
Testigos del golpe de Estado del 23-F
Políticos, periodistas y fotógrafos relatan cómo vivieron el intento de golpe de Estado de Tejero

1981 - Director de EL PAÍS (35 años)
2016 - Presidente Ejecutivo del Grupo Prisa
El 23 de Febrero de 1981 Juan Luis Cebrián tenía 35 años y era director de EL PAÍS desde su fundación. A las 18:23 de la tarde se encontraba en su despacho, comenzando una entrevista con un candidato a trabajar en el diario, cuando una llamada de Augusto Delkáder por el interfono le apremió a subir la radio. Le dio tiempo a escuchar la ráfaga de disparos que dejó momentáneamente al Gobierno español agazapado bajo los escaños del Congreso. Acababa de comenzar la noche decisiva de la democracia. También su periplo personal hacia una decisión rápida y fundamental en la historia del periódico: publicar una edición especial en defensa de la Constitución. “A lo mejor es lo último que hago como director pero este periódico va a salir a la calle y lo va a hacer con un editorial contra los golpistas”, dijo en la reunión con la Junta de Fundadores, los principales accionistas y el Consejo de Administración que se improvisó en su propio despacho. Tanto el diario como Cebrián estaban amenazados por su significación política en favor de la democracia. “Si el golpe triunfaba, una víctima segura sería el periódico”, aseguró Cebrián en su entrevista para el documental. Él se encontraba bajo protección policial por amenazas terroristas. En 1978, el periódico había sido víctima de un atentado del grupo de ultra derecha Triple A en que murió un ordenanza. Aun así, Cebrián tomó la decisión de seguir informando y EL PAÍS fue el único medio de comunicación que se posicionó a favor de la Constitución antes de que el Rey hablara en televisión.

1981- Subdirector de EL PAÍS (31 años)
2016- Presidente de Prisa Radio
Con sólo 31 años Augusto Delkáder había llegado a ser subdirector del diario más influyente de la joven democracia española. Fue Delkáder quien, al otro lado del interfono y desde la redacción, en la segunda planta de EL PAÍS, apremió a Cebrián a subir la radio de su despacho. Él tomó de facto el mando de la dirección en la redacción mientras Cebrián supervisaba el editorial, escrito por Javier Pradera, y atendía las llamadas que llegaban desde distintas instituciones del país. Junto con los redactores jefe coordinó el trabajo de las 7 ediciones que se publicaron esa noche. También estuvo involucrado en decisiones clave, desde la reunión en que se decidió publicar la histórica edición especial hasta la coordinación de la estrategia del reparto de ejemplares por todo Madrid.
Pasó toda la noche y parte del día siguiente dentro del periódico, corriendo entre la dirección, la redacción y los talleres. “Estuve muchísimo tiempo sin descansar. Salí de EL PAÍS a las tres de la tarde del día siguiente, me reposé unas horas y luego regresé al periódico a seguir informando”, recuerda. Augusto Delkáder pasó a ser Consejero Delegado de la Cadena Ser y Unión Radio en 1998, se convirtió en presidente de ambas en 2010 y hoy es presidente de Prisa Radio.

1981- Subdirector Gerente de EL PAÍS (30 años)
2016- Jubilado
La noche en que Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados, Lorenzo Ruiz era subdirector gerente de EL PAÍS. Mientras otros quemaban las líneas telefónicas tratando de obtener información, su cometido fue organizar la logística, especialmente complicada aquella noche, y preocuparse por la seguridad. Trabajó toda la noche junto con Javier Baviano, director gerente y miembro fundador del diario que falleció en 2005. Se enteraron juntos del golpe, según recuerda Ruiz. Se sabía que en cualquier momento podían aparecer los militares a tomar el diario y parar su producción, como había pasado en Televisión Española. “La puerta del periódico solía estar 24 horas abierta pero esa noche decidimos cerrar la valla. Incluso invitamos a salir del recinto a la Policía Nacional que solía custodiarlo. De alguna manera decidimos afrontar ese momento solos”, comentó Lorenzo Ruiz. Conscientes del peligro al que se enfrentaban los trabajadores, rechazaron el ofrecimiento de los sindicatos de ayudarles a vocear el periódico por las calles. “Podía haber enfrentamientos en las calles. Decidimos que los repartidores tenían que ser personas de la casa y, además, voluntarios”, afirma. Pero el gran escollo logístico, si la situación se alargaba, era la escasez de papel. “En aquella época había sólo un pequeño almacén junto a las rotativas que se podía consumir en uno o dos días. Hoy sabemos que acabó en cuestión de 18 horas pero entonces no sabíamos cuánto iba a durar”.

