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Hexágono de cristal

A este lado de los Pirineos, la sombra de Macron es muy corta

Emmanuel Macron, presidente electo de Francia.
Emmanuel Macron, presidente electo de Francia.

Cuando nos sentimos optimistas, creemos que España puede ser Dinamarca, con su dinamismo económico y calma social. Cuando pesimistas, que todos los caminos nos llevan a Italia, con su parálisis económica y estridencia política.

Pero lo realista es pensar que España es una sombra de Francia. A veces más luminosa que la propia figura. Durante los tres últimos siglos, nuestra política ha ido básicamente siguiendo las huellas galas. El Hexágono es, pues, la mejor bola de cristal para adivinar los retos que nos deparará el futuro.

A nivel sustantivo, la principal característica política de Francia es que se ha convertido en el país de la OCDE con el mayor gasto público (57% del PIB), y social (31% del PIB). Cada incremento presupuestario ha comprado un poco de paz social. Pero, a largo plazo, la factura total y los agravios particulares han tensionado la sociedad. El sector público francés es percibido como excesivamente generoso con unos grupos y demasiado cicatero con otros. El contrato social corre peligro en una Francia fracturada económica, generacional, cultural y regionalmente.

Y las elecciones francesas nos han enseñado que, para abordar este problema, el centro es más valiente que los extremos. Mélenchon está en las antípodas políticas de Le Pen, pero comparten un mismo huso horario, una política continuista con el paradigma, propio del siglo XX, según el cual el bien común es sinónimo de gasto público.

Macron ha lanzado el mensaje difícil que no han sabido articular los partidos tradicionales: dejemos de identificar el aumento de los presupuestos, incluso de las partidas “sociales”, con la defensa de lo público. Macron propone redistribuir las políticas redistributivas, recortando la acción estatal en unos ámbitos y reforzándola en otros.

España está lejos de esa sofisticación. El debate sobre los presupuestos ha puesto de manifiesto que seguimos anclados en una visión unidimensional de la política. La izquierda pide elevar el gasto para acabar con la “austeridad” y la derecha limitarlo para evitar una “borrachera”. A este lado de los Pirineos, la sombra de Macron es muy corta. @VictorLapuente

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