Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sol y sobras: energía sostenible

El proyecto europeo para transformar nuestros residuos y la luz del Sol en biocombustible tiene en Chiclana su experimento más avanzado y esperanzador

El agua residual es sometida a un pretratamiento para retirar papeles o plásticos.
El agua residual es sometida a un pretratamiento para retirar papeles o plásticos.

Tenemos dos problemas: generamos demasiados residuos y quemamos demasiada gasolina. Ante la dificultad, comprobada o previsible, de dejar de hacer ambas cosas, siempre nos queda la posibilidad de entrelazarlas en un solo proceso autosostenido. Un proceso que utilice nuestros residuos para generar biocombustible, de modo que lo podamos quemar otra vez para, de un modo u otro, acabar generando los mismos residuos que reinicien el proceso. No es el cuento de la lechera, sino una mezcla de ciencia sólida y sentido común. Lee en Materia el proyecto europeo que ya está muy avanzado en Chiclana de la Frontera.

Se basa en la idea de que las aguas residuales no son un lastre, sino un recurso: materias primas para la producción de energía. Energía solar, esencialmente, procesada por las mejores placas fotovoltaicas que tenemos a nuestra disposición: las algas unicelulares, o microalgas, que crecen en el agua estancada lo quiera uno o no.

Las algas se alimentan de los compuestos de nitrógeno y fósforo que, precisamente, son lo que queremos eliminar de las aguas residuales. Mediante la fotosíntesis, que les permite vivir de la luz del Sol, producen oxígeno. Las bacterias vecinas respiran ese oxígeno para producir el CO2 que necesitan las algas. Es un ciclo, como los que forman las reacciones metabólicas de nuestras células, o los elementos esenciales de la biosfera: un ciclo autosostenible. Y, al menos mientras los humanos sigamos tragando comida y deponiendo residuos en nuestras tazas, el ciclo nos devolverá combustibles para nuestros coches, y fertilizantes para nuestra agricultura.

Necesitamos de manera urgente energías relativamente limpias (que emitan poco CO2) y relativamente sostenibles: que se basen en un tipo de combustible inagotable, como seguramente sean nuestros residuos mientras nos empeñemos en comer y beber. Y también necesitamos que, a largo plazo, nuestra principal fuente de energía sea el Sol. Nuestra estrella es un reactor de fusión mucho mayor y más eficaz que cualquier cosa que seamos capaces de construir en el futuro. Chiclana no será perfecto, pero tiene mucho de esos tres requisitos que formarán la mano ganadora. Sigamos por ahí.

Más información