1981 - Jefa de la sección de Nacional en EL PAÍS (29 años)
2015 - Jubilada
Toda la información que llegó a EL PAÍS la noche del 23-F pasó por las manos de Soledad Álvarez-Coto. Le tocó organizar la cobertura y distribuir el trabajo dentro y fuera de la redacción. Sabía que sus redactores más expertos estaban dentro del Congreso pero no si iba a poder contar con su relato porque estaban secuestrados. Lo primero que hizo fue asegurar la presencia de un informador cerca del Congreso. El redactor Fernando Orgambides había logrado entrar en el Hotel Palace antes de que se acordonara la zona así que le pidió que ocupara una de sus habitaciones e informara de cualquier movimiento. Después envió a reporteros a la calle, al aeropuerto de Barajas, a los cuarteles de Madrid y al Ayuntamiento. Se puso en contacto con los corresponsales de otras ciudades del país, en especial el de Valencia, para que siguieran los movimientos militares. “Las llamadas a Sol Álvarez-Coto eran constantes. Yo llamaba cada vez que veía una incidencia, un movimiento, una persona. Más que escribir una crónica en general lo que hicimos fue facilitar datos a Soledad que ella luego repartía y procesaba en el periódico”, recuerda Orgambides. Álvarez-Coto permaneció en el periódico durante la producción de las siete ediciones que se sacaron aquella noche. “El 23-F es el momento más importante de EL PAÍS en todos sus años de historia. Esa noche sentí que la vocación de servicio público del periodismo se cumplía".

1981- Redactor Jefe (34 años)
2016- Jubilado
Media redacción se enteró por la radio de Eduardo San Martín de que había tiros en el Congreso. Los que estaban en la redacción aquella tarde lo recuerdan así, todos arremolinados alrededor del transistor de la mesa de San Martín. Como redactor jefe tuvo la oportunidad de asistir a las reuniones que marcaron el rumbo que tomó la noche en el periódico. “El director convocó a los representantes sindicales y de la empresa porque de lo que se trataba era de dar una respuesta institucional, no la respuesta de unos periodistas que se habían vuelto locos y habían decidido salir a la calle para luchar contra señores armados con fusil con un periódico”, dice en el documental.
Asistió además a una escena que luego se ha hecho célebre en el imaginario del periódico: la llamada de Juan Luis Cebrián a Pedro J. Ramírez. Cebrián quería proponerle sacar una edición especial conjunta para que el impacto de la información fuera mayor. “El director de Diario 16 dijo que no, que ellos no estaban en disposición de salir porque no tenían suficientes medios y el director de nuestro periódico decía “hombre, no me cuentes eso, que acabas de sacar hace un mes una edición especial cuando la dimisión de Suarez y la sacaste en dos horas. El problema no es que no tengas medios, es que no tienes otra cosa”.

1981 –Jefe de sección Cultura (33 años)
2015 – Adjunto a la Redacción de EL PAÍS
Juan Cruz se enteró, como tantos otros en EL PAÍS, por la radio del redactor jefe, Eduardo San Martín. “El periódico de pronto se suspendió hasta que bajó Juan Luis Cebrián como media hora o tres cuartos de hora más tarde. Pero nos parecía que no había pasado ni un minuto”, recuerda. Él se encontraba entre los pocos que hablaban idiomas en la redacción junto con Jesús Hermida y la secretaria estadounidense del director, Nancy Abel. Por eso su primera tarea fue llamar a los periódicos internacionales, para que estuvieran al tanto de la situación en España y en EL PAÍS. “Nos pidieron que contáramos de inmediato en el extranjero lo que estaba sucediendo”, comenta Cruz.
Cumplida esa tarea, fue enviado a recabar información a los cuarteles del centro de Madrid y Campamento y a Prado del Rey. “No hubo miedo en ningún momento. Lo hubo en nuestras familias probablemente porque la adrenalina que se produce supera cualquier otra sensación”. Cruz recuerda hoy ese diario como “un elemento fundamental” de su vida como periodista. “Marcó la relación de EL PAÍS con este país. Era un periódico esperado, probablemente entre otras cosas por si alguna vez sucedía esto. Sucedió y el periódico estuvo a la altura de las circunstancias. Fue un emblema que llevamos en el corazón y en la vida. Yo estoy muy orgulloso de haber contribuido en una mínima parte”.

1981- Corresponsal en Bruselas (30 años)
2016- Columnista de EL PAÍS.
A Soledad Gallego-Díaz el golpe le sorprendió en Bruselas, la primera de sus cuatro corresponsalías. Tenía 30 años y aquella tarde estaba cubriendo una reunión del Consejo de Ministros. En la sala reservada a los periodistas estaba la máquina de teletipos por donde llegaban las noticias, a falta de Internet o teléfonos. Soledad recuerda a uno de sus compañeros periodistas agitando un teletipo: “¡golpe de Estado en España! ¡golpe de Estado en España! Inmediatamente todos los corresponsales colgaron los teléfonos para dejar libre la línea para que los españoles llamaran a sus familias y a sus periódicos”. Soledad habló con Cebrián, que le encargó que informara sobre la reacción al golpe en la OTAN y en la Unión Europea. El director le sugirió además la posibilidad de que pidiera asilo político en Bruselas si el golpe triunfaba. “Yo pensaba todo lo contrario, que si triunfaba tenía que volver a mi país”. También preguntó por su amigo Bonifacio de la Cuadra, el coordinador de información parlamentaria. Estaba preocupada por él porque sabía que el golpe le habría pillado en el Congreso. Casualmente esa noche había convocada una cena en la Embajada Española en Bruselas para los corresponsales y algunos senadores. A la hora de la cena aún no había salido el Rey, y Soledad recuerda que había una gran incertidumbre. “Me acuerdo de un brindis del embajador que terminó con un “Viva España”, y varios de la mesa contestamos “no, ¡viva la Constitución! no sabemos lo que es España ahora, brindemos mejor por la Constitución”, algo con lo que el Embajador estuvo de acuerdo”, recuerda.

