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Lo que da sentido a nuestro trabajo

Es en países como Perú, en el que la economía y la desigualdad crecen a la par, donde las ONG son esenciales para impulsar una agenda de inclusión social, política y cultural

En Anco, de población rural, sólo el 56,6% tiene acceso al agua potable en sus hogares.
En Anco, de población rural, sólo el 56,6% tiene acceso al agua potable en sus hogares.

Ryszard Kapuscinski decía de África que era “demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta parte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria”. Esta descripción me viene a la mente siempre que pienso en Perú. Hablar de un solo Perú es reducir la diversidad tanto geográfica como cultural que lo hace único. Perú es Machu Picchu, considerada una de las siete maravillas del mundo moderno. Perú es el distrito limeño de Miraflores donde sus avenidas, locales y teatros lo convierten en una zona moderna y cosmopolita. Pero también es el asentamiento humano Lomo de Corvina, ubicado en el distrito de Villa El Salvador a una hora de Miraflores, donde las familias viven en casas autoconstruidas sin las condiciones mínimas de saneamiento. Y Perú también es San Pablo, a unas veinte horas de viaje en bus a través de los Andes, donde casi el 60% de las personas viven en condiciones de pobreza.

Sin embargo, en el 2008 Perú pasó de tener un PIB per cápita de 3.340 a 4.448 dólares y empezó a ser considerado por el Banco Mundial como un país de renta media alta. Desde entonces, con un crecimiento del PIB del 2,4% en el 2014, su nivel de desarrollo económico es cada vez más cercano al de las economías de los países de rentas altas. Estas cifras macroeconómicas ocultan la otra cara del crecimiento monetario: el “lado invisible” en el que se encuentran millones de peruanos y peruanas —especialmente de las zonas rurales— para quienes la cifra de 4.448 dólares aún suena a ciencia ficción.

La reducción de la pobreza en el Perú, donde se ha pasado de un 49% en 2006 a un 24% en 2013, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de Perú, medida en base a los ingresos de las personas, no refleja el desarrollo económico y social real del país. Por ejemplo, si en 2004 una persona que vivía en zona rural tenía aproximadamente el doble de probabilidades de ser pobre comparado a una persona de zona urbana, para 2013 esas probabilidades se han triplicado. Vinculado al condicionante geográfico, también persiste la desigualdad asociada al origen étnico y al género ya que aún hoy son indígenas y mujeres quienes tienen un menor acceso a temas críticos como la salud, a educación o el nivel de ingresos. Así, hoy las mujeres trabajadoras en el ámbito urbano reciben en promedio menos del 70% de ingreso que los hombres, indica el INEI.

Unido a ello, la inestabilidad política de la historia reciente y el conflicto armado que sufrió el país en las décadas de los 80 y 90 tienen aún impacto en la situación actual. Los casos de corrupción lamentablemente no son un hecho aislado y las percepciones ciudadanas de las instituciones públicas dejan patente la desconfianza hacia la gestión pública. Se hace evidente en todo el país la falta de procesos de participación ciudadana, y de transparencia y rendición de cuentas de las instituciones públicas.

Se hace evidente en   todo el país la falta de procesos de  participación ciudadana

En este contexto, la cooperación internacional en Perú juega un rol fundamental a la hora de traducir el crecimiento económico en un crecimiento y mejora social, y no en un aumento de las brechas y desigualdades. Sin embargo, el hecho de que Perú forme parte de los países de renta media alta lo convierte en un país de baja prioridad para muchas agencias de cooperación. Esto lo confirma la importante reducción del flujo de fondos que recibe el país. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) pasó de tener una financiación de más de 33 millones de euros en el año 2010 a tener siete millones de euros en el año 2015

Bueno fuera que la mejorada situación del país hiciera prescindible a la cooperación internacional pero lamentablemente esto no es así. Es por ello que organizaciones como ONGAWA continúan trabajando para reducir las enormes brechas existentes, realizando nuevos modelos de intervención que permitan “hacer más con menos” pero siempre centrados en áreas rurales y, sobre todo, con las personas que han sido excluidas del desarrollo nacional por razones de género, lengua y nivel socioeconómico.

Entre estas personas podemos encontrar a la población del distrito de Anco, en la región Huancavelica, que fue fuertemente castigada durante el conflicto interno que azotó al país y donde vive parte de esa población rural de la que sólo el 56,6% tiene acceso al agua potable en sus hogares. Población que gracias al trabajo que realizamos en ONGAWA dispone ya de un sistema que les permite monitorear mediante su teléfono móvil la calidad del agua que consumen.

También forman parte de estas personas, Lelis, Haydee, Rosa, Elisa, Dominga y Miriam; que junto a otras veinte mujeres y con nuestro apoyo han constituido la “Asociación de Artesanas de San Pablo de Chalaques”. Mujeres que hace dos años no tenían fuentes de ingresos y ahora venden sus tejidos impregnando su cultura en cada uno de ellos o, en palabras de su presidenta, “ya tenemos en nuestra mente que somos una empresa y tenemos que seguir creciendo”. Mujeres que viven en San Pablo, una de las provincias más pobres de la región de Cajamarca a casi veinte horas de viaje desde Lima, capital del país donde se concentra casi un tercio de la población total que condiciona datos como el PIB per cápita.

Niña de Mamachapampa. ampliar foto
Niña de Mamachapampa.

Lejos de esos 4.448 dólares de ingresos también se encuentra Damián, actual presidente de la Asociación Andina de Cultivos y Crianzas, que gracias a nuestro acompañamiento no sólo ha constituido la asociación sino que vende sus productos a EEUU, Europa, Japón, Suiza usando herramientas como las redes sociales tal y como expresa el propio Damián:  “Nos han enseñado a usar la computadora y las TIC. Tenemos nuestro correo electrónico y hemos creado nuestro Facebook para ofrecer nuestro producto y eso es bueno para buscar el mercado que nos compre y que beneficie a los agricultores”.

La lucha diaria de estas personas para conseguir sus derechos y asegurar un futuro digno a sus hijos e hijas es lo que da sentido a nuestro trabajo. Por ello el año próximo empezaremos un nuevo proyecto, y nuevas organizaciones de pequeños productores y productoras podrán aumentar su nivel de ingresos gracias al uso de herramientas tecnológicas para la venta de sus productos directamente a mercados nacionales e internacionales, lo que hará que se acerquen un poco más a esa cifra de PIB que establece que Perú es un país de renta media alta. Sin embargo, el gran reto de la cooperación en Perú no es simplemente reducir las desigualdades con cada vez menos recursos sino asegurar que se establecen mecanismos permanentes y estables de defensa y ejercicio de los derechos humanos. Y es aquí donde las organizaciones no gubernamentales han sido y seguirán siendo esenciales para impulsar una agenda de inclusión social, política y cultural.

Marta Ortega, Representante-País de ONGAWA en Perú.