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La vida del batería de AC/DC es un drama

Phil Rudd ruega a Angus Young que le perdone para volver a la banda mientras continúa en arresto domiciliario y se desintoxica

Phil Rudd, en noviembre de 2014, hace 'una peineta' a los periodistas después de comparecer en el juzgado de Tauranga acusado de posesión de drogas y amenaza de muerte.
Phil Rudd, en noviembre de 2014, hace 'una peineta' a los periodistas después de comparecer en el juzgado de Tauranga acusado de posesión de drogas y amenaza de muerte. Getty

Angus Young me está explicando el Santo Grial del rock duro: cómo se compone una canción de AC/DC. “Cuando escucho un tema y no entra a los pocos segundos la batería me pongo nervioso, no me gusta. En realidad es parecido a cómo componemos en el grupo. Mi hermano Malcolm escribe en su casa y yo en la mía. Luego nos juntamos y elegimos las mejores canciones. Cuando ensayamos, las probamos. Nos ponemos a tocar los acordes de guitarra y entra la batería de Phil. Poc, poc, poc [y Angus simula que toca con las baquetas], y ahí empieza a fluir todo”. Como si el guitarrista acabase de dictar la lista de la compra en lugar de desvelar el gran secreto rockista, sorbe tranquilamente un poco de su taza de café y esboza una sonrisa a la espera de la siguiente pregunta. En aquella época ni Angus ni nadie lo sabían, pero la realidad es que las canciones de AC/DC ya nunca se crearán de esa manera.

Entrevisté al jefe de AC/DC en Düsseldorf (Alemania), en 2008, con motivo del lanzamiento del penúltimo álbum de la banda, Black ice. Los 40 minutos de charla resultaron frustrantes. Muy poco tiempo para hablar de tantas cosas: de Bon Scott, de Highway to hell, de su forma de tocar la guitarra, de las claves de su leyenda, de mil asuntos… Aquel día, el alma de la banda de rock duro más popular de la historia llevaba una pequeña bolsa verde consigo. El músico, vestido tan sencillo como con unos vaqueros, una camiseta y unas zapatillas deportivas, tenía alrededor a un batallón de asistentes. Innecesarios la mayoría de ellos debido a la austeridad del protagonista. A la hora de comer, entre una entrevista y otra, Angus agarró su bolsita verde y cogió un sándwich que se había comprado en una tienda próxima al hotel donde se celebraban sus encuentros con los medios. Así son los lujos de esta peculiar estrella del rock. Pero algunas cosas han cambiado.

La maquinaria de AC/DC nunca se detiene. Se murió el cantante Bon Scott y a las pocos semanas ya tenían a Brian Johnson; cayó en las garras de la demencia Malcolm Young y el grupo se puso a grabar sin él; la policía encerró a su batería, y le sustituyeron a las pocas horas. AC/DC es un tranvía que va demasiado embalado como para esperar al que sale a tomar el aire

Aquel Phil tan esencial a la hora de ensayar las canciones de la formación australiana se encuentra ahora sorteando problemas. Muchos. En lugar de estar aporreando su instrumento (y, de paso, llenando sus bolsillos de dólares) ante 50.000 desatados seguidores, Phil Rudd (nacido en Melbourne, Australia, hace 61 años), se encuentra retenido en su casa durante los próximos ocho meses. Desde allí, en Tauranga (Nueva Zelanda), declaró la semana pasada a la revista estadounidense Rolling Stone: “Déjame cinco minutos en una habitación con Angus y recupero mi puesto de batería en AC/DC”. Más tarde desvela que no ha hablado con el jefe Angus en todos estos meses: “He hecho algunas cosas que no debería haber hecho y estoy pagando por ello. Pero cuando recupere mi libertad quiero volver a la banda. No deseo enfadar a Angus. Sé que soy el mejor batería para el grupo y él también lo sabe”.