1983 - Coordinador de información Parlamentaria en EL PAÍS (41 años)
2016 – Jubilado
Cuatro periodistas de EL PAÍS vivieron el ‘Tejerazo’ en directo: tres redactores y una fotógrafa. Uno de ellos era Bonifacio de la Cuadra, el coordinador de información parlamentaria. Se encontraba en la primera fila de la tribuna de prensa cuando el Teniente Coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso en medio de la votación de investidura de Calvo-Sotelo. En una sesión de investidura tan aburrida, “recibí el golpe de forma insensata, con cierta alegría profesional”, recuerda. “Aquí hay crónica, por fin ocurre algo”, se dijo a sí mismo. En su apasionado relato de los hechos recuerda que cuando vio que un guardia civil obligaba al cámara de TVE a desviar el foco del hemiciclo, se le encendió el piloto de la responsabilidad. “En ese momento pensé que yo era uno de los pocos testigos de lo que estaba sucediendo allí dentro”. Dos de los tres redactores de EL PAÍS, Bonifacio y Francisco Janeiro se fueron cuando la Guardia Civil les dio permiso, una hora después del asalto. Miguel Ángel Aguilar se quedó. “El audaz reportero que había recibido con optimismo profesional la entrada de Tejero fue el primero en levantar la mano cuando dijeron que los periodistas podíamos marcharnos”, comenta de la Cuadra. Antes de llegar al periódico Bonifacio y Janeiro pararon en casa de Janeiro para llamar a la redacción y enterarse de si había sido tomada por los militares. “Cuando llamé a Sol Álvarez-Coto no me preguntó ni qué tal estaba. Me pidió que le dictara la crónica desde allí mismo, sin escribirla antes, porque no daba tiempo”, recuerda entre risas.

1981 - Corresponsal Político de EL PAÍS (38 años)
2016 - Presidente - Editor del periódico semanal Ahora
Fue el único de los redactores de EL PAÍS que optó por permanecer dentro del Congreso, una vez que los asaltantes indicaron a los periodistas que podían salir. “Sólo nos quedamos unos pocos perturbados”, dice. Cuando entró el teniente coronel Tejero y sus guardias, los fotógrafos ocupaban sus palcos contiguos a los escaños de los diputados dentro del hemiciclo. Una decena de reporteros resistían en la tribuna de prensa aguantando la votación nominal por llamamiento que se estaba llevando a cabo. Entre quienes rehusaron la salida que les ofrecían los asaltantes, Aguilar recuerda a María Antonia Iglesias y a Pedro Calvo Hernando. Al final ensayaron negociar con un capitán de la Guardia Civil la permanencia de un 'pull' integrado por tres periodistas que facilitarían después la información a todos los que iban a ser expulsados. El oficial se negó aunque ofrecía una excepción a favor de Aguilar, “porque a usted lo tenemos procesado”. Sus compañeros lo impidieron y a eso de las 22: 30 abrieron la verja y obligaron a salir a los últimos. De la verja del Congreso, rebasando los cordones concéntricos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, caminaron hasta el Hotel Palace desde donde Aguilar dictó su crónica y estuvo informando hasta la salida de los diputados en la mañana del 24 de febrero.

1981- Fotógrafa de EL PAÍS
2016- Imparte clases de fotografía en la escuela UAM-El País
Marisa Flórez fue la fotógrafa de EL PAÍS enviada a cubrir la investidura de Calvo-Sotelo. Vivió el golpe de Estado desde una de las tribunas de los fotógrafos, pero el periódico no pudo publicar ninguna de sus imágenes porque la Guardia Civil confiscó las cámaras y los carretes a los informadores gráficos. “Sentí una grandísima alegría al enterarme de que Manolo Barriopedro y Manolín habían sacado los carretes, a la par que una sana envidia”, reconoce Marisa, autora de algunas de las más icónicas imágenes de la Transición Española. Barriopedro y Manuel Hernández de León (Manolín) son los dos fotógrafos de EFE que lograron salvar sus carretes escondiéndolos en un zapato y en los calzoncillos. Marisa y los demás fotógrafos permanecieron en el Congreso unas cuatro horas más que el resto de los periodistas. “Como estábamos en el hemiciclo, no nos dejaron salir. No tuvimos más remedio que ‘acompañar’ a los diputados hasta que un compañero preguntó: ‘si han salido ya todos los periodistas, ¿nosotros qué pintamos aquí’?”, recuerda. No fue hasta llegar al periódico, a eso de las 12:00 de la noche, cuando Marisa se enteró de que EL PAÍS estaba preparando una edición especial a contrarreloj. “Fui de las pocas personas que había pasado cinco horas con los golpistas y con los diputados. Lo lógico era contarlo. Recuerdo que subí al despacho del director y le relaté lo que había visto”. Después de eso, volvió hacia el Congreso. Se instaló en la habitación del periódico en el Hotel Palace y cubrió el resto de la noche hasta la salida de los diputados, esta vez sí, con su cámara al cuello.

