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Panamá celebra (de nuevo) el sueño de Carlos V

Una de las obras de ingeniería más colosales de los tiempos modernos, la ampliación del canal transoceánico, abrió ayer sus esclusas

Panorámica de la esclusa de Cocolí en Ciudad de Panamá.
Panorámica de la esclusa de Cocolí en Ciudad de Panamá.

Durante siglos, ingenieros y políticos visionarios soñaron con abrir un carril transoceánico entre el Atlántico y el Pacífico. La hazaña, dibujada en los cuadernos de bitácora y en los mapas de los primeros exploradores, ha alimentado la imaginación de científicos y novelistas. Desde que Vasco Núñez de Balboa cruzara el istmo de Panamá en 1513, los empeños en abrir una vía marítima han sido constantes. Carlos V puso en marcha el primer plan, pero desistió ante las insalvables dificultades. EE UU recuperó el proyecto a mediados del XIX y también naufragó. “Los horrores del camino en la época lluviosa van más allá de lo descriptible”, relataban las crónicas. Tras el fiasco de los franceses, una nueva iniciativa estadounidense permitió que en agosto de 1914 el vapor Ancón cruzara por primera vez el canal.

De forma ceremoniosa y solemne, una de las obras de ingeniería más colosales de los tiempos modernos, el nuevo canal de Panamá, abrió ayer sus puertas —en realidad, sus esclusas— ante la admiración del mundo entero. Superando enormes desafíos técnicos, climatológicos, geológicos y financieros esta imponente infraestructura ha ido ganando terreno poco a poco hasta completar la autopista marítima en una zona sísmica que ha complicado aún más la tarea. Grandes buques con cargas de hasta 12.000 contenedores y megacruceros podrán utilizar esta vía para pasar de un océano a otro en pocas horas.

La magnitud de las cifras es apabullante. El tercer juego de esclusas ha engullido 4,5 millones de metros cúbicos de hormigón (el equivalente a dos pirámides de Keops), 220.000 toneladas de armadura de acero (22 torres Eiffel), 7,1 millones de metros cúbicos dragados (2.840 piscinas olímpicas) y 62 millones de metros cúbicos extraídos del movimiento de tierras. La obra, levantada por más de 100.000 trabajadores, tiene 16 compuertas (las mayores, de 33 metros de alto y 4.300 toneladas de peso) y los técnicos han asumido el reto de fabricar un hormigón especial bajo dos premisas: máxima resistencia y nula permeabilidad.

Para el comercio mundial, el nuevo canal permitirá a los barcos que circundan continentes ahorrarse 12.000 kilómetros de navegación, con el consiguiente ahorro de combustible contaminante. Muchos han criticado el daño que para la fauna y la flora ha tenido la ampliación, pese a que Panamá elaboró un estudio del impacto ambiental que incluía un plan de rescate y reubicación de la vida silvestre. Así es como miles de reptiles, anfibios, aves y mamíferos han sido capturados y trasladados de las esclusas a un nuevo hogar.

Las organizaciones que velan por la naturaleza tienen ahora centrada la mirada en Nicaragua, cuyo territorio podría partirse en dos para construir una vía transoceánica de 278 kilómetros de longitud y hasta 500 metros de anchura. Una quimera de los tiempos de Luis Napoléon de Francia que aún está lejos de hacerse realidad.

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