (AEHM) denuncian que este tipo de hospedaje “ilegal” ha pasado de ofrecer 80.000 plazas a las 101.000 con motivo de esta celebración. En la web de Airbnb, el precio por noche en un piso de alquiler puede superar los 450 euros para este segundo fin de semana del Orgullo. A pesar de este incremento, los hoteleros y organizadores del evento no creen que se haya generado una burbuja del alquiler: “Yo no diría que hay una burbuja de alojamiento, lo que sí es cierto es que se ha incrementado muchísimo la oferta para estas fechas”, afirma Juan Carlos Alonso.

Desde la AEHM también observan el incremento: “No podemos negar que hayan aumentado levemente los precios de las habitaciones, pero no solo porque Madrid sea la sede del World Pride 2017, sino porque también acoge tres congresos durante el mes de junio y todo esto suma”, señala en un comunicado Mar de Miguel, secretaria general de la asociación.

En Misterb&b, un buscador de pisos de alquiler para la comunidad LGTB, los precios de apartamentos en Chueca pueden llegar hasta los 1.000 euros la noche para el fin de semana del 30 de junio al 2 de julio. “Algunos de nuestros anfitriones aumentan los precios ya que la demanda es realmente increíble. Otros, están felices de ofrecer un apartamento compartido al precio habitual para ayudar a su comunidad a experimentar un Orgullo de manera asequible. Pero nosotros no sugerimos precios. Cada anfitrión establece los suyos”, reconoce a EL PAÍS Matthieu Jost, fundador de esta plataforma.

La lucha por los huéspedes

Y a pesar de los altos precios, el efecto del alojamiento en pisos de alquiler se ha notado en los hoteles de la capital, que denuncian tener una ocupación por debajo del 90%, un porcentaje “inferior al registrado el pasado año en estas mismas fechas con motivo del encuentro nacional del Orgullo Gay en la capital, una cita que llegó a impulsar el nivel de las reservas hasta el 95%”, apuntaba la AEHM en un comunicado publicado una semana antes del inicio del evento.

“Esto es síntoma de que algo está pasando. Cada vez somos más conscientes de que una parte importante de los visitantes están optando por otras fórmulas de alojamiento no regladas”, ha advertido De Miguel.