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ANÁLISIS

Un premio para la salud global

El Comité Nobel ha reconocido en la presente edición la investigación realizada alrededor de tres enfermedades relacionadas con la pobreza —la malaria, la elefantiasis y la oncocercosis— que lastran el desarrollo económico y social de buena parte de la población mundial. En concreto, el Comité Nobel ha premiado el trabajo de tres científicos cuyas investigaciones iniciadas en los años 70 han permitido el desarrollo posterior de medicamentos derivados de dos compuestos —la artemisinina y la ivermectina— que están teniendo un impacto directo en la salud pública de los países en desarrollo, salvando millones de vidas. El galardón es, así, el reconocimiento a un tipo de ciencia que va más allá de la generación de conocimiento y que busca el impacto positivo de sus descubrimientos sobre la salud de las poblaciones más vulnerables.

Este premio es, sin duda, una excelente noticia para todos los que trabajamos en el campo de la salud global y llega, además, en un momento de inflexión para la malaria, la madre de todas las enfermedades relacionadas con la pobreza. Después de muchas décadas centrados en el control de la enfermedad, la comunidad internacional, encabezada por la Organización Mundial de la Salud, ha aprobado una nueva estrategia global para los próximos 15 años centrada en la eliminación de la malaria. Es una tarea titánica que requerirá del esfuerzo de todos los actores del campo de la salud global y de todo el arsenal de herramientas contra la malaria de las que ahora disponemos: desde las terapias combinadas con artemisinina, las redes mosquiteras, el control vectorial y la vacuna de la malaria, recientemente aprobada por la Agencia Europea del Medicamento, entre otras.

Es el reconocimiento a un tipo de ciencia que va más allá de la generación de conocimiento

En este sentido, y en consonancia con la actual estrategia de eliminación planteada a nivel internacional, desde ISGlobal, y con la colaboración de la Obra Social La Caixa y la Fundación Bill y Melinda Gates, apoyamos el Programa Nacional para el Control de la Malaria de Mozambique en su esfuerzo por eliminar la enfermedad del sur del país. Para ello, una de las herramientas que juega un papel clave para intentar alcanzar tan difícil meta es una terapia combinada con artemisinina, un fármaco de valor incalculable descubierto hace más de 30 años que hoy, finalmente, ha sido reconocido como tal.

Antoni Plasència y Javier Solana son director general y presidente de la Comisión Ejecutiva del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), respectivamente