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Tirar la piedra

El mito del expolio ha jugado un papel central en Cataluña en la propaganda independentista

En una tribuna publicada ayer en estas páginas, Xavier Sala i Martin (XSiM) trata de rescatar los míticos 16.000 millones del expolio a la vez que intenta convencernos de que el déficit fiscal juega un papel muy secundario en el caso por la independencia. Frente a la críticas de Borrell y Garicano, XSiM argumenta que distintas formas de calcular las balanzas fiscales responden a preguntas diferentes, todas ellas legítimas, y que el procedimiento (de flujo monetario) que defienden los independentistas es el más relevante a efectos de las cuestiones que interesan en Cataluña. También nos dice que el objetivo de los independentistas no es ahorrarse los dichosos 16.000 millones sino mejorar la calidad de las políticas públicas, lo que se conseguirá de forma automática una vez tengamos un Gobierno que defienda única y exclusivamente nuestros intereses.

Tiene razón XSiM en que cada forma de calcular el saldo fiscal catalán responde a una pregunta distinta. En el caso del flujo monetario, esa pregunta podría formularse así: 1) ¿Cuál sería la ganancia fiscal bruta derivada de la independencia, suponiendo que la renta catalana no cambiase con la secesión? Por ganancia bruta ha de entenderse la existente antes de sufragar el coste de los servicios que el Estado nos presta ahora “en especie”, como las embajadas o el aparato administrativo central. Nada que objetar, pero esta no es una de las preguntas que, gracias a la propaganda nacionalista, sí están en la calle en los últimos tiempos. Estas son 2) ¿Cuál sería la ganancia económica neta de la independencia, teniendo en cuenta todos los factores relevantes? y 3) ¿Estamos siendo justamente tratados o pagamos más y recibimos menos del Estado de lo que sería razonable?

Sin entrar en detalles, está claro que se trata de tres cosas muy distintas. Para pasar de 1) a 2) hay que considerar la pérdida de economías de escala en la producción de lo que ahora son servicios compartidos y los posibles efectos de la secesión sobre el nivel de renta. Y para hablar de 3) habría que tener en cuenta el nivel de renta de la región para valorar si la aportación de sus ciudadanos a la redistribución interna resulta excesiva o no.

Uno es muy libre de plantearse las preguntas que quiera, pero no vale tirar la piedra y esconder la mano. Si XSiM y compañía hubiesen dejado siempre claro que estaban hablando de 1), nadie podría quejarse de engaño. Pero no ha sido el caso: en manos del aparato de propaganda del régimen, los 16.000 millones se han transmutado en las respuestas 2) y 3), esto es, en la ganancia neta derivada de la independencia o en lo que España nos roba. A esta engañosa transformación, algunos compañeros de profesión han contribuido de forma activa y entusiasta y otros de forma más pasiva, no protestando ante la manipulación de sus resultados. Como muestra sirva un botón: véase el vídeo sobre el “espoli” protagonizado por algunos colegas catalanes y obsérvese, entre otras muchas cosas, que los dos mil y pico euros que supuestamente paga de más cada catalán (minuto 1:35) salen de dividir los 16.000 millones de XSiM por la población catalana.

El egoísmo fiscal es una pésima tarjeta de presentación ante la comunidad internacional

Así pues, lo siento Xavier, pero no cuela. Claro que ha habido engaño. Y no cuela tampoco lo de que ésta es una discusión secundaria. Todo el que haya pasado por Cataluña en los últimos años es consciente del papel central que ha jugado el mito del expolio en la propaganda independentista. Entiendo, sin embargo, la necesidad de un lavado de cara porque el egoísmo fiscal es una pésima tarjeta de presentación ante la comunidad internacional y una base muy problemática para ese nuevo Estado que queréis crear. Ningún Gobierno sensato bendecirá el antipático precedente que supondría dejar que los más ricos se vayan para ahorrarse su contribución a la redistribución de la renta, aunque sólo sea para evitar tentaciones en casa. Y a ver cómo explicáis a los catalanes menos favorecidos que con ellos sí que vais a ser solidarios, aunque no lo hayáis sido con sus primos de Cádiz o Badajoz.

Por último, la historia esta de que la independencia traerá más bienestar porque los futuros Gobiernos catalanes sólo se tendrán que preocupar de nuestros intereses resulta bastante endeble. Si este fuera el único factor relevante, lo óptimo sería darle la independencia a todos los municipios o, ya puestos, a todas la familias. Si no es así es porque muchas veces, y desde luego en el caso que nos ocupa, el todo es bastante mayor que la suma de las partes.

Ángel de la Fuente es investigador del Instituto de Análisis Económico (CSIC), Barcelona.

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