1981- Redactor de Nacional (26 años)
2015- Jubilado
Fernando Orgambides fue uno de los pocos periodistas que pudo informar del golpe desde el Hotel Palace. La suerte quiso que el redactor de nacional especializado en defensa librara aquel lunes y la noticia le sorprendió paseando por la Puerta del Sol, a pocos minutos del Congreso. “Pasé junto a un quiosco de ciegos y vi un corrillo de personas arremolinadas en torno a una radio. Me acerqué y oí ‘guardias civiles en el Congreso’”.
Inmediatamente emprendió una carrera hacia allá y pudo llegar al Hotel Palace pocos minutos después del golpe, antes de que se acordonara la zona. Poco más tarde nadie que no fuera político o militar podría entrar. “El cordón policial se convirtió en una “isla donde se decidía el futuro del país”, según recuerda el reportero. La inmensa mayoría de los periodistas llegaron más tarde y tuvieron que montar su cuartel general en el Ritz, que quedaba fuera del cordón. Gracias a Orgambides, EL PAÍS pudo tener una habitación con vistas al Congreso y una línea de teléfono desde la que informar.

1981 – Adjunto al jefe de sección Nacional (32 años)
2016 - Productor de televisión en Ganga Producciones
Daniel Gavela estaba de libranza el lunes 23 de febrero de 1981. Tenía una cita a las 6:30 en la Plaza de las Cortes para visitar un piso que finalmente nunca vio ni compró. Cuando llegó, la zona ya estaba acordonada y no le dejaron pasar. Los propios policías que custodiaban el cordón le contaron, sin entrar en detalles, que sucedía algo muy grave. Como adjunto al jefe de la sección de Nacional, Gavela acababa de cubrir un mes lleno de sobresaltos. “Desde la dimisión de Adolfo Suárez el 29 de enero suceden una serie de hechos políticos que tensionan la vida de una manera dramática: el asesinato a manos de ETA del ingeniero Ryan, la sucesión de artículos del colectivo Almendros abiertamente incitadores a un golpe armado, la publicación de las imágenes de las torturas del etarra Joseba Arregui en dependencias policiales, la primera visita del Rey al País Vasco y el congreso de UCD”. Desde una cabina, llamó a Soledad Álvarez-Coto, la jefa de nacional, que para entonces ya lo estaba buscando infructuosamente. Fue ella quien le informó del alcance de lo que estaba sucediendo y le pidió que fuera cuanto antes al periódico. “Cuando oí las marchas militares en el taxi fue como un regreso al túnel negro de la historia”, comenta. “Si me hubiera tenido que quedar con una imagen de triunfador sería la del general Armada, al que todos aplaudíamos pensando que había sido uno de los héroes de la noche y que había estado gestionando la rendición de Tejero. Horas después nos enteramos de que había sido destituido como uno de los cabezas de la conspiración”.

1981 – Redactora de local (27 años)
2015- Redactora especializada en arte
Ángeles García formó parte del grupo de reporteros a los que se le adjudicó distintas tareas informativas por todo Madrid. El 23 de febrero de 1981 tenía 27 años y trabajaba para la sección de local. “La redactora jefa de Nacional nos pidió a mi y a Pedro Montoliú que fuéramos al aeropuerto de Barajas para ver si había sido tomado por los militares y nos fijáramos si había gente representativa abandonando el país”. Como ella, todos los que salieron a la calle lo hicieron en pareja o en grupo. Circulaban rumores de que había grupos de ultra derecha afines al golpe celebrando en algunos puntos de la ciudad y la dirección había dado órdenes de no separarse a que quienes trabajaran fuera de la redacción.
Ángeles pasó poco tiempo en el aeropuerto. “No había movimiento ni cancelaciones de vuelos”, recuerda. Su siguiente destino fueron las calles del centro de Madrid. Antes de que hablara el Rey se habían paseado por Avenida de América y habían llegado al Palace, llamando de vez en cuando desde una cabina para informar de lo que veían. “En realidad no pasaba nada, no se veía nada y había mucha menos gente que normalmente en la calle”.

