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“Me siento como si me faltara un brazo en esta UE”

Varios lectores de EL PAÍS expresan su consternación por el Brexit, su temor a una ruptura de Reino Unido y su disgusto por el triunfo del miedo

Esta es una selección de cartas de los lectores sobre el triunfo del Brexit en el referéndum británico.

La bandera de Reino Unido ondea ante una de las caras del Big Ben
La bandera de Reino Unido ondea ante una de las caras del Big Ben AFP

Reino Unido es un Estado unitario comprendido por cuatro naciones constitutivas: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Inglaterra, favorable al Brexit, es quien ha llevado la voz cantante dentro del cuarteto. Ahora bien, el 18 de septiembre de 2014 Escocia realizó un referéndum para ver si continuaba siendo partícipe de esta unión iniciada en 1707. La firme postura de la Unión Europea de dejar fuera a Escocia si salía de Reino Unido terminó decantando por la permanencia una balanza tremendamente igualada. Irlanda del Norte también ha votado a favor de permanecer en Europa. Como su relación con sus vecinos del sur nunca ha sido la mejor, tampoco sería descartable una salida de este país de Reino Unido, constituyendo un país independiente o formando una unión íntegra en la isla irlandesa. Gales es la partidaria de zarpar con Inglaterra en el bote del Brexit. Sin embargo, se quedan sin capitana ya que, a pesar del fuerte apoyo de su alcalde, la City londinense es partidaria de pertenecer a Europa. Por ella pasan hasta ahora la mayor parte de las transacciones europeas. Por último, en este caos de incertidumbres, el pequeño peñón de Gibraltar vota unánime por la permanencia en la Unión Europea.

Si estos han sido los resultados por países, los que se han dado en la pirámide de población no auguran un futuro sereno a la decisión del Brexit. Basta tener en cuenta que los jóvenes entre 18 y 24 años son favorables a continuar remando dentro del barco. De continuar esta tendencia se produciría una segunda paradoja acabado el proceso de separación que según expertos puede durar incluso más de dos años: quienes vivirán la salida de la Unión Europea, como consecuencia final de este referéndum, querrán permanecer en ella sin posibilidad de expresar su opinión. Nadie sabe qué pasará, lo que está claro es que la Caja de Pandora ya ha sido abierta.— Miguel Martín. Madrid.


Me siento realmente abrumada, consternada y como si me faltara un brazo o una pierna. No me lo esperaba. Éramos 27 y ahora somos uno menos. Nuestra Unión Europea no es perfecta ni mucho menos pero es una alianza de países fundada para mejorar nuestros intereses comunes. Es como cuando pierdes a un familiar, tardas mucho tiempo en recuperarte del golpe. Sin embargo, creo que ha ganado el Brexit por cuestiones meramente de inmigración. La gente, sobre todo mayor, se ha cansado de tener las fronteras abiertas a personas de otras razas y religiones distintas a las suyas. No se han dado cuenta a tiempo de que son precisamente las que han venido de fuera, las que han hecho de su país la quinta economía del mundo (según Boris Johnson en su discurso de victoria) y que han tomado los trabajos que no querían los británicos. He leído en estas páginas que no hay un británico que sepa hacer un bocadillo allí. No han pensado en la gente joven que quiere un trabajo en algún país de la UE, o en los miles de sus compatriotas que viven aquí en la costa de Orihuela y se benefician de nuestra magnífica Seguridad Social. Esto me recuerda la última frase de la película Todos los hombres del presidente: el candidato ganador dice después de las elecciones, “¿y ahora qué hacemos?”.— Charlotte Stern Barkerding. Murcia.


La insignificancia que supone la tierra firme para el mar, esto es lo que significa Europa para el Reino Unido. Los ingleses han decidido, mediante el llamado Brexit (por un ajustado margen, pero suficiente) deshacerse del incómodo lastre que le suponían el resto de sus socios europeos. Pretender ser el centro del universo no deja de ser un esnobismo Made in England. Un desaire inglés que evidencia, por otro lado, su geográfico aislamiento natural con respecto al continente europeo. Pero nada más. Eso sí, los cimientos económicos necesitarán de sólidos diques que mantengan en tierra firme este arrogante cambio de rumbo.— Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte. Albacete.


Aunque no será fácil de demostrar a posteriori, la unión de una gran bolsa de indecisos con los resultados del referéndum británico han venido a reforzar la estrategia del miedo manejada por el PP, un miedo acelerado en el que muchos votantes ingleses se habían arrepentido (o eso nos cuentan) de su voto a las pocas horas de conocerse el resultado y sus consecuencias. Muchas personas habrán visto así reforzada la tendencia a resistirse al cambio y habrían optado a última hora por perpetuar las decisiones sin riesgos. El tiempo dirá si era mayor el riesgo que afrontar el cambio, pero en España en lugar de por el Brexit los electores han votado por el inmovilismo del PP.— César Rubio Arbó. Madrid.


El problema del referéndum en Reino Unido no es que Cameron lo llevara a cabo sino que más de la mitad de la ciudadanía lo deseaba. Cameron lo prometió en campaña electoral porque la alternativa hubiera sido que lo acabara celebrando el UKIP. Que busquen su raíz en el elevado precio de la vivienda, en la congelación de salarios, en la pérdida de nivel de la salud pública inglesa o en el recorte de prestaciones. Que la busquen en los contratos por horas, un invento británico que consiste en que la empresa te llama cuando te necesita y te paga por lo que trabajas, mañana de cuatro a seis, y el sábado de ocho a 11 de la mañana. Y te pago por cinco horas, porque cinco horas has trabajado. He estado disponible todo el día, no he podido hacer ningún plan, con ese horario no puedo tener una familia y al final del mes sacaré 300 libras. Son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas. Ahí estaba la temeridad, no en la convocatoria del referéndum.— María Pilar Pérez García. Guadalajara.

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