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El coche ecológico, la esperanza de las grandes ciudades

El aumento de las ventas de vehículos híbridos y eléctricos apunta a un cambio de tendencia

Recarga de la batería de un coche eléctrico en Barcelona.
Recarga de la batería de un coche eléctrico en Barcelona. CARLES RIBAS

No es como para lanzar las campanas al vuelo, pero marca tendencia: crece el número de coches eléctricos e híbridos matriculados en España. Las cifras son todavía modestas pero significativas y su evolución indica un cambio que puede tener grandes repercusiones sobre la calidad ambiental pues son coches que contaminan mucho menos. En los ocho primeros meses del año se han matriculado 19.234 híbridos, lo que supone un aumento del 70,7%. La cifra supera ya el total de los matriculados en 2015. También crece la venta de coches eléctricos puros, aunque en este caso el volumen es menor: 2.727 unidades, un 98,2% más que en el año anterior. Los coches ecológicos con mayor penetración son los híbridos que combinan motor eléctrico y de gasolina, pero desde el punto de vista ambiental son más interesantes los híbridos enchufables porque pueden circular hasta 40 kilómetros solo con la batería y ésta puede recargarse directamente en la corriente.

Los fabricantes ofrecen ya una amplia gama de coches ecológicos. La decisión depende ahora de los consumidores, cada vez más conscientes de que sus pequeñas y no tan pequeñas decisiones tienen repercusiones generales. A veces, la decisión más conveniente desde el punto de vista del interés particular no lo es desde el punto de vista del interés colectivo. Es lo que ocurrió con los coches diésel. Muchos compradores tomaron en su momento la mejor decisión para su economía, pero la peor para sus pulmones. Se decantaron por el diésel por sus ventajas: el motor duraba mucho más y el combustible era, en ese momento, mucho más barato. Pero conforme crecía la proporción de coches diésel en el parque móvil, empeoraba la calidad del aire, especialmente en las grandes ciudades. Ahora son la principal fuente de contaminación y la normativa tenderá a penalizarlos.

Ahora los astros parecen ponerse en línea: cada vez hay más ciudadanos sensibles a las cuestiones ambientales dispuestos a contribuir con su granito de arena y las autoridades comienzan a apostar por la movilidad ecológica. El Plan Movea, dotado este año con 16,6 millones de euros, ofrece ayudas a la compra de coches eléctricos e híbridos enchufables de 5.500 y 3.700 euros respectivamente, una cifra nada despreciable. Pero lo que realmente contribuiría a aumentar la proporción de estos coches es la extensión de una red que facilite la recarga de las baterías.

El coche eléctrico no produce ninguna contaminación al circular, pero su potencial ecológico depende del origen de la energía que consume. En realidad, hay que imputarle la contaminación generada para producir la electricidad que lo mueve. Se da la paradoja de que si esta procediera totalmente del carbón, la contaminación generada (aunque en otro lugar) podría llegar a ser mayor que si circulara con gasolina. Pero si procediera en su totalidad de fuentes renovables, entonces no produciría ninguna contaminación. La realidad es así de compleja. Tomar la decisión de compra más acertada no es suficiente. Hay que asegurar también una política energética basada en fuentes limpias y renovables.

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