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A DSK ya se le perdona en París

Tras años haciéndole el vacío, dirigentes socialistas ya comparten velada con Dominique Strauss-Kahn mientras se ha fijado la fecha para el juicio contra él por presunto proxenetismo

DSK y Myriam L’Aouffir en el Festival de Deauville el pasado mes de septiembre.
DSK y Myriam L’Aouffir en el Festival de Deauville el pasado mes de septiembre. Wireimage

Dominique Strauss-Kahn, el que fuera director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y tuvo opciones de ser candidato a la presidencia de la República Francesa, volverá, mal que le pese, a ser el centro de atención mediática en un futuro próximo. El tribunal penal de Lille, al norte del país, ha fijado para el 2 de febrero el juicio sobre uno de sus sonados escándalos sexuales. El expolítico, convertido en un exitoso financiero, afronta, sin embargo, esta decisiva recta final aparentemente arropado por sus antiguos amigos socialistas que desde mayo de 2011, tras la acusación de agresión sexual de una limpiadora del hotel Sofitel de Nueva York, le hacían el vacío.

El dos veces ministro francés acudió el sábado 11 de octubre a una fiesta en la que coincidió, según ha contado Le Monde, con destacados correligionarios del partido, como Jean-Marie Le Guen, secretario de Estado de Relaciones con el Parlamento; Jean-Christophe Cambadélis, primer secretario del Partido Socialista, y Manuel Valls, primer ministro. Ninguno ha desmentido la información y en la oficina de Valls responden a este periódico que ni confirman ni desmienten una actividad privada.

El exdirector del FMI ahora preside un Banco de Inversiones y abre en enero un fondo financiero

de 1.500 millones.

Rodeado de un círculo protector e impenetrable, la presunta rehabilitación política de Strauss-Kahn solo puede ser fruto de las conjeturas. La anfitriona de la fiesta del día 11, la experta en comunicación Anne Hommel, ahora al frente de la empresa Majorelle PR & Events, se ocupa de la imagen del expolítico y apela también a la vida privada para negarse a dar dato alguno a este periódico. Pero la prensa francesa compara: hace dos años, varios cargos socialistas dieron la espantada ante la presencia de Strauss-Kahn en una fiesta similar. Ahora acudieron a sabiendas de su asistencia y de la que fue su tercera esposa, Anne Sinclair, directora del Huffington Post francés.

Strauss-Kahn concedió la que quizá fue su última entrevista a la prensa hace dos años. Le dijo a Le Point que estaba harto de los periodistas. “Ya no soy político y tampoco un personaje del famoseo”. No habla, pero se deja ver muy de vez en cuando incluso con su nueva pareja. Pisó la alfombra roja del Festival de Cannes junto a la experta en comunicación Myriam L’Aouffir, de 45 años, y con ella ha vuelto a posar ante los focos en el Festival de Deauville (en la costa oeste de Francia). En aquella entrevista de Le Point se defendió: “Nunca he sido condenado, ni en este país ni en ningún otro”. El tribunal de Lille tiene la última palabra. Solo el proceso abierto será capaz de rehabilitarle o impedir que DSK vuelva a hacer tan rotunda afirmación.

Imputado en el llamado caso Carlton de Lille, los jueces que le han investigado le acusan, junto a otras 12 personas, de “proxenetismo agravado”. El origen está en las presuntas orgías con prostitutas que, supuestamente, organizaba el propio Strauss-Kahn o personas de su confianza entre 2009 y 2011. El “material” (así hablaban entre los miembros de esta trama de las prostitutas) era servido en un apartamento de París, en un hotel o en el mismo Washington, donde se ubica la sede del FMI. El expolítico, que jamás ocultó su superlativa promiscuidad, asegura que desconocía que el servicio fuera de pago.

Mientras tanto, sigue triunfando en el mundo financiero. Dominique Strauss-Kahn empezó a utilizar sus iniciales al estilo JFK (John F. Kennedy) cuando creó su fondo de inversión DSK Consultants en 1993. Pocas personas pueden presumir de ser mundialmente conocido solo por sus iniciales. Economista de prestigio, gobiernos y fondos soberanos se disputan hoy su asesoramiento. Serbia, Rusia y Marruecos son algunos de los países que le han reclamado, aparte de Sudán del Sur, país al que ayudó a fundar su banco central, del que ahora es consejero.

Desde hace un año preside el banco de inversiones LSK Partners, con sede en Luxemburgo y oficinas en Bruselas, Ginebra, Mónaco, Tel Aviv, Bucarest y Casablanca. En él está asociado con el financiero franco-israelí Thierry Leyne, que aporta la primera inicial del nombre del banco. Según publicaron ayer medios israleíes y franceses como Le Figaro y Le Parisien, Leyne murió el jueves en Tel-Aviv.

En LSK tampoco aportan datos a este periódico, pero su web es explícita sobre su actividad. Una gran foto de presentación de DSK junto a su currículo preside la información acerca de la compañía.

La página de inicio destaca el DSK Global Investment Fund Limited, un fondo de inversión registrado hace un mes que atrae a los potenciales interesados con el mensaje de que podrán beneficiarse de las decisiones tomadas en base al “análisis económico, financiero y político” de Strauss-Kahn, así como de sus conocimientos acerca de las tendencias en países emergentes. El fondo empezará a actuar en enero de 2015, cuando alcance la meta establecida de reunir 1.500 millones.

A sus conocimientos económicos añade sus contactos internacionales. Entre sus próximos hay ahora dos muy bien colocados en la UE: Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, y Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión. Este último fue uno de los que le animó al puesto del FMI, logrado, por cierto, gracias al apoyo del entonces presidente francés Nicolas Sarkozy.

En abril, DSK cumplió los 65 años. Eximido penalmente de la presunta agresión sexual del Sofitel, cerró el caso pagando una indemnización millonaria. Fue objeto de acusaciones de acoso sexual. La más grave y peligrosa de ellas provino de una economista del FMI, Piroska Nagy, que declaró públicamente la incapacidad de su jefe para trabajar con mujeres a sus órdenes. Frente a todo ello ha contado durante este tiempo con la amistad y el apoyo de sus dos últimas esposas, Brigitte Guillemette (desaparecida hace un año) y Anne Sinclair. Con él trabajan muchas mujeres que le arropan, lo que deja entrever una personalidad contradictoria y cautivadora; una personalidad presa de una obsesión sexual que acabó con su carrera política, pero que no le ha impedido moverse bien en el mundo del dinero.