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Nuevos materiales

Los pioneros del material ‘milagroso’

Un grupo de cinco empresas se disputan el mercado del grafeno en España

Javier Pérez, junto a empleadas de la empresa riojana Avanzare, muestra una bolsa con grafeno.
Javier Pérez, junto a empleadas de la empresa riojana Avanzare, muestra una bolsa con grafeno.

Más fuerte que el acero, ligero como una pluma y un excelente conductor térmico y eléctrico. Sobre el papel, el grafeno es casi perfecto. Lo que está siendo más complicado es encontrarle un uso concreto en el mundo real. “Estamos en una fase incipiente, pero vamos avanzando”, explica Javier Pérez, uno de los fundadores de Avanzare, firma pionera en la investigación relacionada con este nuevo material con sede en Logroño. Forma parte del grupo de empresas que compiten desde España —uno de los principales países exportadores de grafeno del mundo— para desarrollar aplicaciones comerciales, ahora muy limitadas.

De la planta de Avanzare sale el producto en polvo. Negro como el carbón. El más caro cuesta 2.500 euros el kilo. El precio puede ser una barrera. La empresa cree que será un problema pasajero: prevé que se abarate hasta los 100 euros en tres o cuatro años. La producción a gran escala es complicada, pero va mejorando. “Los lotes que hace tres años eran de 50 gramos, ahora son de cinco kilos”, destaca Pérez.

Fundada en 2004 por cuatro científicos del Departamento de Química de la Universidad de La Rioja, Avanzare vive principalmente de la investigación (con financiación pública y privada): ayudan a otras empresas a desarrollar tecnología relacionada con la química y también los hacen para ellos mismos. “Desde hace cuatro o cinco años, hemos empezado a vender nuestros productos”, cuenta Pérez. De momento, han logrado impulsar algunas aplicaciones industriales, sobre todo mezclando grafeno con resinas para mejorar la conductividad eléctrica. “Lo mejor está por llegar”, afirma, mientras muestra un catálogo en el que se explican algunas aplicaciones potenciales del material. “Se podrían hacer aviones más ligeros, reforzados gracias al grafeno”, dice. Eso es cosa del futuro.

De la planta de Avanzare sale el producto en polvo. Negro como el carbón. El más caro cuesta 2.500 euros el kilo

Es una de las empresas integradas en el consorcio europeo Graphene Flagship, cuya misión es desarrollar tecnología basada en este material. En él también participan Graphenea, de San Sebastián, y Granph Nanotech, marca del Grupo Antolín, fabricante de componentes para el automóvil, con sede en Burgos. “Suministramos materiales al resto de socios del consorcio”, explica Jesús de la Fuente, consejero delegado de la firma guipuzcoana. Producir grafeno no es fácil. “No es un único material, sino una familia. Cada aplicación y cada cliente requiere tipos y calidades diferentes”, cuenta.

Fundada en 2010 por este ingeniero, Graphenea es uno de los principales productores europeos. Tres años después se unió Repsol, con una inversión de un millón de euros, un apoyo clave para seguir creciendo en un mercado que fue de solo 12 millones de euros el año pasado. Los analistas esperan que esa cifra alcance los 350 millones en 2025.

“Algunos de nuestros clientes como Nokia o Philips tienen prototipos muy interesantes, pero están a varios años de estar en fase industrial”, explica. En las innovaciones en materiales, cuesta tiempo obtener un impacto comercial relevante, recuerda. La fibra de carbono tardó 40 años en triunfar. El silicio, 20.

Otra de las empresas que controlan el mercado en España es Granph Nanotech. De su centro en Burgos, venden grafeno a clientes para investigación. “El uso del grafeno aporta mejoras en la resistencia, tenacidad y en propiedades de fatiga”, explican fuentes del Grupo Antolín. “El grafeno estará muy presente en nuestras vidas, pero todavía tendremos que esperar un tiempo”, añaden.

“Hay tantas empresas españolas en esto porque siempre ha habido buenos investigadores”, asegura uno de ellos

La madrileña Nanoinnova está a punto de lanzar, con una empresa italiana, un recubrimiento anticorrosión de pintura en polvo sin aditivos metálicos. “Conseguimos una mayor protección con un producto más ecológico al no utilizar metales pesados en su composición”, explica Rafael Ferritto, uno de los fundadores de esta iniciativa impulsada por varios profesores de la Universidad Autónoma de Madrid. “En mi opinión, la razón de que haya tantas empresas españolas relacionadas con el grafeno es porque siempre ha habido buenos investigadores”, asegura el científico. Pero advierte de que este “estatus de privilegio” está en riesgo, porque se trata de “una carrera de alta competición”.

En Alicante, la empresa Graphenano, fundada en 2012, afirma tener aplicaciones en marcha. Su vicepresidente, José Antonio Martínez, explica que han producido una pintura ecológica y bactericida natural que se vende en varios países y que ha conseguido un grafeno que mejora el rendimiento de las baterías de ion-litio. Como sucede con el resto de las empresas, los mercados exteriores suelen ser el principal destino de sus productos.

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