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¿Políticos guapos o líderes eficaces?

Ante el tópico de que la política no es para feos, un libro analiza el curioso físico de una figura histórica memorable

El nombre de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, genera 22 millones de resultados en Google: uno de cada cien incluye la palabra "guapo"
El nombre de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, genera 22 millones de resultados en Google: uno de cada cien incluye la palabra "guapo"

“Rasgos sombríos, cabeza greñuda, cejas tupidas, gran nariz, enorme boca”. Era 1866, hacía un año del magnicidio de Abraham Lincoln (1809-1865), el presidente que sigue siendo el mejor valorado por los estadounidenses, y la descripción que de él hacía el New York Tribune en 1866 rozaba la crueldad.

Abraham Lincoln en abril de 1865, en los últimos días de su presidencia y, por ende, de su vida
Abraham Lincoln en abril de 1865, en los últimos días de su presidencia y, por ende, de su vida Cordon Press

“Casi todo el mundo coincidía en que era feo, y era frecuente verlo escrito en prensa”, explica Richard Fox. El asunto, defiende, no es irrelevante. Su libro Lincoln’s Body (Norton) estudia cómo la extraña apariencia del presidente abolicionista marcó su carrera y su legado político. Visto desde la actualidad, el triunfo de un dirigente poco agraciado es aún más raro: “Ya casi no hay gente fea presentándose a las elecciones”, señala Fox.

Tampoco en España. Pedro Sánchez es El Guapo en su partido, Albert Rivera hizo su entrada en escena desnudo, y el físico de Alberto Garzón y Pablo Iglesias se comenta con frecuencia en las redes sociales. Los asesores en comunicación política Luis Arroyo (parte del equipo de Sánchez en las primarias) y David Espinós hablan de “coincidencia”. Achacan el cambio (“subjetivo”, advierten) a la bajada de la edad media de los candidatos, que ha caído una década desde las últimas generales a las próximas, de 58 a 47 años. Pero Arroyo recuerda que “la base física del poder está siempre presente” y que la psicología evolutiva demuestra que preferimos ser gobernados por el más dominante, un rasgo psicológico que sigue siendo percibido a partir de la apariencia.

El asesor Luis Arroyo concede importancia al contenido político, pero confía menos en la capacidad analítica del elector: “El voto es un acto de reconocimiento, de identidad. Es de todo menos racional”

No son solo opiniones. Un estudio publicado en American Politics Research aseguraba el pasado octubre que los candidatos atractivos tenían entre un plus de entre el 7% y el 10% de votos gracias a su belleza. “Es una salida rápida para los electores poco informados. El movimiento más rápido es inferir a partir del físico qué candidato es el más competente”, se leía en el estudio, elaborado por la Universidad de Ottawa a partir de las elecciones estadounidenses de 2008. Cuando los candidatos son de distintos sexo, no es la belleza, sino la aparente eficacia, lo que se premia. Otro informe ya recogía en 2011 que en EE UU los candidatos más altos han ganado el 67% de los comicios, y que los ciudadanos piensan en el político ideal como alguien cuya estatura supere la media.

Pedro Sánchez, otro político cuyo físico ha dado que hablar, en Bolonia, Italia, en septiembre de 2014
Pedro Sánchez, otro político cuyo físico ha dado que hablar, en Bolonia, Italia, en septiembre de 2014 Cordon Press

¿Qué diferencia, entonces, a Lincoln? En primer lugar, explica Fox, no había televisión. El aparato empezó a contar en campaña cuando Nixon, un político de radio y poco agraciado, tuvo que vérselas con el atractivo Kennedy en un debate que ya es parte de la historia. Pero, más allá de eso, el escritor señala que el presidente supo asociar su extraño físico (superaba el 1,90 cuando la estatura media de la época era 1,65 y sus brazos y piernas eran desproporcionadamente largos) con sus orígenes humildes. “Se reía de su aspecto en público, y desde el principio de su carrera se convirtió en el símbolo de un hombre hecho a sí mismo, crecido sin beneficios heredados como riqueza, educación [fue a la escuela durante un año en total] o belleza”, cuenta.

Los políticos son premiados por ser guapos en los Estados Unidos del siglo XXI

Richard Fox, autor de 'Lincoln's body', sobre el impacto político del físico del presidente 16

Eso no significa que no tratara de mejorar su imagen. El fotógrafo Mathew Brady le retrató de frente, para minimizar sus amplias orejas y su gran nariz. De la misma manera, según Luis Arroyo, que dirigentes como Sarkozy, Aznar o Franco han tratado de disimular su baja estatura mediante alzas, de forma más o menos reconocida. Y no se trata solo de mejorar los defectos físicos: si el sudor de Nixon durante su debate contra Kennedy le dejó en evidencia no fue por estética, sino porque le hacían parecer acorralado y nervioso. Arroyo asegura que no fue la belleza lo que hizo que Sánchez ganara en las primarias del partido a Eduardo Madina, aunque este “le habría ayudado ser un poco más sonriente, menos hosco”. La sonrisa que según él benefició a Sánchez era también una buena baza de Kennedy e incluso de Lincoln, pese a lo serio que se le ve en los retratos. La velocidad de las cámaras de la época le impedía posar con el gesto amable que exhibía sobre el terreno.

El ministro de Economía español Luis de Guindos junto a su homólogo Yanis Varufakis, en Bruselas, el 9 de marzo
El ministro de Economía español Luis de Guindos junto a su homólogo Yanis Varufakis, en Bruselas, el 9 de marzo Cordon Press

Por tanto, aunque la belleza se asocia a la eficacia, también se asimila con una pertenencia a la élite. Fox toma como paradigma a Obama, que “pese a ser el primer presidente negro, no es visto como parte del pueblo”. La razón: es “demasiado Ivy League”, es decir perteneciente a la élite universitaria, y sus estudios en Harvard y Columbia le alejan de la normalidad. Aún así, opina, su caso “sostiene la generalización de que los políticos son premiados por ser guapos en los Estados Unidos del siglo XXI”. ¿Y en España? “Vemos cómo progresivamente nuestras campañas van intentado parecerse más a las suyas”, defiende Arroyo, que asegura que la comunicación de los comicios estadounidenses suscita más interés que la de los patrios. David Espinós asegura que con el salto generacional ha llegado un cambio ineludible: “Hay una nueva política, en todos los aspectos. Punto”.

Profesionales en política recuerdan que, según la psicología evolutiva, preferimos ser gobernados por el más dominante, un rasgo psicológico que se percibe a partir de la apariencia

La importancia de la imagen, sin embargo, llega hasta cierto punto, y lo que prima en último término es la coherencia con el propio discurso. Eso es lo que defiende Espinós, que señala la sensación de confianza y la capacidad de emocionar como únicas cualidades físicas decisivas en un candidato. Fox coincide también en que, pese a su propio estudio de la identidad física de Lincoln, si este es “el más querido” de los presidentes es porque “mantuvo la unidad, puso a la esclavitud en la vía rápida hacia la extinción y entregó su vida por la libertad republicana”. Arroyo concede importancia al contenido político de un mandato en el ámbito del legado de un político, pero confía menos en la capacidad analítica del elector: “El votante no es una tabla rasa. El voto es un acto de reconocimiento, de identidad. Es de todo menos racional”.

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