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São Paulo lucha como una mujer

Esta ciudad brasileña, marcada por la diversidad y la desigualdad, vive un momento de efervescencia del movimiento feminista

Mariana Rosa, artista, participa en el evento “Claudias, Eu? Negra!” con un grafiti. Ver fotogalería
Mariana Rosa, artista, participa en el evento “Claudias, Eu? Negra!” con un grafiti.

Brasil. São Paulo. Más de 11 millones de habitantes en una sola ciudad. Las cifras del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística confirman que la mayoría son mujeres: un 52,64% de su población. En 2012, el Coeficiente de Gini del Municipio de São Paulo alcazaba los 0,53 puntos, un indicador que mide la desigualdad en la distribución de renta, siendo uno la perfecta desigualdad. Sus calles, sus puentes y las puertas de sus iglesias se encuentran repletas de personas a las que solo resta la vida y que, sin embargo, consiguen encontrar fuerza para seguir sumando días al horizonte que hace tiempo perdieron de vista.

También en sus calles, en su metro, en cada espacio público de la inmensa ciudad, São Paulo da a conocer el significado de la diversidad. Muestra cada día un nuevo rostro en los asientos de los ônibus que recorren su región metropolitana: el de un preto, estereotipo del ciudadano brasileiro; el de una anciana de ascendencia alemana, el del japonés dueño de las mejores temakerias de la ciudad o el de la estudiante entusiasmada que protesta a las puertas de su escuela por una educación de calidad.

La pobreza de sus calles acaba por ser un elemento más de la atmósfera de esta gigantesca urbe. Duele, asusta ver que, tras varios meses recorriéndola, el sin techo de la Praça da Sé se convierte en parte del espectáculo que observa el atento turista.

La ciudad de la diversidad, de las muestras de arte contemporáneo y de las fiestas alternativas en espacios públicos ocupados, también acoge, sin reparo, a grandes representantes del patriarcado. Primero, una presidenta destituida de su puesto en nombre de “Dios”, de la “familia” y hasta de los “militares del [golpe del] 64”, a partir un proceso de impeachment considerado antidemocrático por gran parte de sus ciudadanos.

Fuera del Congreso, solo nueve días después, una muchacha de 16 años es violada por más de 30 seres, en el Estado vecino de Rio de Janeiro. 33 hombres que en una noche abordan un nuevo debate para discutir dónde debería haber estado y no la adolescente; y deciden lo que la misma merece recibir por haber, simplemente, tenido la suerte de nacer mujer.

Pero en cada rincón de la misma ciudad, la de la desigualdad y la diversidad, despiertan las fieras. Meninas, adolescentes, hermanas, madres, ancianas, todas las mujeres luchadoras de São Paulo se levantan para acabar con la #culturadoestupro, para gritar “no pasarán”, para defender que no caerá ni una más.

Solas o acompañadas, casi siempre organizadas en colectivos, se unen cada día para plantar cara a las injusticias que nacen de las más profundas bases de la sociedad. Las iniciativas parten de todas ellas y llegan hasta los puntos más periféricos de la ciudad.

En la favela Jardim São Remo, Janeide de Sousa Silva, pedagoga y colaboradora del NEINB (Núcleo de Apoyo a la Investigación en Estudios Interdisciplinares sobre el Negro Brasileño), organizó el pasado 19 de junio un evento que recopilará fotografías para la muestra Claudias, Eu? Negra!, que tendrá lugar en agosto.

Se trata de un homenaje a Claudia da Silva Ferreira, madre de cuatro hijos con 38 años de edad, que fue disparada por la Policía Militar del estado de Rio de Janeiro “por su parecido físico con una traficante, mientras volvía de la panadería con un saco de pan” relata Janeide.

Claudia fue arrastrada al menos 250 metros por el furgón policial, perdiendo primero su piel, que quedó grabada en el asfalto; para acabar finalmente sin vida, antes de que los guardianes del orden consiguiesen llevarla hasta el hospital más cercano. Un “saco con cuatro hijos”, una de las tantas mujeres negras, faveladas y maltratadas, es hoy venerada por aquellas que habitan la periferia paulistana.

Como complemento a esta muestra nació el proyecto La belleza de la mujer negra en y de la periferia con el objetivo de empoderar a las mujeres negras “en relación a su negritud, a su belleza, sabiduría, a los dolores y alegrías; a su labor, a su tiempo de ocio, a las dinámicas de existencia, resistencia y persistencia que forman parte del día a día de quien está y es de la periferia”, asegura Janeide.

Muchas de nosotras usamos las redes sociales para exponer nuestras opiniones y estamos sujetas a persecuciones y amenazas

Samia, activista

Este movimiento pretende promover la belleza no cosmética, mas natural, del hecho de ser mujer. Según Janeide, se trata de “una invitación a las habitantes de las favelas para reflexionar sobre la estigmatización y tentativas históricas y racistas de silenciar y descalificar a las mujeres negras”.

Así, a las calles de la favela llegaron multitud de adultas y niñas negras, para alzar su voz y defender su condición. Masajes, talleres, espectáculos y todo tipo debates y encuentros, fueron las actividades organizadas en São Remo para apoyar la lucha que comparte la mayoría de ellas. “Me cansé de verme a mí y a mis iguales discriminados, de creerme fea, de no tener mis derechos respetados, ni mi trabajo valorizado hasta cuando fue el único que alcanzó todas las metas”, cuenta Janeide.