1981- Redactora de Nacional (29 años)
2015- Periodista freelance para medios como Tiempo, InfoLibre y distintas tertulias de televisión.
Karmentxu Marín estaba en la redacción de EL PAÍS cuando estalló el golpe. Tenía 29 años y por entonces trabajaba para la sección de Nacional. Aquella noche fue enviada al Ayuntamiento de Madrid, dentro del dispositivo de reporteros que repartieron por los puntos clave de la ciudad. Se enteró del golpe estando en la redacción y recuerda un primer momento de “parálisis general”. “Miedo tuvimos que pasar todos. Aunque la memoria nos falle, ninguno fuimos El guerrero del antifaz, ni Superman. Todo el mundo estaba un poco aterrorizado de lo que podía pasar en este país, de lo que podía pasar en nuestro periódico y de lo que podía pasarnos a cada uno”, comenta Karmentxu en el documental. Recuerda reacciones muy diversas. “Hubo lágrimas, entre otras las mías, por supuesto. Y evidentemente yo creo, creo que al final, solamente cuando sacamos la última edición del periódico empezamos un poco a tranquilizar los ánimos al ver que nos habíamos salvado de la catástrofe”.

1981- Secretaria del director (33 años)
2015- Asistente personal en BDO Auditores
Nancy Abel vivió el golpe en el epicentro de las decisiones de la dirección y la redacción. Como secretaria de Juan Luis Cebrián asistió al momento en el que se decidió ir hacia adelante con la edición especial. “La discusión sucedió en el pasillo”, recuerda. Esta neoyorquina era una de las pocas personas de la casa que hablaba idiomas. Además de filtrar las llamadas que llegaban constantemente desde Prado del Rey, Zarzuela, embajadas y ministerios, se le encomendó la misión de informar al mundo de la gravedad de lo que estaba sucediendo en Madrid.
Entre ella, Juan Cruz y Jesús Hermida informaron a The New York Times, Financial Times y toda la prensa inglesa, Le Monde, la Radiotelevisión irlandesa etc. de que la democracia española estaba siendo secuestrada por un grupo de guardias civiles. “Era también un grito de ayuda, les pedíamos que no nos abandonaran”, recuerda. Nancy sólo interiorizó lo que estaba pasando cuando se oyó a ella misma contarlo en inglés en una emisora de radio en Los Ángeles. “Cuando me escuché decir, tanks in the street, military take over, todas esas palabras en inglés, me entró, con perdón, el acojone total”, ríe.
Nancy fue la secretaria de Juan Luis Cebrián durante 9 de los 14 años que trabajó en EL PAIS. “Viví la transición desde una butaca de primera fila”, comenta. En un momento de la noche, cuando todos estaban absolutamente enfangados en el trabajo de la redacción recuerda que Cebrián salió del despacho y le dijo: “Nancy, con lo bien que tú estarías en una empresa de importación exportación”.

1981- 2016 Secretaria de redacción
Muchos en la redacción consideran a Rosa María Rodríguez Loranca -Rosi- “la memoria de EL PAÍS”. Rosi era secretaria de redacción el 23 de febrero de 1983 y lo sigue siendo hoy. Lleva trabajando en el periódico desde su fundación y recuerda todas las caras de los que han pasado por el periódico durante todos sus años de historia. “Yo no me acuerdo pero pregúntale a Rosi”, fue la frase más escuchada durante la preparación del documental. Su contribución a El País con la Constitución va mucho más allá de su aparición en el mismo. Con su memoria privilegiada, y su no menos privilegiado acceso a los listines telefónicos de toda la historia de EL PAÍS, Rosi ha facilitado el contacto con todas aquellas personas que habían participado en la noche del 23F en EL PAÍS pero a las que se les había perdido el rastro.
Como hoy, aquella noche tenía todos los teléfonos de los reporteros y los colaboradores sobre su mesa. “Muchas veces he pensado que fui una inconsciente porque no se me ocurrió guardar las fichas con los datos de todos los redactores y lo que hubieran podido hacer los militares con esa información si llegan a tomar el periódico”. Luego, una vez que salió el periódico, algunos de la redacción nos fuimos al centro de Madrid. Íbamos apelotonados en varios coches a ver cómo estaba el ambiente cerca del Congreso, pero la policía no nos dejó acercarnos. Rosi continúa hoy como secretaria de redacción.

1981- Camarera en la cafetería de EL PAÍS (23 años)
2016- Jefa de cafetería en EL PAÍS
María José Barrios es otra de las protagonistas del documental que sigue trabajando exactamente en el mismo lugar en el que estaba el 23F, la cafetería de EL PAÍS. Hoy es jefa de la cafetería y tiene un recuerdo muy peculiar de la noche. “Yo era muy joven, tenía sólo 23 años y no estaba muy interesada en la política”. Por entonces la ‘ley seca’ aún no había llegado a la redacción y recuerda que el golpe estalló “a la hora del cubata”. “Pero pasamos de servir copas a poner tilas”, ríe.
“Nos pidieron si nos podíamos quedar para dar de comer a la redacción aunque, en realidad, se comió muy poco. Toda la noche fue un subir y bajar de los despachos sirviendo aguas, cafés e infusiones. Nos quedamos hasta por la mañana. Fue una noche bastante larga”. Se comentaba que podían venir los tanques a secuestrar EL PAÍS pero como yo era muy jovencita no le daba tanta importancia como tenía. Aunque veía a todos muy nerviosos, la redacción era un polvorín. Se palpaba el ambiente y oías comentarios como “pues yo no tengo edad ya para exiliarme y marcharme a otro sitio…”. María José sigue hoy en la cafetería de EL PAÍS.

