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Cuando Donald Trump y los Clinton se relacionaban

Hubo un tiempo en que alternaban y, lo más importante, en el que el empresario entregaba miles de dólares a los otros para su carrera política. Hoy se niegan y se repudian.

Revista Sábado publicó el 5 de septiembre de 2015 la relación existente entre el matrimonio Clinton y Donald Trump. En vísperas de las elecciones de EE UU 2016, recuperamos el reportaje

Elecciones EEUU 2016
Donald Trump, Hillary y Bill Clinton y Melania Trump, en 2005 en la boda de los Trump.  GETTY

Bill Clinton agarra por el hombro a Donald Trump mientras este parece estar contando algo divertido y tanto Hillary como Melania, la modelo eslovena con la que el empresario se acaba de casar en terceras nupcias, ríen con sus blancas dentaduras abiertas de par en par. No era descabellado pensar que 10 años después de esa fotografía, un 2015 cualquiera, la ex primera dama pugnaría por la candidatura demócrata a la presidencia de EE UU, pero era difícil adivinar que en el lado republicano lo haría el magnate con una campaña montada a lomos de la polémica.

Sí, hubo un tiempo en el que Trump y los Clinton alternaban, parecían gustarse y ­­­—más importante— uno de ellos entregaba miles de dólares a los otros para su carrera política. Hoy se niegan, se repudian. Podría ser un pasaje de La hoguera de las vanidades, pero solo es una historieta más de la alta sociedad de Nueva York, con yuppies, políticos, fiestas y un pragmatismo del tamaño de Central Park.

Trump, en el primer debate republicano, este verano, se jactó de la asistencia de los Clinton a su boda como prueba de que los políticos ceden a lo que les piden los empresarios, mientras que él, rico, era libre. “Cuando llaman, les doy, ¿y sabe qué? Cuando necesito algo de ellos, les llamo”, dijo sobre los políticos. Y sobre Clinton: “Le dije: ‘Ven a mi boda’. Y vino. ¿Sabe por qué? No tenía elección, porque yo doné a su fundación”.

Hillary, Bill, Chelsea Clinton y Marc Mezvinskyas, durante la campaña a la presidencia de Hillary
Hillary, Bill, Chelsea Clinton y Marc Mezvinskyas, durante la campaña a la presidencia de Hillary. Cordon Press

Clinton le quitó hierro, como quien reniega de un amigo caído en desgracia: “No le conocía tanto, o sea, le conocía, y [la boda] era en Florida y pensé que sería divertido”.

Ni a ella le conviene recordar aquella relación ni a él sus simpatías por los demócratas. Pero la hemeroteca conserva imágenes de Bill jugando al golf con Trump y los elogios del empresario. El candidato republicano dio la cara por el expresidente cuando estalló el escándalo del affaire con Monica Lewinsky. Porque, sí, Bill Clinton había mentido a la nación, pero al fin y al cabo “fue una tontería”, mientras que Bush “nos metió en esa guerra horrible con mentiras”, recalcaba Trump en 2008.

Chelsea e Ivanka

A. MARS

Los Trump y los Clinton también están unidos por la generación posterior, por mucho que ahora batallen públicamente. Chelsea Clinton e Ivanka Trump, de 35 y 33 años, respectivamente, coinciden en fiestas y se han lanzado flores públicamente. “Ella siempre está pendiente de que la gente esté pasándolo bien, es una preocupación que de alguna manera me recuerda a mi padre y sus capacidad para hacer que la gente esté a gusto”, decía Chelsea de Ivanka en Vogue el pasado febrero.

Tienen mucho en común: son dos treintañeras de Manhattan, con hijos pequeños, que han crecido en dos de las familias más famosas del mundo. Si la historia se repite ­­­­­—y en EE UU gustan las sagas—, quizá en un futuro dejen los elogios y se pongan de vuelta y media mientras compiten en política.

¿Y qué decir de Hillary? “Es una mujer fantástica. No soy objetivo porque la conozco desde hace años. Ambos vivimos en Nueva York. Me gustan mucho ella y su marido”, decía en 2012 en la cadena Fox. ¿Y quién representaría bien a EE UU en una negociación con Irán? “Hillary Clinton haría un buen trabajo”, opinó en la CNN en 2007.

Ahora afirma que Clinton “ha sido la peor secretaria de Estado de la historia”, y esta ha arremetido contra las barrabasadas racistas y sexistas del candidato.

Las salidas de tono de Trump son tales que han alumbrado una teoría maquiavélica por la cual los Clinton habrían impulsado la campaña del empresario para perjudicar al partido republicano. “Tiene una estrecha amistad con Bill y Hillary desde hace años (…). Todo esto es muy sospechoso”, llegó a insinuar Carlos Curbelo, congresista republicano, en una entrevista en Miami Radio recogida por varios medios. "Podría ser un candidato fantasma", dijo.

Si quiere un amigo en política, hágase con un perro, suele decirse. William Cohan, autor de House of Cards o Dinero y poder. Cómo Goldman Sachs llegó a gobernar el mundo, resta credibilidad tanto a la antigua relación como al actual repudio. “No creo que haya una amistad de veras ahí, ella vio una fuente de financiación, y él, una forma de acceder a un político poderoso”, explica. Y ahora “todo es parte del teatro de Trump, a un candidato republicano no se le puede ver como amigo o apoyo de Hillary”.

De hecho, ese es el ataque que el mayor rival de Trump para la candidatura republicana, Jeb Bush, lanzó esta semana contra el empresario, al difundir un vídeo en el que recopilaba aquellas frases laudatorias para Clinton.

Donald Trump, junto a su familia.
Donald Trump, junto a su familia. Cordon Press

Él [Trump] ha sido extraordinariamente amable con Hillary y conmigo”, admitía este verano Bill Clinton, además de que “es uno de los muchos republicanos que ha apoyado la fundación”. Según datos de Bloomberg, Trump y sus parientes han donado unos 9.500 dólares a las campañas federales de Hillary Clinton, lo que no es una gran suma, mientras que a la fundación han dado entre 100.000 y 250.000 dólares, tampoco una exageración.

“Los Clinton son estrellas, así que siempre se relacionarán con los peces gordos de Nueva York, Chicago o Los Ángeles”, señala William H. Chafe, autor de Bill and Hillary. The Politics of Personal, pero defiende que, además del establish­ment, “Hillary también tiene un apoyo fuerte en las comunidades latinas y afroamericanas y en las organizaciones de trabajo”.

Si uno se toma en serio sus declaraciones, Trump y los Clinton ya no se tratan. Pero sus hijas, Chelsea e Ivanka, sí alternan, porque Nueva York puede ser una ciudad muy pequeña para la crema de la sociedad y siempre hay una fiesta en la que coincidir.

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