Pobre diablo. Él debería saber mejor que nadie que la maquinaria de AC/DC nunca se detiene. Jamás. No espera a nadie. Se murió Bon Scott (febrero de 1980), aquel vozarrón que parecía insustituible, y a los pocos meses editaron, con Brian Johnson cantando, su éxito más apabullante, Back in black (julio de 1980); cayó en las garras de la demencia Malcolm Young (2014), hermano de Angus y base de la composición, y el grupo se puso a grabar sin él; la policía encerró a su batería, y la banda le sustituyó por otro (Chris Slade) en pocas horas y se marcharon de gira. AC/DC es un tranvía demasiado embalado y pesado como para pararse a esperar a la gente que sale a tomar el aire.

El batería durante la presentación de cargos.
El batería durante la presentación de cargos. Getty

Los problemas de Rudd empezaron en noviembre de 2014, cuando fue acusado por partida triple: contratar a un sicario para asesinar a una persona, amenazas de muerte y posesión de drogas. El primer cargo, el más grave, fue archivado por falta de pruebas. Los otros no. Las sustancias encontradas fueron marihuana y metanfetaminas. Por esto último debe permanecer en su domicilio, sin permitirle salidas. Puede, sin embargo, recibir a gente. Uno de sus visitantes es un psiquiatra especialista en tratar con personas dependientes de la poderosa metanfetamina. Rudd también tiene dependencia del alcohol. “Él me está ayudando a superar mis desequilibrios. Y me está yendo bien. Este médico es un tipo altamente cualificado en la escuela de La naranja mecánica [la película de Stanley Kubrick, donde el protagonista pasa por las manos de un equipo médico que experimenta sus métodos extremos con él]. Estoy aprendiendo muchas cosas. Soy como un gran pez en un pequeño estanque”, ha declarado.

Rudd niega algunas informaciones que se ofrecieron sobre su caso. Los medios neozelandeses contaron que el batería, descontento por las estrategias seguidas para el lanzamiento, en 2014, de su primer disco en solitario, Head job (un álbum de rutinario rock duro, donde Rudd se atreve a cantar con su voz quincallera), llamó a unos sicarios para que “quitaran” de la circulación a su guardaespaldas. Rudd le responsabilizó de la, en su opinión, deficiente gestión del lanzamiento del álbum. Según estos medios, el batería ofreció a estas personas “200.000 dólares, un coche, una moto y una casa”. Además, el músico telefoneó a su empleado y le dijo que “le mataría”. Rudd, sin embargo, niega esta información. El juez desestimó todo el asunto de los sicarios "por falta de pruebas", pero mantiene las acusaciones de amenazas de muerte. “Hemos apelado por el tema de las acusaciones de amenazas de muerte. Todavía no hay fecha prevista para la vista, pero está claro que al juez le interesa que Phil se rehabilite de su dependencia de las drogas, por eso le ha recluido en casa”, ha afirmado el abogado del músico, que confía en que transcurridos los ocho meses de arresto domiciliario el batería quede libre.

El batería está en arresto domiciliario. Recibe casi a diario la visita de un psiquiatra especializado en drogodependencia. “Me está ayudando a superar mis desequilibrios. Y me está yendo bien. Es un tipo altamente cualificado en la escuela de La naranja mecánica", señala Rudd

Para Rudd su caso es un claro ejemplo de persecución mediática. “Tiene la pinta de que los medios quieren encontrar algo malo para despachar ejemplares. Me quieren vender como ‘el batería malote’. Desean que todo el mundo me odie, pero en el fondo creo que la gente me aprecia”, ha señalado a Rolling Stone. No es la primera vez que Rudd ha tenido que dejar la banda. Entró en el grupo en 1975, un par de años después de su formación y vivió la mejor etapa creativa y de éxito. Por supuesto, fue activo en esos primeros años de rock regados con alcohol. “Aquellos primeros tiempos fueron muy locos. Nos acostábamos borrachos y nada más levantarnos volvíamos a beber. No había final”, declaró en el programa Behind the music Malcolm Young. En 1983, Phil fue expulsado por sus problemas con las drogas y por pelearse con otros miembros del grupo, sobre todo con Malcolm. Regresó a la banda en 1994… hasta los incidentes de noviembre de 2014.

