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“En los cuentos de hadas a las mujeres se nos programa para que aceptemos condiciones vitales de alto riesgo”

La escritora Sofía Rhei debuta en la novela para adultos con ‘Róndola’ una historia de fantasía y humor políticamente incorrecta

Sofía Rhei, la autora de 'Rondola'. Ampliar foto
Sofía Rhei, la autora de 'Rondola'.

Sofía Rhei (Madrid, 1978) apunta alto en sus aspiraciones vitales: su máxima es conseguir no tomarse en serio a sí misma. Es uno de los aprendizajes que ha interiorizado durante el proceso de escritura de su primera novela para adultos, que acaba de llegar a las librerías. “Para mí el humor contiene una actitud vital de estar en el mundo que me parece muy necesaria”. Por eso insiste en que el lector se tome el viaje por Róndola como un divertimento. No es el único motivo, sin embargo, por el que este cuento de hadas moderno se puede calificar de poco tradicional, como explica la autora. “Normalmente en los libros de fantasía se presentan héroes que tienen muy claras sus tareas. En este libro sucede todo lo contrario. Quería, por una parte, invertir el porcentaje de personajes masculinos y femeninos, que suele estar muy cargado hacia los protagonistas hombres. Y aquí pasa al revés, son chicas viviendo aventuras”.

De hecho, la escritora considera que Róndola es un relato feminista, pensada para que la sensación de protagonismo y el foco de la historia estén puestos constantemente en las mujeres. “Pero para mí es muy importante y muy intencionado que si un hombre lee el libro esté obligado a ponerse en el punto de vista de esas mujeres”. Como autora, cuya trayectoria hasta ahora había surcado por los caminos de la literatura juvenil y la poesía, está convencida de que escribir para adolescentes requiere del escritor una responsabilidad especial por estar creando nuevos lectores. “En los cuentos de hadas tradicionales se transmiten algunos mensajes que pueden ser negativos para la autoestima de la mujer, en los que se nos programa para que aceptemos una serie de condiciones vitales que son de alto riesgo”, lamenta.

Muchas veces en la vida hombres y mujeres tenemos momentos de dudas. En las mujeres son más intensas porque de alguna manera el sistema social nos causa un montón de inseguridades”, añade. Ese es uno de los temas centrales de la novela, y para ella que los personajes principales sean princesas es un mensaje para animar a las lectoras a que se rescaten a sí mismas. “Lo que he querido decirle a las mujeres es que tienen que ser sus propias dueñas y gobernar su situación”.

El humor, el otro elemento que abandera, lo representa a través de la óptica de la cotidianeidad. “Me apetecía mucho hacer un cuento de hadas más relajado, que añadiera a los temas tradicionales de la fantasía, situaciones graciosas de la vida cotidiana que nos pasan todos los días”. Además, utiliza un tono aparentemente inocentón que bebe de sus obras juveniles, aunque habla abiertamente de sexo. “Desde el ámbito privado de los personajes y luego también de opciones que igual no son las más convencionales hoy en día”.

Bodegón con el mapa de 'Rondola'. ampliar foto
Bodegón con el mapa de 'Rondola'.

Eso sí, el coctel de realidad lo adereza con ingredientes surrealistas que innovan en el género. Rheí ha querido homenajear al escritor del género Terry Pratchett y a su serie de novelas Mundodisco. Deseaba que la historia de Róndola transcurriera en un mundo con forma de algo. “¿Por qué de donuts? Porque me gustan. Así de simple, así de básico”, relata la escritora. “Enseguida te das cuenta de que es un libro de humor, porque obviamente la próxima novela de Javier Marías no va a ser sobre donuts”, bromea. A partir de su gusto por las rosquillas ha creado todo un universo que ha tardado seis años en construir, cada mínimo detalle del mundo de Róndola, recopilados en un almanaque de más de 100 páginas que el lector se puede descargar de forma gratuita. “Evidentemente, en el mundo fantástico no puede haber el mismo calendario, ni el mismo idioma. Hay que pensar como son un montón de cosas para que tengan coherencia con la trama”. A pesar de que haya intentado alejarse de los cánones —y está convencida de que su novela puede herir sensibilidades –y así lo advierte en la portada— no se considera transgresora. “En mi mundo ideal este libro no debería serlo, aunque por lo visto sí lo sea”.