1981- Jefe de talleres (34 años)
2015- Jubilado
“Por primera vez se incumplieron las normas sagradas del libro de estilo.”, así resume la noche Víctor Macías, el jefe de talleres. Su departamento se encargaba de la fotomecánica, impresión y empaquetado de los ejemplares. Él sí que estaba en la redacción cuando estalló el golpe pero recuerda que parte de su sección estaba en cuadro. “Me llamaron de la dirección, junto con el resto de miembros de la jefatura técnica. Nos dijeron que íbamos a hacer una edición especial y me preguntaron si había trabajadores suficientes para hacerlo. Necesitábamos personal en rotativas, fotomecánica y cierre. Afortunadamente toda la gente estaba muy concienciada y muchos vinieron espontáneamente, sin que les llamara”.
La primera regla que se rompió fue el tamaño máximo del titular. Mientras la biblia del diseño de EL PAÍS decía que un titular nunca podía ser mayor al cuerpo 36, aquel día la portada tenía una tipografía “aproximadamente del 72”, dice Macías al que todo el mundo conocía entonces como Vitín. También se incumplieron las reglas para hacer un juego de palabras con el titular de la primera edición, El País, con la Constitución. Hubo un debate sobre si poner EL PAÍS, en mayúsculas, como reza el libro de estilo para referirse al periódico o El País. Al final se decidió optar por la segunda opción para darle el doble sentido de EL PAÍS, (periódico) y el país, (España). “Llegamos a producir montajes en las dos versiones hasta que el debate se decantó a favor de El País”. Víctor Macías seguía siendo trabajador de EL PAÍS cuando se jubiló en el año 2000.

1981-Delegado sindical de CC.OO., Oficial de montaje. (33 años)
2016- Jubilado
Carlos Montejo se enteró del golpe de Estado mientras negociaba el convenio colectivo de los trabajadores. En 1981 Montejo trabajaba en talleres como Oficial de primera de montaje y era el líder sindical. Todos los participantes en el documental le recuerdan como quien trató de poner a disposición del periódico a miembros de Comisiones Obreras o del PCE para que repartieran la edición especial. “Los directivos consideraron que esa opción suponía una filiación excesiva con CC.OO. y el PCE Por un lado, podía comprometer al periódico en el futuro; por el otro, suponía una responsabilidad enorme que personas que no fueran de EL PAÍS corrieran ese riesgo”. Al final se decidió que fueran trabajadores del propio periódico, y voluntarios, quienes repartieran las ediciones especiales. Montejo, junto con Bonifacio de la Cuadra y Karmentxu Marín están entre las personas que más abiertamente hablan del miedo en la película. “Durante el franquismo, había sido detenido y procesado en 1975, acusado de ser miembro de la Liga Revolucionaria Comunista, y vuelto a detener en enero de 1976”. Confiesa que fue uno de los días que más miedo pasó en su vida. “Me temblaban las piernas. Pero allí aguantamos, conscientes de que era necesario plantar cara al golpe militar”. "Fue muy emocionante ver cómo llegaron al periódico -sin ser llamados- la mayor parte de los trabajadores de los talleres, incluso aquellos a los que ese día libraban. El redactor Luis Duyos llegó a exclamar: ¡Estamos locos, la mitad de la plantilla debería irse para, que haya alguien que se salve!”, recuerda.

1981- Teclista en preimpresión (28 años)
2016- Jefa de Recursos Humanos de Prisa
Josefa Gutiérrez fue una de esas personas que, espontáneamente, se acercó al periódico antes de que empezara su turno, en cuanto se enteró de la noticia. “Yo estaba en mi casa porque me tocaba turno de noche. Acababa de recoger a mi hija de la guardería cuando escuché los tiros en la radio. Mi marido trabajaba en Diario 16, que estaba cerca de EL PAÍS y los dos salimos corriendo de casa, cada uno a su periódico, allí seríamos más necesarios”. Llegó sobre las 19:00 a la redacción y se incorporó a su puesto en preimpresión, una sección de los talleres que se dedicaba a reescribir las noticias escritas a máquina por los periodistas en una cinta perforada; estas cintas pasaban un proceso de filmación, en el que se imprimían en papel fotográfico las columnas de texto de cada página. Se montaban las páginas en una maqueta y pasaban a fotomecánica para imprimir las planchas que luego llegaban a las rotativas. Este sistema fue desapareciendo con la introducción de nuevas tecnologías. “Fue una tarde de muchísimo rumor y muchos nervios. Estábamos todos muertos de miedo. Recuerdo a la gente asomándose a la ventana constantemente para ver si los militares venían a tomar la redacción”.

