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Christy Turlington, una modelo eterna

Formó parte del grupo de supermodelos que en los años noventa revolucionaron la industria. Pero ella tenía otras inquietudes.

Fue imagen de múltiples proyectos solidarios y fundó la ONG Every Mother Counts, que defiende el derecho a la salud de las mujeres.

Fiel a su unión con Calvin Klein, vuelve a posar como imagen en el aniversario de una de sus fragancias emblemáticas.

La modelo: "No era imposible compatibilizar la moda y los estudios". Ampliar foto
La modelo: "No era imposible compatibilizar la moda y los estudios".

“Fundadora de la organización sin ánimo de lucro Every Mother Counts y productora del documental No Woman, No Cry; defensora mundial de la salud maternal, madre, modelo”. Esta es la información que recoge el perfil en Facebook de Christy Turlington Burns (Walnut Creek, California, 1969). En ese orden.

Aunque nunca ha perdido su estatus de supermodelo (solo en los tres últimos meses ha sido portada de varias publicaciones femeninas y protagoniza la campaña de la nueva fragancia de Calvin Klein, Eternity Night), es su labor humanitaria la que la coloca este año entre las cien personas más influyentes, según la revista Time.

Las prioridades del “rostro del siglo XX”, como la definió el museo Metropolitan de Nueva York, cambiaron radicalmente a mediados de los noventa, en plena efervescencia del fenómeno de las supermodelos. Después de una “temporada particularmente extenuante” en París desfilando para la alta costura, Turlington decidió darse un respiro y retomar su formación académica siguiendo el ejemplo de la maniquí Bonnie Berman, con la que trabajó cuando ésta cursaba un máster en Estudios Rusos en la Universidad de Columbia (Nueva York). Cinco años más tarde, en 1999, se licenciaba cum laude en Religión Comparativa y Filosofías del Este en la Universidad de Nueva York. “Estábamos en una sesión de fotos para Vogue Paris con el bailarín Mijaíl Barishnikov”, explica Turlington, “y en mitad del set ella comenzó a hablarle en ruso. Pensé que no era imposible compatibilizar moda y estudios”.

La modelo con su marido, el actor Edward Burns. ampliar foto
La modelo con su marido, el actor Edward Burns.

Según sus propios cálculos, el reinado de las top models comenzó en noviembre de 1989, el día en que el fotógrafo Peter Lind­bergh disparó la portada de la edición británica de Vogue de enero del año siguiente en la que también aparecían Tatjana Patitz, Naomi Campbell, Linda Evangelista y Cindy Crawford. De ahí, directas al casting del vídeo musical de Freedom, el hit de George Michael. “Luego abrimos el desfile de Versace con esa canción sonando. Las editoras decían que la industria era aburrida y las supermodelos habían devuelto el entusiasmo”, dice.

Campbell, Evangelista y Turlington eran inseparables. Bendecida por el fotógrafo Steven Meisel, “la Trinidad” monopolizaba el negocio y era la salsa de todas las fiestas. Hasta que la californiana se cansó y puso tierra de por medio. Michael Gross, periodista y autor del libro Modelos: el feo negocio de las mujeres guapas (Warner Books), también publicó un artículo sobre Turlington que hoy reconoce que las distanció más. “Mírala ahora: ha tenido sus propios negocios, está volcada en la filantropía y en su familia, lleva una vida muy diferente y multifacética… Christy tenía otras inquietudes y no estaba obsesionada con la moda como Naomi y Linda. Le gustaba, pero no lo era todo para ella. No se sentía realizada siendo solo una supermodelo”, recuerda Gross.

Hoy, en el ecuador de la cuarentena, la aludida asegura que guarda “un recuerdo más agradable” de la industria con anterioridad a su hegemonía: “Rezo cada semana para no convertirme en un fenómeno de la cultura pop”.

Casada con el actor y cineasta Edward Burns desde 2003, son padres de dos hijos, Grace, que cumple 11 años, y Finn, de 8. En un viaje por su país de origen materno, El Salvador, supo que la hemorragia que le provocó su primer parto es una de las principales causas de mortalidad entre las madres de los países subdesarrollados. Impactada por el descubrimiento, Turly (como la llaman sus allegados) estudió un máster en Salud Pública en la Universidad de Columbia y creó la ONG Every Mother Counts (Cada Madre Cuenta).

La modelo, en el rodaje de la campaña. ampliar foto
La modelo, en el rodaje de la campaña.

La organización celebró el pasado mes de mayo en Nueva York su almuerzo anual, que en esta ocasión estuvo patrocinado por Calvin Klein como parte del Proyecto Eternity, una iniciativa destinada a apoyar diferentes actividades filantrópicas. La modelo Carolyn Murphy fue una de las invitadas y cuenta que cuando le presentaron a Turlington se quedó impresionada: “Nunca he visto a nadie tan guapa y que tenga una personalidad que acompañe tanto su belleza. Es una persona muy espiritual y considera que está prestando un servicio al mundo”.

Antes de activar su ONG, Christy Tur­ling­ton ya se había prestado como corresponsal invitada en Afganistán de la cadena televisiva estadounidense NBC para informar de la educación femenina en este país. También inició una campaña antitabaco al morir su padre debido a un cáncer de pulmón.

La directora de Every Mother Counts, Erin Thornton, asegura que “está increíblemente comprometida y es muy inteligente”. Cavan Mahony, amiga de Christy y una de sus socias en Sundari, la firma de cosmética ayurvédica que lanzó después de graduarse, añade: “Siempre ha estado buscando la manera de mejorar la vida de los demás”.

Ella reflexiona y afirma: “No he vuelto a verme como modelo desde que regresé a los estudios. En este tiempo he añadido mucho a mi currículo y espero seguir evolucionando tanto como pueda”. Madre, activista, fundadora de Every Mother Counts y supermodelo. Por ese orden.