Rudd invirtió los once años de retiro fuera de AC/DC en consolidar su vida privada. Se casó con su novia, Lisa O´Brien, y se marcharon a vivir a Tauranga, una ciudad idílica, situado en la Isla Norte de Nueva Zelanda. Buen clima, gran oleaje para practicar surf y elevado nivel de vida. Es uno de los lugares de retiro para los jubilados neozelandeses y australianos de nivel medio-alto. Allí vivió relajado criando a su amplia prole: cinco hijos y su mascota, una cacatúa. Además, se compró un yate (donde ya en 2011 le cazó la policía con una considerable cantidad de marihuana) y montó un restaurante, Phil’s Place. Aquel mismo año, 2011, Rudd se movilizó con sus vecinos para recaudar fondos para los afectados por el terremoto de Christchurch, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, donde murieron varias decenas de personas.

ACDC en una presentación en 2003. De izquierda a derecha: Malcolm Young, Brian Johnson, Angus Young, Phil Rudd y Cliff Williams.
AC/DC en una presentación en 2003. De izquierda a derecha: Malcolm Young, Brian Johnson, Angus Young, Phil Rudd y Cliff Williams. Cordon

Cuando regresó a AC/DC en 1994 y le preguntaron sobre qué había hecho en sus años de retiro, comentó: “Piloté helicópteros, conduje mis coches y me dediqué a la agricultura”. Rudd tiene pasión por los transportes de motor. Su colección de coches llega a las 12 unidades y tiene licencia para pilotar helicópteros. Pero la tranquilidad se acabó cuando regresó a la actividad rockera. En 2006 se divorció de Lisa, que le acusó de malos tratos, aunque el juez dio la razón al músico. Además, tuvo que cerrar el restaurante (luego reabrió) y despedir a parte de los empleados tras varias discusiones que acabaron en el juzgado, con reclamaciones de indemnizaciones.

Como baterista, Phil Rudd, cuyo ídolo es Ringo Starr, es conocido como el genio de la simplicidad. De hecho, algunos especialistas le acusan de ser “extremadamente normal”. Seguramente es el batería perfecto para un grupo que estilísticamente no camba mucho (ni falta que hace). Si se extrajera el sonido de batería de los temas del grupo se comprobaría que las variaciones entre canciones son mínimas. Otros le llaman, por su capacidad para llevar el compás, el maestro del metrónomo, el artilugio que indica el tempo en las piezas musicales. Hace solo unos meses, en la ronda de entrevistas para promocionar su disco en solitario y antes de que estallara todo, masculló a un periodista el secreto de su potente pegada: “Toco con unas baquetas con doble cabeza”.

“Déjame cinco minutos en una habitación con Angus y recupero mi puesto de batería en AC/DC”, dice Rudd. Mientras, ninguno de los miembros del grupo se ha puesto en contacto con él

Rudd no tiene un perfil, digamos, intelectual. Hay una anécdota que desveló en una entrevista el cantante de la banda, Brian Johnson, sobre la personalidad del batería. Después de deshacerse en elogios sobre su técnica e intuición contó esta historia: “Veíamos cada noche que Phil tenía unos grandes trozos de papel colgados de la batería. Un día me acerqué a ver qué demonios era aquello. Y vi que era un póster con una chica con las tetas más grandes que jamás vi. Le dije: ‘Pero qué es esto, Phil’. Y me contestó: ‘Es para inspirarme”. Cuando alguien le preguntó cuál era la temática de su álbum en solitario, le espetó: “Trata sobre ir al pub y quitarte toda la mierda que tienes en la cabeza”.

Después de llenar estadios por todo el mundo durante el primer semestre de 2015, la gira de AC/DC  Rock or bust se tomó un mes de descanso. Vuelve el 22 de agosto para recorrer Estados Unidos y luego enlazar con Canadá y Australia para acabar el año en Nueva Zelanda. El gran drama de Rudd es que su grupo estará actuando cerca de su casa y él no podrá posicionarse al fondo del escenario, golpeando el bombo de su batería. Y, probablemente, ya no estará allí sentado nunca.



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