1981-Trabajador de talleres en el cierre (48 años)
2015-Jubilado
José Álvarez tiene 83 años y aún conserva la carta que le escribió Jesús de Polanco para agradecerle los servicios prestados aquella noche, que le valió una mención honorífica en su expediente, “por su dedicación profesional y el entusiasmo demostrado en el desempeño de sus funciones durante los días 23 y 24 de febrero de 1981”. El fundador del grupo Prisa tenía costumbre de escribir a sus trabajadores y reconocer su esfuerzo con menciones de honor, como la que le envió a Álvarez. El 23-F, José Álvarez estaba de libranza, pero cuando se enteró del golpe de Estado le dijo a su mujer: “voy a llamar al periódico a ver si me necesitan para lo que sea”. Él por entonces trabajaba en el cierre organizando los periódicos para su envío. Además, le pidieron que acompañara a un motorista que estuvo repartiendo periódicos. “Vine aquí a lo que me mandaran”, recuerda emocionado.

1981- Director Comercial en EL PAÍS (38 años)
2016- Jubilado
José Manuel Sánchez Palomares es recordado como un tipo enérgico. Lo sigue siendo. A sus 73 años llega al rodaje del documental en su bici plegable y habla con pasión de su experiencia. “Es lo más bonito, sacar una edición cuando te la juegas”, afirma. Aquel 23-F no dudó en remangarse su traje de director comercial y salir a vocear el periódico con el resto de trabajadores de su departamento. “Sin duda las ediciones especiales son el placer máximo de alguien que dedica a la venta de periódicos. Supongo que es el equivalente de la guerra para los militares”. Estaba en su despacho escuchando en la radio “la letanía de nombres de diputados” cuando estalló el golpe. “Bajé inmediatamente a la redacción”. Esa noche fue él quien tomó la responsabilidad de involucrar a su departamento y pedir voluntarios entre los trabajadores de publicidad. También planteó la estrategia de distribución. “Sabía que a esa hora no estaría abierto ningún kiosco excepto Los Catalanes, en Sol, que abría 24 horas y el Vips de López de Hoyos -donde él fue a repartir en su Diane Rojo-”. Palomares insiste en que no puede hablar del 23-F sin mencionar que junto a él estuvo José Antonio García Valenzuela que era el jefe distribución de EL PAÍS esa noche, fallecido en 1987. “Era mi hombre en distribución. Fue fundamental en la noche del 23 de febrero y personaje principal, conmigo, en la mejora de la distribución de periódicos en Madrid”.

1981- Director de publicidad (30 años)
2016 – Accionista y consultor de agencias de medios y startups del mundo editorial y las aplicaciones educativas.
La edición especial es una obra coral pero en el equipo de EL PAÍS fue Manuel de la Rica quien remató el gol. Él introdujo el periódico en el Congreso. De la Rica era director de publicidad, el departamento que se ofreció a repartir la edición por las calles de Madrid. Había estado en las reuniones de jefatura y sabía que la introducción del periódico en el hemiciclo era un objetivo principal. A las 23.00 salió con cuatro compañeros del departamento en una furgoneta de reparto, pero muy cerca del periódico les paró la policía que, a punta de pistola, les pidió la documentación y les conminó a terminar con la distribución. De la Rica decidió entonces regresar al periódico para hacer un segundo intento. “Coger la furgoneta con el nombre de EL PAÍS había frustrado la primera salida. No cometí el mismo error y me fui a repartir en un Citröen dos caballos que no recuerdo si era mío o del subdirector”. Al llegar a los alrededores del Congreso dos oficiales del ejército de tierra se acercaron para preguntarle por el fardo que cargaban. “Es EL PAÍS, estamos viendo si hay posibilidad de meterlo en el Congreso”. Después de comprar y ojear un par de ejemplares, le dijeron: “Esto tiene que entrar en el Congreso, ¿lo quiere meter usted?” Llamaron a un oficial de la Guardia Civil y le dieron algunos fardos. De la Rica vio como los introdujeron por una de las puertas laterales.