Por todo ello, comenzó a militar en el movimiento negro y feminista de São Paulo y salió de la zona de desconfort: “sí, de desconfort porque ser negra y no respetarse como tal es algo muy ruin, que da dolor de alma. Salí de ella para ser yo, Janeide de Sousa Silva, en la zona de confrontación”.

A escasos ocho kilómetros de distancia, en el barrio bohemio de Vila Madalena, el colectivo Juntas! presentó ese mismo Domingo la pre-candidatura de Sâmia Bomfim, una de sus miembros más activos, a la Concejalía del Ayuntamiento de São Paulo por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad).

El espacio Aldeia 455, donde el evento se celebró, acogió a multitud de mujeres y hombres, para debatir en torno a la construcción de una Sampa —el cariñoso nombre que conceden a São Paulo— inclusiva, diversa y colectiva. “Apoyamos la construcción de una candidatura que sea la antítesis de la vieja política fallida que tenemos en Brasil”, divulgó el grupo en su evento.

Sâmia tiene solo 26 años, se formó en la Universidad de São Paulo y es integrante de la Secretaría de Mujeres del Sindicato de la misma. En mayo de 2015 creó un evento en Facebook para reunir personas indignadas con las declaraciones de Alexandre Frota, una “celebridad que apareció en el programa de televisión Agora é Tarde, afirmando que “habría practicado sexo con una monja en contra de su voluntad”, declaró Sâmia en el blog Intervozes. Tras protestar contra el que consideró un acto de apología a un delito de violación por parte del actor, fue él quien, sin embargo, la denunció por calumnias y difamación.

Hoy Sâmia mantiene su firme posición. "Muchas de nosotras usamos las redes sociales para exponer nuestras opiniones y estamos, de alguna forma, sujetas a persecuciones y amenazas”, defiende. Pero tiene la seguridad de que eso es una reacción al crecimiento y amplitud que el feminismo está tomando, "especialmente en las redes y entre la juventud”.

Al fondo de la sala, en una cristalera ha quedado plasmada una frase: “De olhos abertos, de olhos fechados, sonhemos” [Con los ojos abiertos, con los ojos cerrados, soñemos]; y en la pared opuesta, las seguidoras y seguidores de Sâmia, efectivamente, sueñan. Aportan sus pareceres a la candidatura, mapeando la ciudad con sus propuestas. Las apuntan en pequeños pedazos de papel, para conseguir una ciudad libre, para todos, para todas ellas.

“Mientras ellos hacen grandes pactos, nosotras luchamos. Mientras son machistas y conservadores, nosotras construimos una pre-candidatura feminista que lucha por el derecho al cuerpo, salud y por la vida de las mujeres. Mientras roban la merienda, nosotras ocupamos escuelas. Mientras matan a jóvenes negros en las periferias, nosotras luchamos por el fin de la policía militar”, defiende el colectivo.

Desde un rincón más tranquilo de la sala, cuando Sâmia ya ha conseguido despedirse de casi todos los que han acercado para brindarle su apoyo, se reafirma con seguridad: “el feminismo es una pauta de la sociedad de Brasil que está obligando a los viejos políticos, a la política tradicional a hablar de temas que nunca tratan, como la violencia contra las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos. Varios temas que antes quedaban encerrados en el movimiento feminista, ahora son tratados por toda la sociedad. Y creo que eso es una herencia de nuestra generación, de nuestra militancia, de nuestra lucha".

Solas o acompañadas, las mujeres de São Paulo se unen cada día para plantar cara a las injusticias 

El ambiente agitado de la ciudad demuestra que, para defender la igualdad de género, en los últimos años han nacido nuevas candidatas a la política, propuestas diferenciadas y multitud de colectivos, que se han ido uniendo a la “gran efervescencia del feminismo en São Paulo. No solo porque los principales nombres de la resistencia feminista actualmente están en esta ciudad, como la ONG Think Olga, sino también porque existe una gran movilización en las universidades y hasta en las escuelas, en pro de acciones que estimulen el empoderamiento femenino”, asegura Ana Paula Souza. Esta joven norteña de 23 años es otra feminista emprendedora. Fundó Lado M, la que hoy se ha convertido en una de las principales plataformas en internet que sostienen el movimiento feminista en Brasil.

“La mayor parte de los contenidos hechos para el público femenino dictan cómo las mujeres deben vestirse, comportarse y pensar, siempre poniendo como referencia lo que es interesante para el hombre”, asegura Souza. Pero desde Lado M trabajan con un equipo de tres miembros fijas más 50 colaboradoras en todo Brasil, que a partir de diversas campañas consiguen mostrar a las mujeres “que todas merecen ser respetadas, independientemente de las elecciones que tomen en sus vidas, de la ropa que usen o de las personas que amen” concluye la periodista.

Y es en São Paulo, foco del caos de una metrópoli de más de 11 millones de habitantes, cuna de la diversidad y la desigualdad que pueblan sus calles, donde cayó una presidenta de su poder, para dejar paso a nuevas generaciones de mujeres políticas que luchan por la igualdad de género y el desarrollo de su sociedad.

Es también en esta ciudad, donde las redes sociales sirvieron a varios hombres para burlarse de un caso de violación colectiva a una muchacha de 16 años de edad, el mismo lugar en que, también desde el lado opuesto, de nuevo las mujeres, usan estas redes para organizarse y pelear contra las injusticias que rodean la esfera de la feminidad y que fomentan su inferioridad, afectiva, sexual, productiva e intelectual.

São Paulo, hoy, por el bien de sus crianças, de sus meninas, de sus adolescentes, también de sus hombres; pero sobre todo por los y las amantes de la igualdad, lucha como una verdadera mujer.

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