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Crímenes de guerra favorecidos por la indiferencia

Vuelven los bombardeos del régimen de El Asad contra centros sanitarios y escuelas de Alepo

Un bebé es rescatado en abril de un hospital de Médicos Sin Fronteras en Alepo.
Un bebé es rescatado en abril de un hospital de Médicos Sin Fronteras en Alepo.

Los hospitales y las escuelas de los barrios orientales de Alepo se han convertido en blanco de los bombardeos lanzados por el régimen de El Asad en la última semana. Los ataques han afectado a los escasos hospitales que aún eran capaces de proporcionar asistencia en la parte asediada de la ciudad, lo mismo que a dos colegios. Médicos sin Fronteras advirtió el día 21 del impacto sufrido por “el único hospital pediátrico especializado en el sitiado este de Alepo”: tres pisos destruidos y el centro sanitario fuera de servicio. Además, otros ataques han dejado inoperativos dos centros quirúrgicos y el hospital general. Unicef, por su parte, denuncia la terrible situación de unos 100.000 niños atrapados por el asedio, para los que no existe ya ningún lugar seguro.

Los ataques se dirigen desde hace meses a la destrucción de las infraestructuras civiles de las que puede servirse una población estimada en 275.000 personas. El problema no es solo la destrucción física de las instalaciones y de los que se encontraban en ellas, sino el terror que causan entre la población sometida al diluvio del fuego artillero, de los misiles tierra-tierra y de las bombas vomitadas desde aviones y helicópteros. La ofensiva se ha recrudecido, a juzgar por los vídeos y las informaciones —quizá incompletas, pero las únicas disponibles— que llegan hasta los medios de comunicación y las redes sociales. La intensificación de la campaña militar coincide con el agotamiento de las reservas de alimentos de la ONU: hace meses que ningún convoy de ayuda humanitaria puede entrar en las partes de la ciudad asediadas por el régimen sirio, siempre protegido por sus aliados rusos.

No hay duda de que la reconquista de Alepo sería una gran victoria militar y política para el presidente El Asad y un punto de inflexión decisivo en una guerra que dura ya cinco años. En el intento de marcarse ese tanto, no parece dispuesto a ahorrar a la población civil ninguna de las penalidades —bombardeos, hambre— que, hábilmente combinadas, pueden llevarle a conseguir la rendición de los rebeldes.

Es verdad: ha protestado la Casa Blanca, pero todo el mundo sabe que la actual Administración de Barack Obama da sus últimas boqueadas en la transición hacia una presidencia mucho más inquietante. También es cierto que Ban Ki-moon ha condenado personalmente los últimos ataques, asegurando que sus responsables tendrán que rendir cuentas “algún día”. Pero, ¿cuánto pesa el enésimo comunicado de un secretario general de la ONU al que le quedan unas pocas semanas en el puesto?

No puede haber nada más contrario al derecho humanitario que el bombardeo de hospitales y escuelas. Para conseguir que dejen de cometerse estos crímenes de guerra, la comunidad internacional tiene que salir de la indiferencia prácticamente total con la que asiste a tales atrocidades.

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