1981- Jefe de publicidad (30 años)
2016- Jubilado
Alfonso Serrat tenía 30 años la noche en que Tejero irrumpió en el Congreso. Se enteró del golpe en la redacción, mientras estaban preparando la publicidad del periódico del día siguiente. Serrat trabajaba en ese área, el departamento que se ofreció voluntario para repartir el periódico. “En aquella época con frecuencia se hacían ediciones especiales. Entre el FRAP, el GRAPO etc. se organizaban follones con cierta regularidad. Normalmente en esas ocasiones se llamaba a estudiantes de periodismo a los que después se les pagaba lo que se hubiera acordado. Pero ese día el director gerente, Javier Baviano, dijo que de gente de fuera nada, que solamente gente del periódico y que, además, tenían que ser voluntarios”. De aquella noche, recuerda haber logrado encajar hasta 600 periódicos en un ‘dos caballos’. También el incidente con la policía en la Cruz de los Caídos, una zona cercana al periódico, y salir corriendo a seguir con el reparto hacia otras zonas de Madrid: la Castellana, Sol, Fuencarral…hasta llegar al Ritz, donde aparcaron. “Poco a poco nos fuimos viniendo arriba al ver el entusiasmo con el que la gente recibía el periódico, especialmente en los alrededores del Palace.”
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1981- Responsable de producción en publicidad (29 años)
2016- Asesor Publicitario
Ricardo Casillas estaba en el departamento de publicidad de EL PAÍS cuando se enteró del golpe. Repartió la edición especial esa noche junto con Miguel Alonso, Alfonso Serrat y Manolo de la Rica y también vivió el incidente con la policía. En la cabecera del periódico ponía el precio del ejemplar, que por entonces eran 25 pesetas. “Al principio de la noche vendimos algún periódico; pero según pasaba el tiempo los entregábamos gratuitamente a las pocas personas que encontrábamos por la calle y en los pocos locales que había abiertos a esa hora. Eso sí, al llegar al Palace la gente que había allí estaba tratando de enterarse de qué había pasado. Se nos acabaron los fardos en un abrir y cerrar de ojos. Nos los quitaban de las manos”, comenta. De entre las anécdotas de la noche recuerda que antes de salir a repartir el periódico recibió una llamada de un compañero que no estaba trabajando. “Me llamó para decirme un buen escondite por si venían los militares a tomar el periódico. Dijo que había un hueco en el almacén donde se guardaban las bobinas de papel donde era muy difícil que me pillaran”, ríe.

1981- Teniente Coronel, Jefe de la Oficina de Información, relaciones públicas y portavoz de Defensa (46 años)
2016 - General en la reserva.
El General Fernández Monzón habla sobre la importancia de la toma de los medios de comunicación en los golpes de Estado. Como portavoz del Ministerio de Defensa, era conocedor de innumerables conspiraciones en contra de la democracia. “Que se iba a producir un golpe era el secreto de Polichinela”, comenta en el documental. Se enteró del de Tejero en el despacho del jefe del Estado Mayor, el General José Gabéiras, que estaba con Armada. Fernández Monzón tenía una reunión esa tarde con Gabéiras, una de las personas clave que provocaría, horas más tarde, la rendición de Tejero. “A las 18.30 del 23-F yo estaba dando un golpe de nudillos en la puerta del General Gabéiras. Cuando abrí para decirle que le estábamos esperando, vi al General tapar con la mano el auricular del teléfono para dirigirse al General Armada, que estaba sentado enfrente: “Dice el Rey que no quiere que vayas a Zarzuela”. Yo he llegado a la conclusión, por el desarrollo posterior de los acontecimientos, de que el golpe se acabó en ese momento”. Fernández-Monzón fue quien se encargó de ir a Prado del Rey a desalojar al Martínez Merlo, el capitán que tenía tomada TVE. Además, fue enviado a ir al Congreso y participó de las conversaciones con Tejero para sofocar el golpe junto con el Inspector General de la Policía Nacional, el General Sáenz de Santa María y el director general de la Guardia Civil, Aramburu Topete.


1981- Soldado de remplazo, Policía Militar. (24 años)
2016- Redactor de cultura en la delegación de Barcelona de EL PAÍS.
Jacinto Antón recibió el 23-F la orden de tomar EL PAÍS, el periódico donde hoy trabaja desde hace 30 años. Hace 35, en 1981, tenía 24 años, estudiaba periodismo y estaba haciendo la mili como Policía Militar. Vivió el golpe entre en uno de los núcleos de la conspiración, el acuartelamiento de El Pardo y el interior del Congreso, donde llegó con las fuerzas de la división acorazada a las órdenes del comandante Pardo Zancada. “Participé en el golpe pero tiene que quedar bastante claro que fue sin querer”, contó durante el rodaje. “Formamos en la noche fría y Pardo Zancada y el Capitán Álvarez Arenas nos indicaron que teníamos que tomar dos periódicos. Uno era El Socialista y el otro, EL PAÍS. Como estudiante de periodismo me pareció una paradoja bastante curiosa que me mandaran a enfrentarme con periodistas”. Con esa información en la cabeza les mandaron a la cama a esperar noticias. Sin embargo después de “una serie de horas” se les hizo subir a los Land Rover de la compañía y emprendieron su camino al Congreso, no a los periódicos. “Se nos indicó claramente que estábamos bajo ley marcial, que significaba que no había espacio para la desobediencia, que se pagaría con pena de muerte”. Su llegada al congreso, sus pensamientos angustiados durante la toma y el fracaso del golpe darían para un documental aparte. Cinco años más tarde, Jacinto comenzó a trabajar en el periódico”.