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Agencias matrimoniales en tiempos de Tinder

Las empresas para formar pareja resisten a las 'app': son la mitad que hace diez años, pero facturan más

Pilar y Josep se conocieron a través de una agencia.

En el día de los enamorados hay parejas que pasan del asunto, otras se lo curran y algunas tachan la fecha por considerarla una tradición consumista. El 14 de febrero es, en cualquier caso, una fecha señalada en el imaginario popular. Entre los métodos más tradicionales para estar acompañado, las agencias matrimoniales han sido una referencia para no pasar solo el día de Cupido. También las que más han sufrido la aparición de aplicaciones y webs dedicadas a formar parejas. En la última década, el número de agencias en España ha descendido de unas 140 a alrededor de 60, según datos del sector. Sin embargo, el volumen de negocio ha ascendido de dos a seis millones de euros debido a un progresivo aumento de clientes y a la profesionalización del sector.

¿Quién recurre a una agencia matrimonial pudiendo acceder de manera gratuita a un océano de perfiles de hombres y mujeres deseosos de compartir unas cervezas, una cama o una vida? Las agencias matrimoniales todavía existen. El negocio funciona y ha encontrado un nicho de población que busca “seriedad, confidencialidad y compromiso”. Un negocio que resiste al mundo online y que pese a la desaparición de muchos locales tiene un nicho de público constante.

Mientras aplicaciones como Tinder registran 26 millones de contactos cada día o webs como Meetic presumen de haber generado más de 600.000 matrimonios, las agencias se diferencian por saber tratar a sus clientes de un modo personalizado. María del Carme Banús, fundadora de SamSara, una agencia barcelonesa con más de 20 años de experiencia, desconoce el mundo de las tecnologías para ligar. “Tenemos bastantes más clientes que cuando empezamos”, señala. “Ahora hay menos agencias, pero de más calidad". En los noventa el mercado estaban más atomizado y ahora más concentrado. Había más empresas pero tenían menos clientes y lógicamente estaban más repartidos. Al comienzo tenían todo tipo de perfiles, mientras que ahora los solteros que acuden a su negocio son más “comprometidos y con menos tiempo: valoran estar acompañados y a las personas que quieren una relación estable”.

Una de las clientes de SamSara señala los motivos para optar por una agencia matrimonial tradicional en vez de las aplicaciones. “Me convenció porque es más serio y más profesional que las aplicaciones, donde los usuarios no buscan seriedad ni compromiso”. En su caso el asesoramiento funcionó “perfectamente”. Uno de los motivos que señala es el poder adquisitivo que atrae a los clientes ya que en su caso la inversión rondó los 1.500 euros. “Haces una criba importante en la sociedad y para mí ha sido una gran inversión. Llevo siete años con mi marido”, cuenta.

Alicia López, socióloga de Lazos, la agencia matrimonial más veterana de España, afirma que a través de aplicaciones como Tinder o Happn es “muy fácil” conocer a gente, pero el porcentaje que quiere establecer una relación seria es “muy bajo”. “Nosotros hacemos una criba; buscamos a una persona adecuada al estilo de vida del cliente, no cientos de perfiles como las aplicaciones”, añade. La ayuda de Cupido tiene un precio y, en este caso, el coste básico de Lazos ronda los 600 euros. A juicio de López, lo que han hecho las nuevas tecnologías es “abrir la mente” de las personas para que acepten el concepto de quedar con personas desconocidas. “Al principio éramos una agencia top en España, era algo muy novedoso, luego bajó cuando aparecieron las plataformas virtuales y ahora hay un incremento de clientes que lo intentaron por las aplicaciones, no les ha gustado y nos han vuelto a buscar”, concluye.

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