LA PUNTA DE LA LENGUA
Columna
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Corresponsal en la zona

La técnica de ofrecer menos datos de los disponibles, para inducir a engaño, alcanza a los actos más cotidianos del periodismo

Atentado en Estambul con 29 muertos y docenas de heridos.
Atentado en Estambul con 29 muertos y docenas de heridos.Ozan KOSE (AFP PHOTO)

Se puede decir una mentira sin mentir. Se puede engañar contando datos verdaderos. El truco consiste en exponer unos hechos ciertos y, silenciando otros, inducir a una interpretación falsa.

Cuando se da menos información relevante de la que se tiene o se puede obtener, el público la completará mediante unos mecanismos psicológicos en los que influyen el contexto, las analogías, la experiencia, los recuerdos, las creencias...

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Si nos cuentan de un amigo aficionado a la velocidad y el riesgo que se ha matado en un accidente de coche, pensaremos de inmediato que era él quien conducía. Sólo cuando nos aclaren que viajaba en el asiento trasero saldremos del error. Y si nadie nos precisa eso, asumiremos sin dudar la creencia equivocada.

La técnica de ofrecer menos información de la que se tiene, para llevar a conclusiones falsas, alcanza a veces a los actos más cotidianos del periodismo. Así sucede cuando desde la Redacción central se anuncia la crónica del “corresponsal en la zona”.

Los significados de “zona” o “región” dependen del contexto. Hablamos de una zona de la casa o de una zona del mundo; de una región como La Rioja o de toda la región sudamericana. Pero en periodismo se dice a veces “la zona” para omitir el lugar concreto donde se halla el periodista, disimular la distancia real y dar una apariencia de cercanía con la noticia.

El pasado domingo se cometió un atentado en Egipto (murieron al menos 23 personas) y un locutor de radio presentó así al compañero a quien dio paso: “Informa nuestro corresponsal en la zona”. Esa zona tenía un radio de unos 400 kilómetros, porque se trataba del corresponsal en Jerusalén. En otras ocasiones ocurre algo en un país de América Latina y el corresponsal radicado en México o Buenos Aires se hallará quizás a unos 5.000 kilómetros del suceso y será también “corresponsal en la zona”.

Al oír eso, el público entenderá “zona” como el entorno más inmediato de los hechos y supondrá al periodista sobre el terreno, quizá porque ésa es la imagen que se ha configurado hasta ahora en su mente sobre el trabajo de los reporteros.

El 11 de marzo de 2011, cuando se desató el tremendo terremoto de Japón, una cadena de televisión también dio paso a su “corresponsal en la zona”. Pero la periodista se encontraba en Pekín (eso se ocultó), a unos 2.000 kilómetros del seísmo. Ahora bien, el presentador no dijo ningún dato falso. Ésa es la zona que llamamos Oriente.

Recorrer el lugar del suceso, describir lo que se ve y obtener testimonios directos no queda al alcance del corresponsal en la zona, sino del periodista que sí está en ese lugar. La crónica que elabore desde otro país cercano apenas se diferenciará de la que podría ofrecer desde Barcelona o Madrid; y por eso se silencia ese dato, para que el público imagine al informador donde no se halla.

Ahora bien, los corresponsales en la “zona” o en la “región” suelen conocer muy bien las fuentes y la situación política de los países de su entorno. Tal vez se diera más valor a esas crónicas si fuesen presentados como el “especialista de la emisora en Oriente Próximo”, o como el “entendido en temas latinoamericanos”... y fórmulas similares. La opción “nuestro corresponsal en la zona” puede derivar en engaño. Y los medios deben huir siempre de las trampas, incluidas las que parecen pequeñas.

Sobre la firma

Subdirector de EL PAÍS y doctor en Periodismo. Presidió la agencia Efe entre 2004 y 2012, etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades. Es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.

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