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¿Acuerdo de paz en Sursudán?

El presidente de Sursudán, Salva Kiir, y el jefe rebelde, Riek Machar, intercambian documentos tras un cese el fuego firmado en Addis Abeba en febrero de 2015. Foto ReutersTiska Negeri
El presidente de Sursudán, Salva Kiir, y el jefe rebelde, Riek Machar, intercambian documentos tras un cese el fuego firmado en Addis Abeba en febrero de 2015. Foto Reuters/Tiska Negeri

Parece que finalmente las amenazas que dejó Barack Obama durante su visita a la sede de la Unión Africana, a finales de julio, con respecto a las partes implicadas en el conflicto de Sursudán han surtido efecto. El presidente estadounidense prometió recurrir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para pedir la imposición de sanciones y un embargo de armas si antes del 17 de agosto el gobierno y los rebeldes no alcanzaban un acuerdo de paz.

La misma tarde del día que se cumplía el plazo dado, las dos partes enfrentadas en Sursudán firmaron un acuerdo parcial de paz prometiendo reunirse de nuevo tras de 15 días para continuar las conversaciones. De hecho, el presidente de Sursudán, Salva Kiir, no lo firmó, alegando tener algunas reticencias sobre el mismo. Pero prometió hacerlo si dentro de 15 días la situación se mantiene. En su lugar firmó Pagan Amum, secretario general del partido en el poder (SPLM). Riek Machar, jefe de los rebeldes, si ha estampado su rubrica en el documento.

Se reabre así una tibia ventana a la esperanza cuatro años después de que el país más joven del mundo alcanzase la independencia y casi tres desde que diera comienzo el actual conflicto. Además, se garantiza que por el momento las sanciones y el embargo de armas se retrase, al menos, quince días.

Las dos facciones rivales retomaron las conversaciones de paz, tras el paso de Obama por África, el seis de agosto, después de haberse puesto de acuerdo en el rechazo a las amenazas de sanciones.

La actual contienda comenzó a finales de 2013 entre fuerzas leales al presidente Salva Kiir y los rebeldes seguidores del ex vicepresidente Riek Machar, dando lugar a un conflicto que ha sido tildado de étnico al enfrentar a los dos grupos mayoritarios del país, los dinkas y los nuers. Sin embargo, la verdadera razón del mismo es la disputa entre empresas chinas y estadounidenses, principalmente, por el control del petróleo de la zona.

Desde el inicio de la guerra se han celebrado diversas rondas de conversaciones en la capital de Etiopía, Addis Abeba, con el objetivo de alcanzar un acuerdo definitivo de paz. Pero todas ellas han fracasado debido a las continuas violaciones de los acuerdos de alto el fuego por parte de ambos bandos.

En esta ocasión, se partía de que una solución perfecta para el conflicto sería difícil de alcanzar. Así lo declaró Seyoum Mesfin, mediador jefe del IGAD, grupo que reúne a los estados de África oriental que median en la disputa, y con cuyos presidentes se reunió Barack Obama en su visita a la capital etíope, en la apertura de la última ronda de negociaciones.

El acuerdo finalmente alcanzado incluiría clausulas que hablan de compartir el poder entre las dos facciones enfrentadas y de la composición de un gobierno de coalición. Según un portavoz de los rebeldes este sería el punto que cuestiona el presidente Salva Kiir y por el que ha retrasado la firma del pacto 15 días. Basándose en esta reticencia, le acusan de tener miedo de compartir el poder.

El temor a que este hecho se convierta en un verdadero obstáculo para la ratificación definitiva del convenio alcanzado flota en el aire y ni los miembros del IGAD ni las potencias que dirigen las conversaciones desde las sombras, Estados Unidos y China, descartan un nuevo fracaso.

Por otra parte, no parece que en documento final quede claro qué pasará con las elecciones que tenían que haberse celebrado durante el verano y que el presidente Salva Kiir pospuso hasta 2018.

Debemos mantener la esperanza ya que esta vez la presión internacional parece estar funcionado y poniendo entre la espada y la pared a las partes enfrentadas. Aunque también pudiera ser que la verdadera amenaza que está haciendo posible el desbloqueo de la situación sea la del cierre de la única fábrica de cervezas del país debido a la escasez de combustible, de materia prima y de capital extranjero que los 20 meses de conflicto han originado. De hecho, la compañía ya ha tenido que enviar a casa a unos 100 trabajadores, lo que supone una cuarta parte de sus 405 empleados, y si la situación no cambia pronto tendrá que poner fin a su producción.

El presidente de Sursudán, Salva Kiir, y el jefe rebelde, Riek Machar, intercambian documentos tras un cese el fuego firmado en Addis Abeba en febrero de 2015. Foto Reuters/Tiska Negeri

El gigante de las bebidas SAB Miller abrió la factoría en Juba, la capital de Sursudán, en 2009, un par de años antes de la independencia del país. En ella se producen las dos marcas locales de cerveza: Nile Special y White Bull.

Esta última debe su nombre a una raza local de ganado. Fue lanzada en 2009 y representa la independencia del país frente a la opresión del norte, donde la ley islámica, sharia, prohíbe el consumo de alcohol. El eslogan con el que fue presentada, y que se mantiene hasta hoy en día, es “The taste of progress” (el sabor del progreso). Poco a poco se ha ido convirtiendo en la cerveza más consumida en el país desplazando a la keniana Tusker o la ugandesa Bull que dominan el mercado de la cerveza en África oriental.

El cierre de este símbolo de orgullo nacional sería un duro golpe para el país.

Lo importante en este momento es que Sursudán se encuentra, por fin, con la posibilidad de recuperar la paz, de poner fin a la contienda, de que los más de dos millones de desplazados y refugiados regresen a sus hogares, de que se desmovilicen a los combatientes, especialmente a los cientos de niños y niñas que están siendo utilizados por ambos bandos y de que poco a poco se recupere la economía.