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Columna
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El día después

Para que el cambio sea efectivo los partidos en la oposición deberían ir más allá de coaliciones negativas para bloquear la iniciativa legislativa del Gobierno

Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría en el Pleno del Congreso
Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría en el Pleno del CongresoUly Martín

Las protestas y revoluciones sociales se sostienen a menudo sobre una coalición negativa de intereses. Así se llama al grupo de individuos y organizaciones que, siendo enormemente divergentes en sus preferencias sobre las cuestiones políticas más relevantes, se unen para acabar con el sistema político imperante.

Una alianza amplia y heterogénea puede ser tan efectiva a la hora de acabar con el statu quo, como insuficiente para construir un proyecto político común una vez cumplido su objetivo: las élites se fracturan, las divisiones emergen y al derrocamiento del régimen sucede un periodo de inestabilidad. Esa ha sido la historia y final de la revolución naranja en Ucrania en 2004 y de otras revoluciones en Latinoamérica.

¿Qué aplicación tiene la idea de coalición negativa en el contexto político español?

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La idea puede capturar las posibles dinámicas parlamentarias en el día después de la investidura. Muchos se cuestionan estos días si el Parlamento podrá gobernar en la próxima legislatura, una manera algo desacertada de preguntarse si los partidos de la oposición serán capaces de formar mayorías legislativas.

Tal posibilidad supondría un cambio radical respecto a lo sucedido en el último Gobierno del PP, marcado por el ninguneo del Parlamento y un récord histórico en la utilización del decreto-ley. Sin embargo, para que el cambio sea efectivo los partidos en la oposición deberían ir más allá de coaliciones negativas, en las que la oposición se une para bloquear la iniciativa legislativa del Gobierno.

El bloqueo no solo puede conducir a la parálisis, sino impedir que la Cámara se convierta en un contrapeso eficaz a la acción del Gobierno mediante una oposición capaz de impulsar actividad legislativa.

Las dificultades radican en que la consecución de acuerdos legislativos en el Parlamento devuelve a los partidos a dilemas y estrategias parecidos a los que afloraron durante las negociaciones de los últimos meses. Y es eso lo que debilita la luz al final del túnel. @sandraleon_

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