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Los refugiados dan el doble de lo que reciben

Por cada euro de ayuda, generan dos para la economía local, según un estudio en tres campos en África

Jeantier Uwimana, refugiada de 39 años y madre de 9 hijos, recibe el dinero asociado a un teléfono móvil. Al fondo, el campo de Kigeme. Ampliar foto
Jeantier Uwimana, refugiada de 39 años y madre de 9 hijos, recibe el dinero asociado a un teléfono móvil. Al fondo, el campo de Kigeme.

Los refugiados no son una carga para quien los acoge, más bien, le enriquecen. Eso es lo que muestra un estudio con tres campos de refugiados en Ruanda. Un grupo de economistas han estimado que por cada euro de ayuda humanitaria que recibe un refugiado, las personas y negocios cercanos al campo ingresan hasta el doble. Este efecto multiplicador es más acusado cuando la ayuda es en efectivo y se suaviza si es en especie.

Aunque Ruanda aún se está recuperando de su propia guerra civil, Naciones Unidas tiene en el país africano cinco campos de refugiados. Allí viven casi 75.000 personas que huyeron de la vecina República Democrática del Congo por otro conflicto fratricida. La situación económica es igual de precaria en ambos países, pero al menos en el primero ya no hay matanzas. El escenario era el ideal para estudiar el impacto de los refugiados allí donde se asientan.

Es lo que han hecho economistas de la Universidad de California, Davis (EE UU) y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Analizaron la situación de los campos de Gihembe, Nyabiheke y Kigeme. En los dos primeros, los refugiados reciben una asignación anual en metálico. Con ese dinero han de procurarse la comida y otros productos de primera necesidad en los mercados locales. En el tercero, a cada refugiado se le entregan cuatro productos básicos para sustentarse y, si tienen excedente, comerciar o intercambiar por otros.

Los congoleños refugiados en Ruanda reciben unos 100 euros anuales de ayuda y generan más de 200

Con los datos de las asignaciones, población de los campos y economía de las regiones de los asentamientos, los investigadores pudieron modelar cuánto generaba cada nuevo refugiado en un radio de 10 kilómetros alrededor de cada campo. En Gihembe, donde cada persona recibe de Naciones Unidas 105 euros anuales, su impacto en la economía local genera 180 euros. En el caso de Nyabiheke, donde la asignación es algo mayor (110 euros), las externalidades generadas por cada refugiado alcanzan los 222,5 euros, doblando el importe de la ayuda.

"Los resultados de nuestra investigación contradicen la percepción generalizada de que los refugiados son incapaces de aportar nada, siendo dependientes de la ayuda humanitaria", dice el economista de la universidad californiana y principal autor del estudio, Edward Taylor. Estos datos, que confirman el efecto beneficioso señalado por otros estudios, muestran que los desplazados "a pesar de su migración forzosa y de vivir a menudo en condiciones de indigencia, aún son productivos y pueden establecer relaciones beneficiosas con la economía del país de acogida", añade.

El trabajo, publicado en la revista PNAS, detalla los sectores de la economía local que más se benefician de los refugiados. La mitad de los ingresos van a parar al sector agropecuario. Las tiendas y comercios locales obtienen otro 25%. Del ingreso total de la economía de la zona en un radio de 10 Km, el 5,5% es generado por los refugiados. El trabajo de campo también mostró que para el 17% de los negocios de las zonas circundantes a cada campo, los desplazados eran sus principales clientes.

Los refugiados también estimulan el comercio entre la economía local y la del resto de Ruanda, aportando a esta última una cantidad de 48,6 euros por refugiado y año (Nyabiheke) y 43,2 (Gihembe). A pesar de ser cantidades modestas para el nivel de vida occidental, estas cifras pueden ser verdaderos motores de la economía local para zonas de países como Ruanda, donde la renta per cápita apenas supera los 500 euros.

Los efectos sobre la economía local son mayores cuando la ayuda es en dinero y no en especie

En Kigeme, el tercero de los campos, los refugiados no reciben dinero sino una cantidad de maíz judías, aceite y sal por valor de unos 100 euros. Los investigadores comprobaron que casi el 90% de los desplazados tenía excedente, en especial del primero, y lo intercambiaban por otros productos en los mercados locales. Pero, en este caso, las externalidades generadas fueron más modestas, unos 128 euros de ingresos para la economía circundante. Además, el pago en especie elevó los precios de los productos locales en mayor proporción que el dinero de los otros dos campos, siendo este el único efecto negativo que han encontrado.

"Esto sugiere que pasar de una ayuda en especie a otra en metálico puede ofrecer grandes beneficios económicos para los países que acogen refugiados, siempre que los granjeros y comerciantes locales sean capaces de atender una mayor demanda de comida", señala el economista estadounidense.

Si esto sucede en tres campos con unos pocos miles de refugiados, ¿qué efecto sobre la economía local pueden tener los 4,8 millones de sirios que han huido a los países vecinos? ¿Cuál es el efecto de los 65,3 millones de personas que han tenido que huir de su propio país? Otra cuestión sin responder es qué sucede con el efecto dinamizador sobre la economía de los refugiados si no hay esa primera ayuda que inicie la cascada económica.

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