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Cambio en Navarra

Situar en Interior a alguien propuesto por EH-Bildu es un riesgo innecesario

Uxue Barkos, líder de Geroa Bai, formación nacionalista que incluye al PNV, será investida presidenta de Navarra en el debate que se inicia hoy con el apoyo de EH-Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra. Esos partidos han pactado ya la composición del nuevo Gobierno de la comunidad, que incluirá a una abogada, María José Beaumont, propuesta por EH-Bildu, como consejera de Presidencia, Justicia e Interior. Que asuma esta última responsabilidad, que supone el mando sobre los 1.700 agentes de la policía foral, ha sido muy criticado por la oposición (UPN, PSN y PP).

Será la primera legislatura con presidencia nacionalista vasca pese a que en conjunto las formaciones vasquistas siguen siendo muy minoritarias (30% de los votos y 17 escaños de 50, frente a 33 escaños y el 62% de los votos de los no nacionalistas). Sin embargo, el fuerte desgaste de UPN tras un cuarto de siglo al frente del Gobierno ha decantado otra mayoría por el cambio que mezcla partidos nacionalistas con otros que no lo son: Podemos, socialistas e I-E (versión local de Izquierda Unida). Y esta mayoría por el cambio ha resultado más potente que la otra.

Pero ambas tendrán que ser tenidas en cuenta. Barkos gobernará con una mayoría ajustada de 26 escaños, pero solo 17 de ellos corresponden a formaciones partidarias de la incorporación a Euskadi, posibilidad abierta por la disposición transitoria cuarta de la Constitución. No puede decirse, por tanto, que las urnas contengan un mandato de aplicación de esa disposición. Pero sí que reflejan la complejidad y pluralidad de la sociedad navarra. Negar la existencia de un componente vasco en la identidad navarra (por historia, toponimia, lengua) es tan absurdo como reducirla a ese componente. Así lo han venido reflejando las elecciones y también las encuestas sobre identidad subjetiva. La articulación de esa pluralidad se ha visto afectada por la composición interna del vasquismo en Navarra, dominado por su versión más radical, HB, brazo político de ETA, responsable de 42 asesinatos en ese territorio.

El cese de la actividad terrorista ha influido sin duda en el aumento del voto nacionalista (de una media del 22% al 30% actual) y también en una menor resistencia a pactar con EH-Bildu. Resistencia que sin embargo no ha desaparecido, y es lógico que así sea. Una cosa es admitir que siendo legal puede estar en las instituciones y otra que sea obligatorio pactar con ellos y facilitar su acceso a los Gobiernos locales o, sobre todo, autónomos.

El caso de la futura consejera de Interior ilustra el dilema planteado. Barkos ha dicho que Beaumont nunca ha sido militante de Herri Batasuna o sus siglas sucesoras, pero de todas formas constituye entre una imprudencia y una provocación situar al frente de ese departamento a una persona propuesta por EH-Bildu y solo conocida por su implicación en la movilización contra una obra pública controvertida (la presa de Itoiz). Aunque la retirada de ETA relativice el riesgo, la presidenta navarra no puede dejar de tener en cuenta lo que supuso para muchos navarros la campaña contra la construcción de la autovía de Leizarán entre Gipuzkoa y Navarra, a la que se oponía HB, y que fue pretexto para 160 atentados, cuatro de ellos mortales.

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